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Errores y disparates de la industria del disco (I) – Tentaciones EL PAÍS

19 de octubre de 2011 por Diego Rottman

Smile_front

En la industria del disco trabajaba, ha trabajado y trabaja gente maja y gente brillante. En algún momento y por algún motivo incomprensible se estableció el abuso de poder y la desconexión respecto al gusto del consumidor como método de trabajo. Malas costumbres que poco ha poco han llevado al sector a la bancarrota. La reedición del desaparecido y misterioso Smile de los Beach Boys nos ha dado la idea de repasar otros disparates cometidos en su espiral descendente hacia el abismo.

2001. La industria musical deja que una empresa informática robe el liderazgo del mercado musical.

Apple presenta al mercado el primer iPod: Un reproductor de música que va a cambiar la manera de escuchar y consumir música. En 10 años se han vendido 300 millones de iPods y en 2003 se abre iTunes Store que se ha convertido en el mayor almacén de música grabada de la historia. 14 millones de canciones almacenadas y 16 billones de downloads. Trampas, engaños y señuelos para atraer al comprador han dejado de tener cabida y cuando se compra en iTunes, se compra sólo música. Ni portadas, ni conceptos, ni caramelos, ni chicles, ni bombones.


 

2000. Metallica y Dr. Dre se lanzan contra Napster y toda la industria se pone de su parte.

La canción que Metallica prepara para Mission Imposible II circula por Internet. El cuarteto descubre que toda su discografía es objeto de intercambios gratuitos online a través de Napster donde 25 millones de usuarios comparten 80 millones de canciones. Dr. Dre, la industria discográfica en pleno y las entidades de gestión de derechos de autor se les unen en la batalla. El juicio se convierte en espectáculo mediático. Napster se ve obligado a reconvertirse pero el p2p ya es el pasatiempo favorito de todo el mundo: la gente quiere elegir la música que escucha sin filtros ni controles. Metallica se desacreditan y el mercado discográfico se desploma.

2000. Columbia rescinde el contrato de 50 Cent. Dos años después vende 20 millones en otro sello.

El primer álbum de 50 Cent se va a llamar Power of the Dollar y su lanzamiento tendrá lugar el  23 de enero del 2000. En septiembre se editó el single How to Rob que ha sentado muy mal tanto en la comunidad del rap como dentro de la industria y Columbia retrasa el álbum. En mayo del 2000, el gigantesco rapper recibe nueve balas en su cuerpo, pasa 13 días en el hospital y es defenestrado definitivamente por la compañía. Su nombre se graba en letras de molde en la lista negra de la industria. Sin desanimarse, Cent vuelve a grabar y repartir mixtapes. Eminen las oye y le ficha para su sello Shady Records. Resultado: en 2002 se venden 20 millones de copias de Get Rich or Die Tryin’.

1994. Se suicida Kurt Cobain, atormentado e inestable líder de Nirvana.



 

2011. Fallece Amy Winehouse, cantante y trendsetter, por causa no establecida.

La industria del disco es cruel con sus ahijados. La explotación del “artista” es salvaje. Grabación, producción y promoción corren de su cuenta. Si fracasa, carga con una deuda millonaria  y es desechado como kleenex sucio. Si triunfa, será exprimido hasta que deje de dar jugo. La industria prefiere manejar personalidades débiles e inseguras. Estas personas no soportan la presión continua de producir éxitos sin respiro. Amargura y depresión flotaban como puré de guisantes en el concierto madrileño de Nirvana de febrero del 94. Por no hablar de Amy en Rock in Río 2008. Ambos seguirían seguramente vivos si hubieran trabajado en una floristería…

1986. Media humanidad se pone bailar al ritmo de las máquinas. La industria se pone tapones de cera para que no les molesten.

La de-construcción de la música disco llega al nivel de alarma roja en 1986. Discotecas perdidas en la huerta valenciana masacran oídos y cerebros con electrónica minimalista y sicofonías digitales a volumen brutal. Huir de la realidad bailando se convierte en un modo de vida que ha marcado a varias generaciones. Desde fuera llegan noticias del house de Detroit y los raves londinenses… 25 años más tarde nada ha cambiado: la gente sigue divirtiéndose y haciendo el burro al ritmo repetitivo de las máquinas. Violando todas las leyes del mundo de los negocios, las discográficas no han querido nunca invertir en electrónica discotequera…

1986. Por algún extraño e ilógico atavismo, las majors y las tiendas deciden arrinconar el single.

El músico popular se expresa con canciones. Las obras conceptuales del rock contracultural son en esencia colecciones de canciones. La manera ideal de consumir música popular es el single -material o virtual-, pero hacia 1980 circula por los mentideros musicales la idea de que los singles no se venden. En verano de 1983 en El Corte Inglés sólo hay sitio para unos pocos escondidos al fondo. En 1986/7 sólo se editan en este formato lanzamientos muy especiales. A partir de 1990, los singles son meros eslabones promocionales inaccesibles al público. Las protestas del comprador empiezan a oírse: “Te compras un CD y sólo hay una canción buena”.

1983. Aparece en las tiendas el CD. Nadie cae en la cuenta de que se está poniendo a la venta un máster digital del disco.

Todo el mundo está muy contento. El CD reproduce la música con fidelidad y perfección.  El CD se estrena en el mercado con un disco odioso, 52nd Street de Billy Joel, pero dentro de las jewel cases patentadas, el comprador está adquiriendo un verdadero máster digital del disco, igualito al original porque el digital no pierde con cada generación como pasa con el analógico. Sin que nadie percate, se ha dado el primer paso para que sea posible compartir y copiar la música con absoluta fidelidad y perfección… ¡Y sin pagar ni un céntimo!


 


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