Acabo de almorzar en la sucursal Palermo Queens de “Carlitos”, el de Villa Gesell. Es conocida la costumbre de esta cadena de bautizar a sus comidas con el nombre de ídolos populares.
Pero me estremecí al ver que el plato 206, un panqueque bañado en chocolate con dulce de leche y almendras, se llama “José Luis Cabezas”. ¿Por qué un panqueque y por qué ese panqueque? ¿Alguien le pide a la moza “¿me traés un José Luis Cabezas?”?
¿Hay que aplaudirlos o abuchearlos por el homenaje?
Nunca estaremos seguros de que al criminal lo estamos condenando por su delito: un cuchillo sangrante con sus huellas no será prueba suficiente para persuadirnos de que él fue el asesino.
Pero ¿cómo no fascinarse ante la evidencia de dos textos casi iguales, ignoto o enterrado el original, consagrada la copia?
El plagiario está acorralado. Él ya no tiene coartada, ese es un recurso para infractores más sofisticados. La crítica, el público lo miran con el placer morboso del árbol a medio caer, pero deseando a la vez que todo sea un malentendido.
Y el plagiario habla. Y ahí, más que la absolución o la condena, se ve al verdadero autor. Su explicación hablará más de él que, tal vez, las páginas que eligió replicar.
Puestos a justificar lo que no tiene justificación, hay tres categorías de plagiarios:
1) Los burócratas: los precupa no perder a sus lectores y su casa de veraneo. No fue un plagio, fue un “error involuntario”. De otro. Vuelven a plagiar, en este caso, la “explicación estándar frente a un plagio”.
Un error absolutamente involuntario permitió que los textos de la profesora Mónica Cavallé fueran incluidos en Shimriti sin la correspondiente y merecida mención a su fuente. (Jorge Bucay)
Se trata simplemente de la omisión de tres citas que una vez advertidas fueron entregadas oportunamente a la editorial para su inmediata corrección, lo que lamentablemente no ocurrió por motivos ajenos a mi persona. (Felipe Pigna)
Mi esposa Blyte, historiadora del arte, se encarga de hacer muchas de las investigaciones para mis aventuras. (Dan Brown)
2) Los caballeros: reconocen total o parcialmente el plagio y aclaran el motivo de la inclusión. Encomiable, pero sin vuelo. Apenas salvaron su honor.
Usé hechos reales que describe Lucilla Andrews. Hasta donde sé, mi manera de expresarlos es diferente de la de ella. Sólo usé su relato de ciertas cosas, por cierto sobre el entrenamiento de las enfermeras. (Ian McEwan)
3) Los artistas: la explicación del plagio es, en sí, una manifestación artística. Si es verdad o no lo que argumentan es lo de menos.
Desde la primera entrevista con LA NACION hablé de la reescritura como un principio constructivo de la novela, que por algo se llama Bolivia Construcciones. Hubo ya trabajos académicos que identificaron y elogiaron ese procedimiento, que lo hizo gente de manera mucho mejor, como Juan Rodolfo Wilcock en sus primeras crónicas y en sus últimas novelas italianas. Con sólo introducir una única modificación un mismo texto cuenta otra historia. Nunca quise perjudicar a Carmen Laforet. Por el contrario, quise que Nada, la novela de ella, tuviera más lectores y no menos. Nada es una novela clásica que se enseña a los chicos en el secundario. Quise que Nada se reconociera en Bolivia Construcciones. Es decir, se quiso mostrar a Nada , no se la quiso ocultar, lo cual hubiera sido muy fácil. Se quiso señalar a esta otra novela, no ocultarla, se la quiso homenajear, no cancelarla. Esto de la reescritura de Nada se hace en música con el sampleo, o en artes plásticas, como lo que hizo Warhol con La última cena. (Sergio Di Nucci)
No es poco común ver noticias mal traducidas del inglés donde reemplazan la palabra billion por la española billón. Pero billion en inglés equivale al número 1.000.000.000 (mil millones) y no al número 1.000.000.000.000 (un billón en español y trillion en inglés de EE.UU.).
Para complicar más la cosa, el inglés británico llama millard al norteamericano billion y billion, al estadounidense trillion, con lo que hay que chequear el origen de la fuente antes de traducir.
Salvo el inglés americano y el portugués, el resto de los idiomas designa al uno seguido de nueve ceros de forma parecida: milliard el francés, miliardo el italiano, milliarde el alemán, miliard el polaco, milliárd el húngaro. En portugués se dice bilhão, parecido al billion yanqui. La explicación es que algunos países como Portugal, Estados Unidos, Rusia y Ucrania, entre otros, no suscribieron el acuerdo de unificación de nomenclaturas, realizado en París en 1948.
¿Existe una palabra en español, como en el resto de los idiomas, para designar cantidades mil millonarias? Sí, desde hace poco: Millardo. Esta palabra apareció por primera vez en la edición del Diccionario de la Real Academia Española de 2001.
Casi nadie la usa. Y los medios, que podrían usarla para tener un equivalente para evitar repeticiones, y que tienen el poder de difundirla masivamente, la consideran una “mala palabra”.
El Libro de Estilo del diario “El Mundo” dice:
millardo: No se empleará esta palabra, que significa 1.000 millones, aunque la ha admitido la Academia. Se seguirá hablando de miles de millones, hasta que se demuestre que el neologismo de inspiración francoitaliana cuaja de forma generalizada.
Y El Libro de Estilo del diario “El País” dice:
millardo: Mil millones. La Academia aprobó esta palabra en diciembre de 1995, a propuesta del presidente de Venezuela, Rafael Caldera, quien después la utilizó en sus discursos y originó así infinidad de chistes populares y dibujos humorísticos en la prensa de su país. Se trata de un término sin tradición en español, que sí existe en francés (milliard), en italiano (miliardo) y en inglés (billion). En El País se prefiere el uso de “mil millones” por “millardo”; y de “miles de millones” por “millardos”.
Millardo no suena lindo y casi nadie la usa. Pero es práctica. Tal vez al principio habría que usarla en segunda instancia o entre paréntesis después de la cifra. Pero ¿por qué este ninguneo hacia la palabra? ¿Cómo esperan los diarios que se popularice si ellos no contribuyen a hacerlo?
YouTube llegó a los medios masivos y con eso comenzó su decadencia. Pablo Granados dice en América que sus hijos no le dan bola porque se la pasan mirando YouTube. Alfredo Casero afirma en Clarín que no le interesa la tele, que prefiere YouTube. Y Beto Casella y Fabián Gianola hablan en tv de YouTube con la misma familiaridad con la que charlan de Gran Hermano.
Pero a la par no hay semana que YouTube no pierda un cachito más de su alma. Ya lo comentamos alguna vez. Pero cada vez se ajustan más las tuercas al material con copyright, se afianza la publicidad y sus usuarios se quejan más. Si a eso le sumamos las históricas prohibiciones de videos con imágenes de sexo y violencia, el menú de opciones futuro del sitio parece acotarse.
Sus clones, ávidos de ganar una cuota en el mercado, reciben a los rechazados con los brazos abiertos. De la lista de competidores, LiveLeak es el que está haciendo más ruido.
Concebido como un sitio de videos con un perfil más periodístico, se hizo conocido por haber aceptado difundir el video de la ejecución de Saddam, rechazado antes por YouTube, Google Video y Revver. Pero también se ocupó de LiveLeak Tony Blair en uno de sus discursos, acusándolo de ser una herramienta de propaganda de los insurgentes en Irak y Afganistán. Y el vocero de la Casa Blanca, Tony Snow, sugirió que los soldados deberían subir sus videos a LiveLeak para dar a conocer esa visión de la guerra.
Mientras que la Home Page de YouTube hace hincapié en el video-viral-divertido, la página principal de LiveLeak muestra videos de guerra, accidentes y discursos políticos. Las categorías de YouTube son “Artes & Animación”, “Autos & Vehículos”, “Comedia”, “Entretenimiento”, “Música”, “Noticias & Blogs”, “Gente”, “Mascotas & Animales”, “Ciencia y Tecnología”, “Deportes”, “Viajes y Lugares” y “Videojuegos”. LiveLeak, en cambio, destaca “Noticias”, “Irak”, “Afganistán”, “Irán”, “Política”, “Entretenimiento”, “SuperBowl” y “Educación”. Dos concepciones bien diferentes.
Hay que decir que muchas imágenes que se muestran en LiveLeak no son aptas para personas impresionables y que abunda el contenido amarillo y el rojo (sangre). Sobre Argentina hay, por ahora, un solo video. Seguramente cuando en YouTube borren este, alguien se encargará de mudarlo a LiveLeak.
“Gran Hermano” está luchando cabeza a cabeza con “Son de Fierro” y gana con las ediciones especiales (galas y debates) cuando termina el programa de Laport y Martínez. Pero “Hechizada” pierde siempre por goleada con el 13.
¿Qué va a pasar con Telefé cuando concluya el reality? Si todo es como se viene anunciando, Canal 13 va a ganar el prime time: Tinelli adelantó su salida al aire para marzo y el canal de las pelotas anuncia ficción. Si la lucha es “Son de Fierro”/Tinelli vs. Miguel Ángel Rodríguez, Suar va a tener un muy buen año.
Pero, ¿y si desempolvaran el proyecto de Gran Hermano con famosos para el que convocaron originalmente a Rial? Es todo ganancia. Es un programa barato; el equipo de producción ya está armado; le ganaría a Tinelli en puterío; redobla la apuesta del actual al incluir famosos; habida cuenta del éxito de este GH, a los famosos les interesaría participar (y si no, siempre está Leevon Kennedy disponible); y con ninguna ficción Telefé lograría el rebote que está teniendo en otros canales, radios, revistas y la web, equiparable al que Tinelli tenía (y tendrá) con “Bailando/Cantando/Patinando por un sueño”.
Es verdad que el antecedente de “Reality Reality” fue bochornoso, pero ahí falló el casting (eran todos actores “serios”). Juan José Camero, el único acierto, todavía permanece en la memoria popular.