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La era del entretenimiento – plazademayo.com

25 de julio de 2011 por Diego Rottman

Por Adriana Amado

En esta entrevista con plazademayo.com, Omar Rincón aporta algunas claves de lectura para entender el panorama mediático y cultural latinoamericano: “La cultura política latinoamericana está hecha más de religión, de telenovela y de fútbol que de ideologías y de partidos políticos”

 

 

Omar Rincón es un intelectual de los mejores de estos días. Pero es un intelectual a contrapelo. Contrariamente a los que hacen sus colegas prefiere definirse como un comentarista de actualidades más que un analista, un ensayista más que un investigador. Así reniega de títulos pomposos, de la apariencia reconcentrada y de la mirada amargada con que los intelectuales suelen analizar los medios de comunicación y la sociedad, y en esa reinvención trae un saludable aire fresco para pensar un campo que se ha puesto un poco denso en Latinoamérica. Inspirado en la telenovela explica la política; escuchando Calle 13 propone una explicación de la protesta social; intrigado por el éxito de El Chavo del 8 busca preguntas para describir nuestras sociedades. Eso sí, no lo busquen en las redes sociales, porque por ahora prefiere dedicar su tiempo y energía a observarnos más que a expresarse él mismo. Justo él que nos explica desde esta nueva “sociedad expresiva de masas” a la que pertenecemos. Conocí a Omar hace un par de años a raíz de una actividad académica que organizaba (es profesor en la prestigiosa Universidad de los Andes, en Bogotá) y luego comprobé su intenso compromiso con las problemáticas latinoamericanas desde su gestión en el Centro de Competencia en Comunicación de la Fundación Friedrich Ebert. Después, las periódicas convocatorias a cursos y asesorías en Argentina me permitieron constatar su generosidad para compartir ideas y su predisposición a ayudarnos a entender mejor esto que pasa con los medios, especialmente la televisión, y la sociedad. Como se ve en esta entrevista.

 

 

AA: Me quedé con una frase que mencionaste en una charla que tuvimos otra vez que me encantó: vos decís que, en un momento, se subvirtió el orden y a la escuela se le pidió ser entretenida y a la televisión, que se dedicara a educar ¿Cuándo pasó eso?

 

OR: Pues yo no sé cuándo exactamente paso. Pero lo que sí paso es que el entretenimiento se convirtió en el macro discurso contemporáneo. Ahora todos tenemos que ser divertidos: uno tiene que ser papá divertido, amante divertido, político divertido, o sea, como que el entretenimiento es el principio de buen gusto. Entonces, cuando comienza a pasar eso, vamos a buscar donde están las claves del entretenimiento para ver cómo es que uno es divertido. Cuando vamos a buscar las claves del entretenimiento encontramos que el gran aparato que pone en énfasis el entretenimiento es la televisión y aparte de la televisión, el mundo del espectáculo y el mundo, digamos, construido en Estados Unidos, es decir, sería como una versión norteamericana del mundo. A partir de eso comienzan a aparecer los feligreses de ambos bandos. Los que defienden el entretenimiento y los que lo atacan por imperialista o por mal gusto o por baja pasión. Hasta ahí, todo era normal, porque la televisión ya había fracasado como medio educativo, estaba medio fracasando como medio informativo, porque nos había demostrado que no servía para informar.

En ese momento también hay una crisis en la escuela. La escuela no estaba sirviendo básicamente porque la escuela no estaba formando a la gente en los saberes básicos para ser competente en la vida cotidiana. A los niños y a nosotros nos gusta ir a la escuela, al colegio o la universidad, pero lo que no nos gusta es entrar a clase. La hora del recreo es buenísima porque uno conoce amigos, tiene rituales de iniciación maravillosos, de drogas, de amistad, de política, de sexo, de una cantidad de cosas. Eso es lo que hace agradable a la escuela. Pero entonces, los teóricos dijeron que no, que lo que pasaba era que los maestros eran aburridos y entonces comenzaron a tratar de que se volvieran maestros divertidos. Tanto que ahora en Ecuador, escuché una idea que me pareció maravillosa, que una profesora dueña de una universidad dijo que ella escogía maestros integradores. Y entonces le dije: “¿Qué es un maestro integrador?” “Que prefiero que sea divertido a que sepa”. Entonces yo dije: “¡ya estamos mal!”. Estamos re mal porque se trata de lo contrario. Y creo que el problema fue exactamente eso. Porque los grandes maestros no son los que hacen reír sino los que hacen pensar y el pensar también es afectivo y emocional y el contar historias, que es lo que hacía la escuela tradicionalmente y que es lo que saben hacer los maestros buenos, también es entretenido. Creo que el problema es que nos casamos con un concepto de entretenimiento, y no hay una sola forma, sino que hay múltiples formas de entretenimiento, así como hay diferentes gustos. Yo creo que esa es la parte que hay que reivindicar.

 

AA: Pero ocurre, a veces, que en la investigación académica hay una visión culposa de la televisión, especialmente para con los productos más populares que no entran en el canon aceptado por la intelectualidad. Entonces pasa que no se entiende aquello que más se consume y se le impone a la televisión una función solemne que nunca tuvo ni hay posibilidades que vaya a tener.

 

OR: Hay dos cosas claras. Una es que los que hablan de televisión en la academia, nunca ven televisión, entonces no saben de qué están hablando. Creo que es un irrespeto, me parece hay que decirlo fuertemente, porque si nosotros vamos a estudiar a una comunidad indígena, nosotros no llegamos a la comunidad indígena y somos capaces de decirle: “Ustedes son unos machistas, asquerosos, borrachos”. ¡No!, nosotros llegamos muy cuidadosamente, los miramos, les preguntamos por qué se emborrachan tanto y después decimos que es una ceremonia cultural que ellos hacen para encontrarse con sus ancestros, tradiciones, y sacamos una conclusión interesante con lo cual pueden ser borrachos dignos. O sea, primero lo entendemos, para luego decir algo sobre eso, para criticarlos o aprender algo de ellos.

Frente a los medios de comunicación en general, pero sobre todo frente a la televisión, nadie se pregunta de qué está hecho ese aparato y cuál es su forma de pensar y su forma de actuar y su forma de producir conocimiento y de narrar. Si llega cualquier persona desde afuera y le dice “Ustedes tiene que comportarse así” es un irrespeto con ese otro. Hay, por ejemplo, un señor que se llama Pierre Bourdieu, que es muy inteligente, realmente un sociólogo brillante. El fue a la televisión y dijo la televisión se comporta de acuerdo a estas características. Todo lo que dijo es verdad: que es pensamiento rápido, es decir, como estamos hablando acá, tratando de pensar con velocidad. Pero después que él hace un diagnóstico del campo de la televisión periodística y dice: “eso no es pensamiento, eso no es saber, eso no sirve para nada, eso es una porquería”. Entonces uno dice: “no es pensamiento, no es saber”… pero para la academia. Pero para la vida social de la televisión, sí es pensamiento, sí es relato que hay que construir. El primer error es que no le aplicamos a los aparatos y a los medios de comunicación la misma lógica que aplicamos a cualquier otro de estudio.

Y el segundo punto de lo que preguntabas es que hay una cosa que yo creo que tiene que ver con la religión católica, o con alguna cosa psicoanalítica, y es que la palabra entretenimiento parece pecado. Pareciera que la izquierda, los intelectuales y los pensadores no se entretienen, que son seres que siempre están profundamente pensando la realidad y que algo rarísimo pasa cuando se entretienen. Cuando ellos bailan, ellos no están bailando: están pensando a través del cuerpo. Cuando ellos fuman drogas, no están ejercitando con la mente nuevas experiencias sino que ellos están investigando las experiencias sensoriales a través de las drogas. O sea, ¡todo el tiempo parece como si el entretenimiento fuera pecado! A mí, que hablo mucho de este tema, me dicen por ejemplo, “Pero cambiemos el nombre, digamos que es divertimento, digamos que es amenidad, digamos que son otros placeres”. No, ¡es entretenimiento! ¿Por qué es pecaminosa la palabra entretenimiento? Ahí pasa la tercera cosa que me parece que es gravísima. Un ejemplo concreto, aquí en Argentina se reivindica lo popular. Aquí todo es popular. El gobierno popular, la comunicación popular, la religión popular, la revolución popular, todo es popular. Pero cuando hablan de lo popular, hablan de lo no comercial de los medios, o sea, lo popular es lo anti Tinelli, lo popular es lo anti Telefé, lo popular es lo anti comercial. ¡Y resulta que lo popular, lo comercial está hecho de lo popular! Si Tinelli es exitoso es porque recupera matrices, gustos y formas de disfrute de lo popular. Pero queremos pasar del otro lado, y queremos educar lo popular, el pueblo, a través de lo ilustrado porque, lo reivindicamos como concepto y le desdeñamos como realidad. Es como una cosa bipolar: por un lado, nos gusta el pueblo, nos gusta lo popular, pero no nos gusta ni cómo piensa, ni cómo actúa, ni cómo siente, ni sus gustos.

 

AA: Es como si cierto grupo ilustrado dijera “No puede ser: le vamos a explicar cómo tienen que pensar”…

 

OR: …Y le vamos a explicar cómo es que tienen que tener buen gusto para que sea mediático. Pero eso solamente pasa con lo mediático, porque en lo político nadie hace problemas. El político va y se viste como el pueblo, y nos parece bien. El político ya no habla como los teóricos ni como los politólogos ni como los demócratas sino que habla como la telenovela, y nos parece bien. En todas partes nos parece bien retomar las estéticas narrativas y éticas populares menos en la comunicación. Esto es una cosa muy rara porque parece que la comunicación es como el gran espejo en el que cuando nos vamos a mirar no nos gusta lo que nos miramos ahí. Y ese es un problema.

 

AA: Quizás sea porque los medios, más que un espejo, son como una especie de mimo. Viste lo que pasa cuando te agarra un mimo en un parque y empieza a hacer monerías, a imitarte, ¡es muy molesto! Pareciera que el reflejo de la televisión es más una caricatura, que en el fondo se nos parece bastante.

 

OR: Sí, es una caricatura, y como toda caricatura tiene verdad y yo creo que es una caricatura tan bonita que nos saca nuestros peores rasgos o nuestros rasgos más sobresalientes. Y cuando nos vemos, lo que todos decimos es “yo no soy ese”. Pero esto es lo que pasa a los ilustrados. En cambio, los sectores populares, dicen: “Sí, no somos eso, pero es lo que queremos ser”. O sea, uno niega y el otro desea. Entonces entramos en una confrontación con el aparato que es complicadísima de resolver. Mientras no podamos hacer televisión pública, educativa, cultural, pero buena, donde la gente desee estar en esa pantalla y desee vincularse e identificarse con esa pantalla, no tendremos televisión para transformar a nadie, porque hacemos televisión que ni siquiera nosotros vemos.

La otra cosa clarísima es que los intelectuales que hacen televisión y medios de comunicación ni los leen, ni los ven, ni los oyen. Entonces ellos ya cumplieron con su función expresiva para que otra gente los oiga, con lo que estamos en una función evangelizadora o educativa que no se cumple.

Pero hay otra cosa que es interesante en el caso de Ecuador. Como ahora estamos en la lucha por el relato, en todos los países de América latina luchamos por re inventarnos la historia, lo cual es buenísimo porque estamos preguntando de dónde venimos y para dónde vamos. En Ecuador hay un héroe que se llama Alfaro que fue un político realmente brillante, avanzadísimo. En ese país dió el voto femenino a comienzos de siglo y realmente creó un espíritu socialista progresista muy bueno. Pero después vino otro héroe, que se llamaba García Moreno, católico, conservador, aristócrata, burgués que acabó con todo lo de Alfaro. Entonces, el presidente actual de Ecuador, Rafael Correa, reivindica que es seguidor de Alfaro, o sea de Alfaro sigue Rafael Correa. Pero salió una caricatura que es muy buena que cuando el presidente Correa se ve en el espejo, el que aparece es García Moreno. O sea, Correa cree que es Alfaro, pero cuando se ve en el espejo aparece García Moreno, que era católico, cristiano, apostólico, creía en unos valores a ultranza, como Correa. En el fondo, uno quisiera verse al espejo y verse como está pensando, pero en su actuación termina por ser otra cosa.

Cuando Bourdieu hace el libro “Sobre la televisión” dice a raíz de una participación en un programa: “Yo intelectual, controlo el discurso de la televisión, o sea, yo sí no voy a hablar en slogans, no voy a hablar con preconceptos, yo le impuse que la cámara no se moviera, le impuse no tener tiempos de modo que voy a hablar lo que yo quiera, yo impongo los temas…” O sea, dijo: “Yo controlé la televisión”. Cuando uno mira el libro, la experiencia es maravillosa porque, como él sabía que estaba en televisión, habló todo supercoherente, entendible para todo el mundo. El que lee ese libro y entiende todo lo que dice Bourdieu, con lo que es maravilloso porque resultó que la televisión lo dominó porque lo obligó a hablar simple. Al final del libro, con las dos transcripciones de las dos conferencias, anexa el ensayo académico que escribió sobre lo que él habló en televisión. Ese ensayo académico no lo entiende nadie. Parece de otro asunto.

Entonces, la conclusión que uno saca es la televisión le ganó, lo dominó porque lo obligó a ponerse en otro discurso, a hablar de otra forma y esa es la fuerza de estos aparatos. La fuerza de la Internet, de lo que estamos haciendo, la maravilla de estar, por ejemplo, aquí frente a una cámara que obliga a que nos preguntemos cosas pero que tengamos que intentar un ejercicio de comunicabilidad, lo mejor que podamos. O sea que toca pensar qué cosa vamos a decir, no en función del pensamiento sino de la comunicabilidad.

 

AA: Bueno, pero entonces pasó que todas esas teorías acerca de la manipulación de las masas que todavía tienen cierto eco en mucha clase intelectual habría que reformularlas. ¡Porque quien terminó siendo manipulado fue la propia elite! Como vos bien decís, hasta la política juega a la telenovela, o sea, termina comprando ese modelo de comunicación que en la teoría detracta…

 

OR: Claro, lo que pasa es que no se han dado cuenta que siempre estamos obsesionados con los contenidos, el otro problema intelectual. Los intelectuales pensamos que todo es un asunto de contenidos y de valores, o sea, todo el tiempo miramos cualquier cosa y por eso la obsesión con analizar la prensa. Por eso sacamos la frase y la analizamos y la ponemos un Power Point gigante para decir: “Mire este tarado mental, mire cómo hizo esta construcción tan mal hecha”. O sea, analizamos los contenidos, cuántas veces me nombró, cuántas veces nombró al otro, qué quiso decir Cristina cuando dijo tal frases en cientos de miles de ensayos, como si hubiera hablado Dios. Entonces hay una sobreinterpretación de los contenidos.

No se han dado cuenta de que el problema de la comunicación mediática no son los contenidos sino, sobre todo, es el cómo se cuenta el cuento. Y ahí es donde domina: entonces los presidentes hoy hablan como la televisión, asumen las formas del relato televisivo como forma de gobierno. Automáticamente nosotros, los de la academia estamos enfocados en el análisis de contenido cuando tendríamos que estar más enfocados en análisis retorico narrativo, argumentativo, de los medios de comunicación, que es donde los medios tienen una fuerza mucho más potente para ese asunto. Creo que la academia se ha quedado estudiando contenidos, como estudiamos todavía los libros, como estudiamos las ideologías, pero no nos damos cuenta de que en las formas está la potencia comunicativa y el gran impacto de los medios. El impacto de los medios no está tanto en qué pensamos, sino cómo pensamos de las cosas. El impacto de los medios no está en que nosotros hablamos de lo de los medios hablan sino que hablamos como hablan los medios.

Umberto Eco ya lo demostró en el año 1967, cuando hizo un articulito que se llamaba ¿Perjudica el público a la televisión?. Ahí demostró que la televisión afecta no en contenido sino en formas de pensar las cosas. En el fondo lo importante para pensar, lo que a mí me preocupa hoy, es qué ritual propone cada uno de estos medios. Cuál es el ritual del Twitter, cuál es el ritual que propone el Facebook, cuál es el ritual de la televisión, porque si tenemos claro esto, sabemos cómo actuar. Si esta entrevista fuera en televisión, o sea, Televisión 1.0, el pobre televidente ya hubiera cambiado de canal hace rato, porque estaríamos hablando muy largo…

 

AA: O a esta altura ya tendríamos que haber ido a un corte o haber anunciado el patrocinador…

 

OR: O haber hecho como Tinelli: gritar y brincar y hacer alguna cosa para que no se me vayan los espectadores. Porque el ritual básico de la televisión es relajamiento. El televidente comienza viendo un programa y termina cayéndose, quedando como a mitad de sueño. Cuando está uno en Internet, uno sabe que esos aparatos vienen con un ritual rarísimo, que uno no puede estarse quieto. La gente puede estar viendo esta entrevista, al tiempo está chateando, buscando una página, contestando un email. Internet es como un aparato que viniera con un motorcito que obliga a uno a abrir pantallas y oprimir links ¡No sé por qué! O sea, es como que el ritual obliga. Si estás en Twitter, le sale el pensamiento aforístico que uno tiene. En Twitter uno siempre quiere mandar una frase brillante y nunca le sale pero uno lo intenta y trata de contestar de la manera más brillante que se lo ocurra en el momento. Si estoy en Facebook, lo que busco es amistad: qué amigo voy a encontrar, a quién poner la manito y decir: “Ese tipo me gusta”. Otro manda ¡Péinese!

La pregunta es qué rituales propone cada aparato con su mediación para ver cómo comunicamos dentro de ese ritual. Lo que al mundo contemporáneo le está pasando es que está urgido de ritualizaciones, para no llamarlo de religionalizaciones. Ir a un concierto tiene un ritual que lo gozamos maravillosamente. Aquí en Argentina ir a fútbol, ir al rock, ir a las marchas políticas, es un ritual impresionante que se repite en todas las partes.

El gran éxito de las iglesias evangélicas es que ritualizaron de nuevo la religión y eso es una maravilla. Y el grave problema de la universidad y de la educación, es que desritualizamos el acto educativo. Pasa con las conferencias que las desritualizamos. Nos quejamos de que la televisión no jodió el mundo y las conferencias de los intelectuales, parecen canales de televisión. Porque uno va a una conferencia y son quinces mesas en quince salas distintas, como si fueran quince canales. En cada canal, están pasando un tema: aquí, ciudadanía y comunicación; en este: políticas del nuevo milenio…

 

AA: ¡Y los asistentes hacen zapping porque van pasando de una sala a la otra!

 

OR: Uno va pasando, entra y mira, y si está aburrido, pasa al siguiente canal. Además en una mesa de una hora, ponen seis ponencias en la cual un académico tiene que contar en cinco minutos la tesis de su investigación, los resultados que concluyó y además divertir al auditorio. ¡Tendríamos más tiempo en televisión! Esta charla es mejor que estar en un congreso porque aquí por lo menos podemos hablar. ¿Para qué vamos a un congreso académico si no nos dejan hablar? ¡Acabemos esta vaina y volvamos a la lógica clásica! Vayamos a un congreso donde dos intelectuales que admiremos nos den una superconferencia y hablemos entre todos acerca de la conferencia y conversemos y hagamos relaciones públicas ¡pero escuchemos una idea a fondo! Pero no estamos repitiendo en la academia lo mismo que criticamos en la televisión.

 

 

AA: Vos que viajás y tenés una suerte de mirada pancontinental, ¿los procesos se parecen bastante en cada país, o cada uno tiene una idiosincrasia en relación a esta construcción de lo público y los medios?

 

OR: Yo creo que hay tendencias comunes y tendencias divergentes. Es común en el continente, por ejemplo, que la lucha por el relato, por la historia y por el proyecto político, está pasando directa y exclusivamente por los medios de comunicación. Es como si todos se hubieran puesto de acuerdo para que al mismo tiempo hubieran aparecido Chávez, Correa, Evo, Lula, Kirchner, Bachelet, Mujica… ¿Por qué todos al tiempo?

No entiendo porque no era una cosa previsible: estábamos en el desencanto de la política, de la dilución de los partidos, en la despolitización de la sociedad. Estábamos en ese momento en el mundo entero y de pronto dijimos “se acabó esta vaina”. Estábamos realmente desencantados con estas cosas y de pronto aparecen estos líderes carismáticos al tiempo.

Pero ninguno se comporta de la misma manera, cada uno es un héroe local. Chávez no podría gobernar en ninguna otra parte, pero el modo de gobernar de Chávez y el modo de comunicar es igual al del resto. Se juntan en el modo de comunicar, pero son tan locales que solamente pueden ser comprendidos desde su lugar. Todos pelean con los medios, a todos los medios les dicen “nosotros tenemos la verdad”, todos saben que pelear con los medios da rating político. Todos saben que no por darles mayor lugar a los partidos políticos hacen que ellos triunfen más en su movimientismo. En ese tipo de cosas nos parecemos.

Y en todos estos ha habido un revival de los medios públicos, todos quieren medios públicos, o sean de derecha o de izquierda. Inclusive Sebastián Piñera que tiene medios, o Alan García, se dan cuenta que cuando están en el poder están muy solos y quisieran tener medios para comunicar, necesitan medios públicos para eso. Pero ven los medios públicos como un objeto de propaganda política, entonces no los han visto como algo público para construir ciudadanía. Los medios públicos de todos los países de América Latina, siguen siendo medios sin rating, sin conexión con la sociedad, sin conexión con las sensibilidades populares, siendo que sus presidentes o presidentas están superconectadas con lo popular y con el pueblo. Es una pregunta de comunicación ¿por qué si los gobernantes se conectan tan bien, los medios públicos, que deberían estar conectados con el proyecto político de cada sociedad, no se conectan adecuadamente? Y es por esta denigración de lo popular, de lo narrativo y del entretenimiento.

El otro tema que está por todo el continente es la ley de medios. Necesitamos leyes de medios en todos los países de América Latina y básicamente porque pasaron tres o cuatro cosas que no estaban previstas en ninguna ley de medios. Uno es lo tecnológico. Esto que estamos haciendo ahora en el año 2000 ni lo imaginábamos: esto de tener un medio como plazademayo.com en el que estamos hablando, que convoca más que el sitio real, la Plaza de Mayo. Eso tiene que decir algo a la sociedad. Antes esas tecnologías no estaban y hay que legislar sobre eso porque es un bien público. Lo segundo que pasó es que apareció el derecho a la comunicación y todo ciudadano tiene el derecho de fundar su propio medio. Y la tercera es que yo creo que la ciudadanía está aburrida con ser solamente audiencia. Hemos vivido unas épocas de ser una sociedad de masas, de audiencias, donde todos nos considerábamos asistentes al espectáculo. Pero estamos aburridos de ser asistentes: nosotros también queremos salir en televisión, también queremos estar en una pantalla de Internet, también queremos estar en Twitter. ¡Queremos estar!

Vamos a la sociedad expresiva de masas, donde todos nos expresamos, no importa que nadie nos vea o que nadie nos lea. Hay gente que yo conozco que tienen blogs y les pregunto cuánta gente los sigue y me dicen “dos o tres”. ¡Es muy poquito! Entonces les digo “Entre por Facebook y mándeselo a sus amigos para que por lo menos ellos lo vean”. Y me dicen “No, pero es que ni siquiera mis amigos me quieren ver”. Pero es que eso no importa: él es feliz expresándose y eso es lo que está pasando: que cada vez hay más sociedad expresándose y menos de audiencia. Pero hoy la importancia está en poder expresarnos y si eso evita que no matemos a alguien, que la rabia que tenemos no nos salga desde adentro, pues creo que está bueno. Creo que estamos trabajando la sociedad expresiva de masas. Y tenemos que hacer que esa sociedad expresiva comience a construir comunidades, como las que están saliendo a través de Facebook, de Twitter. Como que vamos armando nuestras propias comunidades y ahí ya vamos teniendo sentido del asunto.

 

AA: Ahora que mencionás lo de expresarse para canalizar algo, recordaba el último de los libros de la colección que dirigen en el Centro de la Competencia de la Comunicación [http://www.c3fes.net/publicaciones.htm]. Que justamente se llama “Vamos a portarnos mal” y tiene que ver con este ejercicio del derecho de la comunicación pero no ya a través de los medios, sino a través de la protesta, que eventualmente puede estar en los medios.

 

OR: Claro, es que yo creo que somos sociedades mudas en América Latina. Yo cuando analizo el éxito de “El Chavo del 8” ¡por qué más de 30 años! Nadie puede decir de ese programa ¡qué cámaras!, ¡qué actuaciones!, ¡qué dramaturgia tan impresionante! Ahí se acaban todas las teorías de por qué ha sido exitoso. Lo que me parece una clave de “El Chavo del 8” es que se toman en serio el lenguaje, cosa que en América Latina sabemos que no lo tomamos en serio: nosotros nunca decimos lo que queremos decir, sino que es un subtexto el que cuenta, por eso lo más importante es el tonito, la forma en que lo decimos. En el programa, al Chavo le dicen “Vete para allá”, y él se va y todos nos reímos de que él hace exactamente lo que dice la palabra, de que el lenguaje hace cosas.

Yo creo que con la protesta estamos buscando es salir de esa mudez crónica que teníamos en América Latina y en el mundo: éramos mudos socialmente. Si queremos salir de la mudez, lo que me parece buenísimo, al comienzo vamos a salir mal y vamos a salir feos, pero si practicamos, cada vez vamos a hablar mejor. Esto tenemos que pensarlo en el proyecto educativo porque resulta que hoy estamos educando a las comunidades populares para que hablen como hablamos nosotros. Les decimos que queremos que hagan radio, como nosotros hacemos radio; que hagan televisión como nosotros hacemos televisión; que hagan Internet, como nosotros hacemos Internet ¿por qué nos los dejamos a ver si ellos pueden buscar su estilo? En este sentido es que recupero lo de la protesta social.

La protesta social es un hecho de libertad de información: salir a la calle, protestar en Internet, hacer un flashmob, o sea, cualquier tipo de protesta, es un ejercicio de libertad activa. Pero el gobierno, los intelectuales, la academia, los empresarios dicen “Si se portan bien, pondremos ciudado a su queja”. Si usted va a hacer una manifestación, le dicen “No haga la manifestación y venga y hablamos porque se portó bien”. Todo lo que sea expresivo por fuera de los márgenes establecidos de expresión de la sociedad es portarse mal. Pues ¡vamos a portarnos mal todos! porque es la única forma en que nos oyen.

La idea sería que la sociedad entera se porte mal pero no se mate, por ejemplo. Eso sería una ganancia maravillosa y creo que en ese sentido la protesta social sí enseña mucho porque cuando uno ve el mapa de América Latina de cómo se protesta, es impresionante. Protestas más fuertes como las que han habido en Perú por la causa minera con Alan García, es imposible pensar: hubo cantidades de muertos y a pesar de que Alan García negoció siempre con la gente, al final nunca cumplió ninguna propuesta. Esto es como la negación de la democracia, por eso el rating de Alan García es bajo porque es un engañador de causas sociales. En Chile, Sebastián Piñera tiene el mejor equipo de Twitter y de Facebook contratado, la gente que más sabe cómo funciona. A pesar de eso, Piñera va en caída porque la sociedad decidió que no le gusta cómo están pasando las cosas y están protestando desesperadamente ¿Y quiénes son los que protestan? Los jóvenes. ¿Y por qué no se pueden controlar? Porque están usando todas las herramientas tecnológicas para organizarse. La democracia tiene que reconocer que el portarse mal no es antidemocrático, ni es un problema policial: es un problema de expresión.

En Costa Rica pasó una manifestación muy grande y se enteraron en un periódico que el Ministro de Seguridad dijo que no tenían bombas de gases lacrimógenos para controlar la manifestación. El periódico lo iba a publicar en las noticias pero el Ministro pidió que no avisaran que no iban a salir. ¿Qué pasó? Hubo una manifestación el domingo y no salió ningún policía a controlar. ¡Y fue la manifestación más festiva, más brillante! Nadie rompió una vidriera, no pintaron nada porque si uno no ve al opresor enfrente uno no tiene contra qué. El acto de expresión social es un acto de libertad. Si uno va a una cancha de fútbol y tiene siete cordones de seguridad de policías, al entrar uno ya está tan bravo que le va a pegar a alguien. Creo que la protesta tiene que ser recuperada como ámbito de la expresión y no como un problema antidemocrático, de seguridad ciudadana, un problema antiterrorista. Yo creo que hay que cambiarla y por eso a ese libro le pusimos el título “Vamos a portarnos mal”, que es de Calle 13 y es la nueva forma de protesta social en América Latina: se puede protestar siendo buena onda también.

Calle 13 protesta contra el problema de las balas, dice “hay muchas balas, pero hay poca comida, con lo que compramos balas, pudiéramos darle a la gente con que comer”. Es una ideología buenista, no es profunda. Me pueden decir que eso no es una revolución, pero crea ideas. Dice una canción “Calma pueblo que yo siento lo que ustedes sienten, yo estoy aquí para interpretarlo para hacer campaña política”. Dice “Adidas no me usa, yo estoy usando Adidas”, y algo así como la Sony me tiene a mí, pero yo también los uso a ellos: este disco es de la Sony pero lo pueden reproducir piratamente [NE: dice la letra “Mi disquera no es Sony, mi disquera es la gente”]. Hay cosas que se nos habían olvidado y es que queremos estar dentro. Los hiphoperos de las favelas de Brasil están aburridos de tocar en las favelas, “Nosotros queremos estar en MTV, no tenemos que estar en la favela para ser buenos”. En cambio, en la sociedad ilustrada hay una cosa de pensar que tan pronto entraste en los medios perdiste tu virginidad política y te volviste parte del Imperio. ¡Pero si la gente lo que quiere es estar en la televisión!, ¿por qué no va estar en la televisión? ¿Por qué la televisión pública es únicamente para los que sabemos hablar? Solamente para los que tenemos ideas, solamente para los que estamos legitimados en la sociedad. Yo estoy legitimado por la Universidad, luego voy a la TV; estoy legitimado por la cultura, luego voy a la televisión; estoy legitimado por la política, luego voy a la TV. Entonces, ¿qué tiene que hacer el pobre para legitimarse?, ¿tiene matar a alguien para que lo lleven a la TV? Cuando tendría que ir por derecho propio. “Porque yo quiero saludar a mi novia” es un derecho legítimo para ir.

 

AA: Posiblemente en esa necesidad esté la clave del éxito de otro de los géneros que más aterra a la intelectualidad, que es el reality show. Ahí el señor común va a contar sus penas en el talk show o a verse un rato jugando un juego.

 

OR: Claro, pero es ahí donde la cosa se vuelve perversa porque el mercado abusa de la necesidad de la gente de tener pantalla para ponerlo a hacer las ridiculeces más grandes del mundo. Hay un concurso aquí en Argentina que se llama “Minuto para ganar”. ¿Por qué ese concurso es tan exitoso? Porque es un concurso en el que la mayoría de la gente perderíamos, porque hace bobadas como querer llenar un balde de agua en minuto con una cuchara. Una estupidez. Pero ¿qué pasa?: que todo señor que ve ese programa de TV dice “Yo puedo hacer eso”. Son soluciones de vida tontas pero que funcionan. En cambio si hago un concurso de “Yo sé quién sabe lo que usted no sabe” pues el pobre señor televidente dice “Cómo soy yo de bruto. No sé nada”. Estoy humillándolo públicamente.

Esos concursos están recuperando esa necesidad de estar en la TV pero están poniendo en ridículo a la gente. Lo que tendríamos que buscar es mecanismos para que la gente esté en pantalla pero haciendo las cosas que los hacen dignos. Entonces, si un señor prepara las mejores empanadas sanjuaninas, hagamos el concurso de quién prepara las mejores empanadas. La TV pública podría comenzar a recuperar otras formas de estar en pantalla. El problema es inventar los formatos para estar en la pantalla sin pensar tanto en los contenidos, sino en cómo hacemos para que la gente esté en la pantalla más dignamente. Eso no se nos ocurre a nosotros porque estamos viendo los contenidos, hablando de programas para empoderamiento ciudadano… ¡Empoderamiento ciudadano es que todo el mundo pueda salir en televisión! Por ejemplo, ¿por qué solamente lo ricos y los famosos tienen derecho a ser de la farándula?, ¿por qué si mi hija cumplió 15 años y quiero que las fotos salgan en la televisión, no pueden salir? Tengo derecho a la celebración de mi ego también y eso no lo hemos entendido.

 

AA: En Argentina ahora estamos sacando un canal público de TV para niños, pero lo que yo veo es que es puro títere, que es un lenguaje que era propio de nuestra infancia pero no de la infancia actual. Y veo que cuando aparecen personajes reales, los guionan, entonces están los niñitos de Jujuy o de Santiago del Estero pero no hablando espontáneamente sino desde un guión. ¿Por qué esta incomprensión del lenguaje que se están demandando los televidentes?

 

OR: Hay una cosa con Paka Paka, el canal del que tú hablas, que a mí me parece que por ahora van bien porque en la Argentina no había experiencia televisiva en TV para niños, entonces no sabían cómo hacerlo. Están experimentando, entonces arrancan con los macrodiscursos impuestos por la BBC y los gringos de Discovery Kids sobre cómo se hace televisión infantil, entonces se compran o se imitan los formatos que necesitan para hacer la televisión de acá. Eso hay que hacerlo porque es como aprender a pintar el Da Vinci. Lo que habría que esperar es que, una vez que cojan el calentamiento, comiencen a hacer otra cosa. Por ejemplo, hicieron un animado sobre San Martín, que era la historia argentina en dibujitos animados y ahí el héroe era un mesticito. Ahí ya hubo una innovación porque era volver héroes a gente anónima dentro de la Revolución que hizo San Martín.

Pero parte del problema es que suponen que los formatos no piensan. Telesur intenta ser CNN pero con Chávez. Es como si el formato no pensara. La presentadora sigue saliendo seria, peinadita, y dice “Estas son las noticias” y todos sabemos que no. El formato piensa, si miramos la televisión de América Latina, la TV tiene que cambiar ¿cuáles han sido los formatos en Argentina brillantes que todo el mundo recuerda? Lo de Fabián Polosecki, ¿qué fue lo que hizo? Nadie puede decir que ese haya sido un periodismo para divertirse solamente sino que el tipo creó un formato nuevo de hacer periodismo televisivo y después todo el mundo lo copió. Lo que hizo en un comienzo el flash de Mario Pergollini, lo que creo “Fútbol de primera” con Fox Sports, lo que crea hoy “678”, es un formato. Eso es lo que hay que buscar y ahí es donde está la creatividad. El fondo del contenido lo podemos mutar, pero es construir otras formas, la forma de contar, de empaquetar, de narrar es lo que piensa. Entonces no compremos más modelos Discovery Chanel, BBC de Londres, CNN -porque además CNN quebró, estamos imitando a un muerto, esto es ridículo-. CNN Plus en España cierra, CNN en inglés fracasó. Les tocó sacar a los presentadores, reemplazar a todo el mundo, cambió toda su parrilla en la programación. El análisis de CNN es que la gente en América Latina no quiere estar informada, entonces hay que hacer más de espectáculos, de farándula, de deportes, programas de mujeres. Pero lo hacen con el mismo formato como si hicieran una noticia seria. Pero es ridículo ver a un señor entrevistando a Gloria Trevi como si fuera el pensador número uno: “Gloria, ¿tú qué pensaste cuando hiciste el concierto?” Ella no pensó nada: brincó y se cayó, no pensó. A ella hay que entrevistarla como una reina de la farándula, pero no como a una política. Ellos no cambian el formato y es ridículo ver a unos señores tomándose en serio lo que no es serio. Lo que habría que hacer es que un programa de farándula implica. Los argentinos lo entienden muy bien, con toda una pose, una actuación, un grotesco. Hay que hacerlo así, no tomárselo seriamente. Tinelli no va a preguntarle al jurado: “Dime tu opinión acerca del grotesco que acabamos de ver”. ¡No! Dice, “De lo que acabamos de ver, ¿te gustó la teta que salió?” ¡Es eso! Creo que estos medios que estamos haciendo nosotros acá son una buena posibilidad porque nos están abriendo la cancha para explorar otro tipo de cosas. Por ejemplo esto que estamos haciendo acá es un formato nuevo, esto de que hablemos tan largo. Eso en televisión no se puede: uno está dando una idea buenísima y le dicen “El tiempo es oro y se acabó”, ¡pero gastó media hora presentando al invitado! Pero esa media hora que se gastó, ¿por qué no lo ha dejado hablar? Entonces creo que es una forma de encontrar dónde está la posibilidad.

 

AA: Vos habías planteado que la política latinoamericana se explicaba por las telenovelas, por esto de que “hombre bueno viene a salvar a mujer en problemas”. Quería, para cerrar, que nos cuentes cuál es el próximo capítulo de la telenovela.

 

OR: Estamos a las puertas, por primera vez en la historia, de ver una telenovela hecha, libreteada por Televisa, pero convertida en vida real. Lo máximo que va a pasar en 2012 es que ya viene la novela perfecta. Hay un señor que se llama Enrique Peña Nieto, que es el gobernador del Estado de México actualmente, y que lleva ocho años en Televisa hablando cantidades. Es el candidato del PRI y ha sido llevado de la mano de Televisa para llegar a ser Presidente de la República Federal de México. Entonces el muchacho es un actor de telenovela: es bonito dentro de los cánones de galán, funciona como galán, en medio de todos los políticos mexicanos es bien hablado. Pero para que sea telenovela y llegue al poder como fin de la telenovela, al muchacho se le muere su mujer, lo cual es una tragedia. Y una vez se le muere su mujer, él se enamora de la actriz principal de Televisa en las telenovelas, que se llama Gaviota (Angélica Rivera), que es la que actuaba en la versión mexicana de “Café con aroma de mujer”, que fue “Destilando amor”. Se casan, arman la pareja perfecta, la boda es transmitida por Televisa, él ya va por la candidatura presidencial y ahí en la mitad -para que sea telenovela- sale un secreto, y es que parece que él no actúa adecuadamente frente la muerte de su mujer. Su mujer murió cuando él estaba en la casa y parece ser que no la auxilió a tiempo, aunque otra gente se imagina otras cosas porque todo secreto es posible. Entonces esta pareja presidencial en el año 2012 va a ser elegida presidente y la posición presidencial va a ser el fin de la telenovela. Digamos que ya el libreto está construido en la vida real.

La idea general es que si entendemos a cada presidente de América Latina desde el ritual que más conocemos los latinoamericanos, que es la telenovela, pareciera que la política tiene más sentido que si la explicamos desde las teorías de la política seria, de la democracia seria, de lo argumentativo y retórico. Ahí uno puede ver en el caso chileno que por ejemplo Piñera no es un buen galán y que no enamora a ese pueblo y por eso cuando quiere subir el rating saca a la mujer a la calle, porque la mujer es mucho más cercana al pueblo. Alan García, ni enamora, es más, ni cabe en la pantalla de lo poco galán que es.

 

AA: En esa lógica entraría el impacto por la viudez de Cristina Fernández, la enfermedad de Chávez…

 

OR: Chávez, por ejemplo, en este momento ya es imbatible. El televidente está conmovido con el héroe. Chávez, Evo, Uribe no tienen mujer pública porque ellos se bastan para poder enamorar al pueblo. Tú ves una manada de hombres que van solos. Y las mujeres también son solitarias: Bachelet es una mujer divorciada que va por el mundo. A Laura Chinchilla en Costa Rica no se le conoce el marido aunque está casada. Con Cristina la metáfora es muy linda: ella renació el día que murió su marido y la dejó ser libre. La teoría melodramática es interesante pero es por una razón buena: una sociedad interpreta, hace sentido desde los rituales que mejor conoce y en América Latina los rituales que mejor conocemos son el fútbol, la telenovela y algunas cosas de la música y la religión. Por eso la cultura política latinoamericana está hecha más de religión, de telenovela y de fútbol que de ideologías y de partidos políticos, y de programas que queremos ver de la politología.


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