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La era Gelblung del periodismo

24 de abril de 2009 por Diego Rottman


Con Chiche Gelblung pasa un fenómeno curioso: hasta hace no mucho (¿un par de años?) era criticado y cuestionado. Ahora no solo casi no se lo critica, sino que se lo reivindica. ¿Cómo y por qué se dio esa transformación de periodista denostado a referente del periodismo?

Fernanda Longo le preguntó exactamente eso en una entrevista que le hizo para el debut de su programa en Canal 13. Respondió

Sí, me siento raro, pero sería injusto que diga que para mí esto es nuevo. Una cosa es que ahora se manifieste públicamente, que sea cool decir que Gelblung es buen periodista, y otra cosa es que nunca lo hubieran manifestado. En privado, yo siempre tuve el reconocimiento de mis colegas y de la gente, que para mí es lo que vale.

¿Ahora es cool decir que Gelblung es buen periodista? Lo cierto es que ni él tiene una respuesta válida. Confieso que es una pregunta que me obsesiona. Trabajé con Chiche durante un año y sé de su talento y creatividad. Aprendí mucho con él. Es el mejor “periodista de autor” argentino que conozco. Me tocó vivir la época más uncool de su fama, así que por eso ahora el contraste me impacta (para usar una palabra a la que es afecto).

No es que haya habido un punto de inflexión en el que Gelblung dejó de hacer un tipo de periodismo para hacer otro. Siempre hizo el mismo periodismo. Es cierto que en su primer año como conductor de radio y tv le faltaba la cancha que demanda estar frente a una cámara o a un micrófono y que ahora está en esos medios como pez en el agua. Pero, en esencia, Chiche Gelblung siempre fue el mismo periodista.

El cambio, me parece, hay que buscarlo en otro lado. En sus colegas. No cambiaron los otros periodistas, sino que en estos quince años hubo un recambio generacional en todos los medios y, quienes comenzaron a reivindicarlo, fueron los que se criaron con el triángulo Chiche, TEA y CQC. Si los de mi generación teníamos como modelo a la revista Hum(r) y El Porteño y los periodistas de la generación anterior crecieron admirando a La Opinión y Primera Plana, los que egresan de TEA quieren triunfar en Cuatro Cabezas.

El corte es marcado. Las generaciones anteriores se miraban en la gráfica y, en menor medida, en algunos referentes radiales. La actual elige sus modelos en la televisión.

¿Como quién quieren ser los nuevos periodistas? ¿Como Rodolfo Walsh o como Chiche Gelblung? Ya no importa decir (o mejor, escribir), importa mostrar. A la noción de verdad (cualquiera fuera su definición) que guiaba a las viejas camadas, la sustituye la de interés o atractivo. “No dejes que la verdad te impida hacer una buena nota”, es el slogan gelblunguiano, ahora convertido en mantra.

El periodismo Siglo XXI, es un periodismo sin verdad (tampoco es casual la idolatría a la revista Barcelona), pero también sin Historia. Las noticias estallan como fuegos artificiales y desaparecen en la noche. No vienen de ningún lado. Los antecedentes de las cosas llegan hasta donde recuerdan las memorias de sus cronistas. De ahí que las noticias policiales, las insólitas, las deportivas y las de espectáculos –sucesos para los que no hace falta tener ningún background para entenderlos- crezcan e invadan hasta las secciones duras como política, internacionales o economía.

Gelblung mezcla sin pudores a Susana Giménez con la miseria de la India, espectaculariza obscenamente la pena de muerte, interrumpe las respuestas de los entrevistados cuando se aburre. Pero haciendo eso, es el mejor. Dice no leer los diarios ni ver televisión, pero es uno de los periodistas más informados. Y nadie como él para detectar tendencias y presentarlas de una forma interesante.

Un ejemplo del periodismo que se viene. En el debate sobre la pena de muerte Gelblung dice estar en contra, pero agrega que para los delitos como secuestro y violación seguida de muerte está a favor, porque si no se los mata “terminan saliendo y vuelven a cometer el mismo delito” por los agujeros que tiene la legislación argentina. Ninguno de sus interlocutores le objetó que para instaurar la pena de muerte habría que modificar el Código Penal, ¿por qué entonces no luchar por una modificación de esos agujeros que hacen que alguien que cometió un delito aberrante cumpla efectivamente su cadena perpetua?

En mis tiempos bajo sus órdenes, Chiche hablaba de las notas “Hey Martha!”, una idea norteamericana de periodismo que imagina a un señor sentado leyendo el diario hasta que se encuentra con una noticia que lo atrapa tanto que no puede evitar llamar a su mujer (“Martha”) para mostrársela. Nadie como Chiche sabe hacer “Periodismo Hey Martha”, ese que quieren hacer los periodistas del futuro.


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