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Archivo de enero de 2011


Sobre la revista Orsai (segunda parte)

Miren las tapas de estos libros:

Si tuviera que buscar adjetivos que agrupen a esas tapas serían vitales, divertidas, explícitas, emocionales.

Ahora miren la tapa de esta revista:

Si tuviera que buscar adjetivos para esta tapa serían: apagada, solemne, enigmática, cerebral.

Los libros y la revista tienen un mismo nombre detrás: Hernán Casciari. La revista, como ya contamos, es uno de los fenómenos editoriales más llamativos de los últimos tiempos. Con la versión digital ya disponible es hora de preguntarse ¿está la revista a la altura de todo lo que la rodea?

Luego de mirar la tapa y prejuzgar, lo siguiente que hago cuando recibo mi ejemplar es olerla, hojearla en abanico y buscar el señalador. Después, la imagen. El diseño parece anticuado, formal. La impresión, impecable. Las imágenes deslumbran. Orsai está estructurada como una unidad, con una entrada escrita por Casciari y una sobremesa escrita por el Chiri Basilis a modo de prólogo y epilogo de cada nota, que las va enlazando entre sí. Esta sea tal vez la única innovación que tiene la revista. Como Carlos Morelli y Rómulo Berruti en Función Privada, Jorge y el Chiri ponen en contexto a los autores o justifican un tema.

La ausencia de publicidad, el río de texto y la obstinación en no ocuparse de la agenda de la prensa convierten a Orsai en un oasis para refugiarse. Sumado al lomo cuadrado y la cantidad de páginas, está más cerca del libro que de una revista.

Quien haya comprado Orsai para leer a Casciari, poco encontrará más allá de esos breves textos y un par de historietas. Se deduce que publicará en próximos números un relato de 18 páginas sobre el histórico gol de Maradona a los ingleses. Pero en esta ocasión al menos, Casciari prefirió hablar por sus elecciones, un fiel reflejo de sus obsesiones.

El contenido se divide en crónicas periodísticas, notas de opinión/ensayos, historietas y relatos, todos géneros abordados alguna vez por Casciari. No hay poesía, ajena al mundo Casciari. Los temas predominantes son los libros, el fútbol, el sexo, Mercedes, España, los hijos y las series. No hay lugar para la música o la actualidad, temas de los que Casciari no suele ocuparse. Casi todos los autores son hombres, de Argentina y España y rondan los 40 años, mismo sexo, nacionalidades y edad de Casciari. ¿Disfrutará de Orsai una adolescente colombiana?

O sea, pese a que Casciari escribe poco, Orsai es una verdadera revista de autor. En el texto de cierre, con los legales, dice: “Mi abogada me aconseja dejar constancia de que la opinión de los autores no refleja necesariamente la mía, porque soy el editor responsable, etcétera. Pero en este caso no es así: será por una cuestión generacional, pero yo pienso lo mismo que los autores de este número, por lo tanto suscribo cada palabra”.

Lo generacional atraviesa toda la revista explícitamente, pero también inconscientemente. Se habla de Mad Men a lectores que jamás lo vieron, desde cero, pero casi no se explica quién es Altuna, como si todos supieran qué es el Loco Chávez. Tal vez un lector joven podría hacerse un juicio más cabal de quién es este genial dibujante con una historieta olvidada como Charlie Moon que con algunos bocetos de mujeres en bolas. Pero uno de los mandamientos de Orsai es que todo el material debe ser inédito.

En el “Antidecálogo para guionistas” Sergio Barrejón bromea: “Si yo fuera un exitoso guionista de cine, no escribiría esto [en Orsai], sino en El País”. En realidad, la idea de Casciari es justamente lo opuesto: hacer un medio donde los talentosos no sufran las limitaciones de los medios tradicionales. Pero una revista así no debería tener notas que ya aparecen en los medios tradicionales y que olvidamos apenas terminamos de leer. Y en el número 1 de Orsai hay, al menos, un par así. Las notas que más me gustaron son las que jamás podrían salir en  la revista dominical de El País: la narración de Rafa Fernández y el texto sobre Henry Darger, precisamente el único que no conformó al Chiri. De esas dos notas me voy a acordar dentro de un tiempo.

Pero tampoco es una revista literaria como las que estamos acostumbrados. Por suerte. Salvo algunas partes del email de Mairal, es saludable que no se trasladen a Orsai los debates masturbatorios y excluyentes de las carreras de Letras y que opten por cagarse en el canon de los previsibles. El único vicio que aparece en alguna crónica es cierto estilo canchero de escritura, que no a cualquiera le sale bien.

En buena parte del diálogo que abre este número, el editor responsable y el jefe de redacción tiran ideas alocadas, una tras otra, para implementar en la revista: sacarle la numeración, poner un espejo en la página central, titulos triunfalistas en tapa, pero terminan descartándolas a todas. “Capricho de un gordo drogado”, le dice el Chiri al Jorge. En la misma página elogian el diseño (“minimalista”, lo definen) y la tapa (“invernal”). De a ratos da ganas de que la revista tenga más caprichos de gordo drogado y menos cosas minimalistas e invernales.

Es que son esos caprichos los que hicieron de Casciari un autor diferente. Cuando se presentó uno de sus libros en Buenos Aires, el Chiri recordó esta anécdota:

Una vez en quinto grado, en la hora de Lengua, la señorita Nélida nos pidió que completáramos una historia a partir de esta consigna: “los exploradores apartaron las ramas, y detrás apareció la ciudad perdida”.

Toda la clase continuó con la historia de los exploradores. Hernán se quedó en las ramas, y contó la historia de dos hormiguitas que cayeron al vacío, a causa del manotazo de un explorador. En ningún momento habló de la ciudad perdida. Las únicas protagonistas del cuento fueron esas dos hormigas.

El número 2 de la revista Orsai debería tener a esas dos hormigas en la tapa.


19 acotaron 19 de enero de 2011 por Diego Rottman


Sobre la revista Orsai (primera parte)

Hace unos días Clarín reprodujo un artículo titulado Los medios impresos siguen innovando. La nota era triste: las innovaciones consisten en que The New York Times va a arancelar su sitio (¿qué tiene de novedoso?) y las nuevas versiones para tablets de los diarios, que poco tiene de auspicioso cuando los primeros experimentos ya dan señales de fracaso.

Lo que no publicó Clarín y omitió la mayoría de los medios, es un fenómeno verdaderamente revolucionario, pero subterráneo en los medios impresos: la revista Orsai, un emprendimiento de Hernán Casciari y su amigo Chiri Basilis.

Para no aburrir, voy a enumerar algunas verdaderas innovaciones por las que la revista Orsai merecería una mirada más atenta desde los medios tradicionales:

1) Casciari decidió publicar una revista que a él “le gustaría leer” y encaró él mismo el emprendimiento dispuesto a perder 100.000 euros, parte del dinero que ganó con los derechos de su obra “Más respeto que soy tu madre”, adaptación de Antonio Gasalla de su novela/blog. Es decir, el proyecto surgía sin el lucro como principal motivación.

2) 10.080 lectores compraron una publicación por adelantado, a ciegas, sin saber cuál iba a ser su contenido.

3) No son lectores de una ciudad, ni siquiera de un país. Son lectores de todo el mundo: desde Argentina y España hasta Hungría y Bélgica.

4) Esos lectores compraron la revista a sabiendas de que se iba a publicar gratis en la web. A pesar de eso, decidieron pagar el equivalente en cada país a quince diarios del sábado.

5) Casciari decidió imprimir solo ejemplares vendidos. A cada lector le corresponde un ejemplar (pero cada ejemplar seguramente vaya a tener más de un lector).

6) Estimuló la reventa y, de hecho, ya se venden ejemplares en Mercado Libre muy por encima del precio de venta sugerido.

7) No tiene avisos publicitarios, todo se financia con la venta de ejemplares. Y ya da ganancias.

8) Todas las acciones para promocionar la publicación se hicieron a través de un blog (en realidad dos) y el boca a boca de las redes sociales. No se gastó un peso en publicidad tradicional.

9) El sistema de distribución apela a eliminar los intermediarios. Originalmente pensado que los libreros fueran la boca de expendio, tuvo que modificarse ante el poco interés de las librerías, más acostumbradas a otro tipo de dinámica (más bien estática) y fueron los mismos lectores los que hicieron la distribución, comprando packs de 10 revistas, y repartiéndolas en sus propias casas, en plazas y en bares. Ir a buscar la revista era encontrarse con otros lectores y conversar sobre la experiencia. Algo vivo, cercano y humano, pese a que la movida hubiera sido imposible sin la virtualidad y frialdad de internet como canal.

10) La revista no se presentó en Buenos Aires o Barcelona, sino en Mercedes, ciudad de Casciari y Basilis, y no fue en una librería, sino en una cancha de fútbol con un picnic, el Día de los Inocentes. Para el número 2 planean un picnic global.

11) Además de las áreas convencionales de cualquier revista, esta tiene una pizzería. Casciari llevó a Comequechu, su pizzero favorito, al pueblo donde vive en Barcelona e importó un horno para las pizzas desde Mar del Plata para recrear los olores y sabores de los tiempos en que hacían con el Chiri revistas amateurs en Mercedes. La pizzería vende al público, se llama Estilo Argentino y el slogan es “la muzza inspiradora”. De hecho, la página de Facebook de Orsai define a la publicación como “revista personal de Hernán Casciari y el Chiri Basilis, con pizzería del Comequechu abajo”.

12) Con cada ejemplar viene un señalador numerado que participa del sorteo de una pizza grande de muzzarella de Estilo Argentino. La letra chica, por primera vez es a favor: la pizza incluye “los gastos de avión (ida y vuelta) y hotel en Sant Celoni durante cuatro noches, para él y un acompañante, vivan donde vivan”. Para participar, hay que registrarse en http://orsai.es/concurso con lo que, además tendrán probablemente los datos de buena parte de los 10.080 lectores.

13) Y los más importante de todo, ¡funcionó! Tantas trangresiones y locuras podrían haber hecho naufragar el proyecto, pero salvo algunos problemas de distribución menores, todo el combo parece haber salido impecable.

Podría seguir enumerando, y seguro se me escapan muchas cosas. Sin entrar a hablar del contenido (eso lo dejo para otro post), Casciari y su socio lograron una revista popular y masiva de cultura, un objeto preciado, exhibible y hasta prestigioso, que busca reflejar la cultura de todos los países de habla hispana. Desde Hum(r) en los ’80 que no se veía una movilización tan fuerte por una revista. Le dieron la mística del rock a una revista de cultura y convirtieron a sus lectores en militantes, palabra tan de moda. Desde Time hasta Hecho en Buenos Aires, la distribución salteando a los intermediarios no es novedosa, lo novedoso es que fueron los lectores los que se ocuparon de la tarea. Sería una pena que la dupla que saca la revista se echara atrás y volviera a los canales tradicionales de distribución, con el argumento de abaratar unos pesos el precio de tapa.

Disiento con Marcelo Gantman, que dice que Orsai redefinió la manera de editar revistas. Esto no es un modelo, no se puede replicar: no se podría haber hecho sin Hernán Casciari detrás. Y sus fans. ¿O acaso se imaginan a los lectores de la revista de Susana Giménez vendiendo ejemplares en Plaza Almagro?


14 acotaron 10 de enero de 2011 por Diego Rottman


Se ha formado una pareja (II)

Relacionado: Se ha formado una pareja

Alguien acotó 7 de enero de 2011 por Diego Rottman


¡Feliz 2010! (Parte 2)

De los diarios online del post anterior todavía Tiempo Argentino y Clarín mantienen sus pies de página anclados en el año 2010. Pero podrá argumentarse que es una sutileza, que en todo caso deberíamos alegrarnos porque el contenido publicado por esos medios este año está libre de copyright.

Sin embargo Clarín hoy redobla la apuesta e intenta convencernos de que nosotros somos los equivocados, que todavía estamos en el año pasado. Y no en un rincón escondido, sino en lo más alto de su edición impresa:

Click en la imagen para ampliar

De esta manera, Clarín se convierte no solo en uno de los pocos diarios en escribir un mismo obituario con tres meses de diferencia, sino ahora también en ser tal vez el único en tener una segunda edición publicada con 365 días de diferencia.


4 acotaron 5 de enero de 2011 por Diego Rottman


¡Feliz 2010!

Que los especialistas en contarnos lo que está pasando no sepan en qué año estamos es un mal síntoma. Al momento de escribir este post, mediodía del 3 de enero de 2011, casi todas las ediciones digitales de los diarios online de Argentina consideran que estamos en el año pasado. Basta con ir al final de cada home page para comprobarlo:

Clarín

La Nación

Tiempo Argentino

Perfil


Aplausos para el webmaster de Página/12, que seguramente implementó un sencillo script de una línea para que cambie el año del copyright automáticamente tomando la fecha del servidor:


Nadie acotó 3 de enero de 2011 por Diego Rottman


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