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“La opinión es la peor cosa” – lanacion.com  

12 de agosto de 2011 por Diego Rottman

 “Estoy totalmente a favor de que las damas gobiernen países. Los muchachos no lo hacen muy bien”, opina Vidal. Foto: CHARLEY GALLAY / GETTY IMAGES / AFP

Gore Vidal tenía 22 años en 1948, cuando la publicación de su novela La ciudad y el pilar de sal conmocionó a la comunidad literaria estadounidense. Se trata de una cándida historia sobre un joven que, en el pasaje de la adolescencia a la edad adulta, descubre su propia homosexualidad. Bajo el puño firme de Orville Prescott, editor de la sección literaria, el The New York Times se negó a publicar reseñas de los siguientes libros de Vidal que, desde entonces, no ha dejado de criticar a ese diario y lo que él llama su reacción “histérica”.

Archiconocido por sus relaciones (desde Roosevelt hasta Kennedy, Fellini, Garbo y Capote, a quien no consigue leer -dice- “porque soy diabético”) y por su sangre azul, Eugene Luther Gore Vidal adoptó como nombre propio el apellido de su abuelo materno, Thomas P. Gore, que fue senador demócrata por Oklahoma. Además de su abuelo, Vidal tiene otras conexiones con el Partido Demócrata: su madre, Nina, se casó con Hugh D. Auchincloss Jr., quien luego se convertiría en padrastro de Jacqueline Bouvier Kennedy. Vidal es también primo de Jimmy Carter y del ex vicepresidente Al Gore. Pero son la perspicacia y la agudeza mental de este novelista, ensayista y dramaturgo; su look de galán de cine, su estilo y elegancia, sumados a un humor de perros y un ego que sobrepasa el del más orgulloso argentino (“Un narcisista es alguien más guapo que tú”, ha dicho), los rasgos que lo han hecho uno de los intelectuales más famosos del mundo.

Ahora, a los 84 años, ha llegado a Montreal invitado por Blue Metropolis, el festival literario internacional de esta ciudad, donde dio dos charlas repletas de sagacidad y picardía, aunque en algunos momentos le falló la memoria (contó dos veces la misma anécdota sobre el político estadounidense John Milton Hay, secretario de Estado durante la presidencia de Roosevelt, que se refirió a Canadá como “Our Lady of the Snows”) y a veces sus respuestas no tuvieron nada que ver con la pregunta que le habían hecho o fueron demasiado nebulosas (de la “situación entre judíos y árabes”, para usar los términos de Vidal, dijo: “Sólo pásalo por alto, que va a desaparecer. Y si no desaparece, desapareceremos nosotros”).

Cuando finalmente, a las once de la noche, bajó al bar del hotel para esta entrevista, en su silla de ruedas, acompañado por su asistente Ernie y un whisky cuádruple, traía mucho de su gorevidalidad : entre un gruñido y una respuesta de una sola línea (y a veces, de una sola palabra), se soltaba y hablaba de sus temas preferidos, el imperialismo y la incultura yanqui, entre otros. Y claro, de Norman Mailer. De Capote, esta vez, no dijo nada. Sin embargo, de Borges?

-En América latina, los escritores como Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa tienen tradicionalmente una opinión política de mucho peso y muy respetada. ¿Cuál es el papel del intelectual/artista en el siglo XXI?

-Monótono. A los estadounidenses no les gustan los intelectuales ni el intelecto, odian la lectura y odian la cultura.

-¿Y odian el pensamiento?

-Puede ser. Ni siquiera saben que lo odian.

-¿Así que usted es pesimista sobre el papel del intelectual?

-Creo que todos lo somos.

-¿Cuál es el futuro de la literatura y la industria editorial, dada la disminución del interés por la lectura?

-Estados Unidos es el país más grande y más rico del mundo, o piensa que lo es, pero en realidad estamos peor educados que cualquier gran potencia del mundo. La educación es espantosa. Nadie lo sabe porque somos número uno en todo. Incluso en el jardín de infantes somos número uno, pero no somos número uno en nada, a excepción de algunas cosas embarazosas, de las cuales creo que no conviene hablar. Por lo tanto, somos un país de segunda línea… que sé yo, algo así como Uruguay, probablemente.

-Usted declaró a The Independent que Estados Unidos debería figurar en algún lugar entre Brasil y la Argentina y esta entrevista está dirigida a un público argentino. ¿Podría ser un poco más específico acerca de qué quiso decir con eso?

-Yo fui más específico: dije que así tendremos un mejor equipo de fútbol. [Risas]

-¿Y qué piensa de Cristina Kirchner y de Dilma Rousseff?

-Bueno, estoy totalmente a favor de que las damas gobiernen países. Los muchachos no lo hacen muy bien. A los muchachos les gusta pelear.

-Pero si Estados Unidos es un fracaso, ¿qué es la Argentina, en su opinión?

-Está trabajando en eso.

-Brasil sería el caso inverso. Obama y todo el mundo dicen que Brasil es el país del futuro y el futuro es ahora.

-Yo prefiero lo que dijo Charles de Gaulle: Brasil es el país del futuro y siempre lo será. No subestimemos la malicia del buen general.

-¿Cómo ve la relación de Estados Unidos y la Argentina en el siglo XXI?

-Nerviosa. Nosotros no estamos haciendo demasiado bien nada. Creo que siempre habrá un poco de vigilancia en nuestra relación con otros países. Al no tener una tradición de cultura literaria, o cultura de cualquier tipo, siempre vamos a quedarnos atrás. Es bastante embarazoso para los países más agresivos, que llevan las artes más en serio. ¿Esto cambiará? Todo en la vida cambia, con la excepción, como dijo cierto francés, del teatro de vanguardia. Ese nunca cambia…

-¿Qué influencia tiene la lengua española en Estados Unidos, en particular, en el arte?

-Es una lengua hermosa. Creo que es bueno para Estados Unidos calmarse un poco. Realmente somos un país muy torpe para meternos con las artes. En realidad no hemos hecho nada bueno desde Mark Twain… Y eso fue hace mucho tiempo.

-Entonces, ¿cómo ha evolucionado la cultura latinoamericana en Estados Unidos? ¿Qué piensa de artistas como Jennifer Lopez?

-Ella y yo cantamos juntos. Yo estaba satisfactoriamente fuera de tono.

-¿Quién diría que fue una figura literaria significativa de raíz latina en el siglo XX?

-Italo Calvino. Está muy por encima de todos los demás.

-Por supuesto, Calvino nació en La Habana pero apenas vivió allí dos años. ¿Le parece más relevante que Borges?

-¡Oh, que se joda Borges! [N. de la R.: Oh, Fuck Borges! , dijo en inglés en la entrevista]. Me parece un chanta de otro tiempo.

-Ha sido puesto en un pedestal…

-Y es donde merece estar. Él escribe esos cuentitos y se sale con las suyas.

-¿Por qué cree que nunca escribió novelas?

-¡No me importa! ¿Por qué nunca se hizo la raya del pelo del lado izquierdo? Yo qué sé.

-¿Así que no lo ve como una figura literaria importante?

-¡Por supuesto que no! No existen muchas figuras importantes en la literatura. Y ciertamente esa figura no va a ser Borges.

-¿Hay otros escritores latinoamericanos que le hayan gustado, tal vez no entre los grandes, pero entre los buenos?

-No me preocupa la grandeza. Es la gente de tercera categoría la que se preocupa por grandeza. Y en verdad tienen que preocuparse, ya que nunca harán nada de sí mismos que sea grande. Se trata de una condición de servidumbre, y al diablo con ellos.

-¿Qué otros escritores latinoamericanos le han gustado?

-Pues bien, el amor a la fantasía no es algo que yo comparta. Me muero si llego a leer en otro libro latinoamericano: “El general medía cinco mil kilómetros de altura…”. No quiero volver a encontrar esa frase nunca más, ¡en ninguna forma! Hay que desechar el realismo mágico.

-¿Hay alguna manera de rescatar el periodismo?

-Yo no me molestaría en rescatarlo, si pudiera. No me importa.

-Usted declaró que se había postulado para el Congreso porque pensaba que podría hacer una diferencia… ¿Cree que el compromiso es una obligación de los escritores, intelectuales y profesores?

-La noción de las obligaciones lleva a la dictadura. Piensa así y tendrás una.

-Escribió numerosos ensayos sobre política y sobre Estados Unidos. ¿No son una forma de periodismo?

-Entonces se puede decir que todo es una forma de periodismo. Visto así, hasta Jesucristo fue periodista.

-¿Hay periodistas a los que haya respetado a lo largo de los años? Debe de haber conocido a miles de ellos…

-Por desgracia.

-¿Puede nombrar a alguno excepcional?

-No, porque la mayoría de ellos eran corruptos.

-¿Los buenos?

-Sobre todo los buenos. Y también tendían a la estupidez, eran limitados. ¿Qué experiencia tenían del mundo? Ninguna. Los alentaron a tener opiniones. Ahora bien: la opinión es la peor cosa del mundo, especialmente tratándose de hombrecitos de polvo que creen saber todo porque sus madres los alabaron hasta convertirlos en vanidosos.

-Usted vivió en Guatemala en las décadas de 1940 y 1950, cuando Guatemala fue copada por la CIA, y fue muy amigo de Juan José Arévalo, el primero de los presidentes reformistas de ese país. ¿Cuál es su lugar favorito en América latina?

-El lago de Atitlán, en Guatemala. Siempre me pareció bastante mejor que cualquiera de los que hay en Italia.

-No conoce la Argentina pero ¿qué lo impresionó de Brasil?

-La energía. Me recordó a Estados Unidos durante los años 30.

-¿Qué tipo de energía?

-Nuestra energía es, en su mayoría, maligna. Tiene que ver con matar gente, una gran manía de los estadounidenses. Yo sentí que en Brasil no había algo tan cruel como eso, aunque me parecieron tan descuidados e indiferentes como nosotros. En eso sí hay similitud: es un gran país, loco y desprolijo.

-¿Qué aportaría Latinoamérica si fuera tan poderosa como Estados Unidos?

-Un escritor como Calvino puede agregar un poco de civilización a un país tan vulgar y tan tonto como Estados Unidos. Creo que sería algo bueno. Como ve, he hecho todo lo posible para promover a Calvino…

-¿Qué piensa de la literatura actual? Usted mencionó que no le gustan los que escriben sobre ser novelistas, hablando de sus propias frustraciones insignificantes…

-“Insignificante” es la palabra clave…

-¿Hay algo alentador en la literatura de hoy en día?

-No me preocupo por eso la mayoría del tiempo. Quiero decir: ¡hay tantos malos escritores que insisten en que diga que los admiro y que quieren que los promueva!

-¿Por qué admiran los estadounidenses a los malos escritores?

-Creo que admiramos todo lo malo. Mire cómo comemos.

-¿Cuáles fueron los efectos de largo plazo de la guerra entre España y Estados Unidos?

-Malos para Estados Unidos. Henry James hizo un comentario muy bueno acerca de esa guerra. Dijo que si bien un imperio civilizó a los británicos, corrompería totalmente a los estadounidenses. Estoy muy de acuerdo con el señor James. No somos nada más que británicos desplazados. Tenemos exactamente el mismo apetito voraz, el mismo amor por la delincuencia, el mismo amor por lo criminal.

-¿Qué piensa sobre la historia de las intromisiones de Estados Unidos en los países latinoamericanos?

-Cuando la CIA decidió conquistar todo lo que tenía por delante, lo hizo. Yo reprobaba fuertemente esas interferencias. Fueron algo obsceno. No tendríamos que habernos metido en esos países: somos un pueblo ignorante, incapaz de aprender idiomas, que no lee libros y que está lleno de mierda. Nada de lo que decimos tiene sentido. Siempre estamos prescribiendo cosas para las razas inferiores. Bueno, el hecho es que nosotros mismos somos una raza inferior en la escena mundial. Pero eso en nuestro país nadie nos lo dice.

-¿Existe alguna esperanza de que Estados Unidos llegue a verse a sí mismo como parte de una familia de países americanos y no como el dueño o administrador?

-No: siempre vamos a ver a esos países como los únicos que pueden cultivar bananas y venderlas con alegría. Sobre todo cuando están maduras.

-¿Cree que se podrá desarrollar un diálogo más respetuoso, entre iguales, con Obama y los demócratas?

-Yo desconfío del término “entre iguales” que, por lo general, suele ser egoísta y se refiere al dictador? Que es igual a todo el mundo, como él mismo ha descubierto. Hubo un diálogo real con los vecinos en épocas de Franklin Delano Roosevelt, Sumner Welles y un puñado de muy buenas personas que actuaron en la política exterior. Fuimos gobernados admirablemente por un tiempo. Pero a FDR lo contagió el virus del imperio y se vio como un emperador. Por otro lado, los hubo peores, como Hitler, así que tampoco fue tan malo.

-¿Cuáles fueron los buenos momentos entre Estados Unidos, la Argentina y, en general, América latina?

-Bueno, ustedes no nos dieron muchas oportunidades: siempre estaban experimentando con dictadores y a nosotros nos tocaba adaptarnos a todos esos dictadores que se tiraban lances para obtener préstamos de nuestros presidentes corruptos? ¡y hemos tenido unos cuantos! Pensé que el sistema educativo podría haber sido utilizado de mejor manera. Nuestro sistema universitario es, en realidad, bastante bueno. No es excelente, pero es bastante bueno y de ahí podrían haber surgido algunas visiones.

-Fue como invitado a Cuba en junio. ¿Qué piensa de los años de Fidel Castro en el poder?

-Lo admiro enormemente.

-¿Lo admira por lo que ha hecho en Cuba, en América latina?

-¿Quién no lo admira? Cualquiera que sepa algo de política sabe que Castro estaba pensando como cubano. Él fue un reformador. Pasó por malos momentos y soportó sus propios errores. Pienso en él como una figura noble. Estoy más interesado en Chávez, porque parece ser muy radical.

-¿Pero cuáles son las posibilidades de que al final tenga éxito?

-Al final, todos estaremos muertos, mi querida.

-Si América latina tiene cada vez más presencia en su país, ¿qué efectos tendrá ese fenómeno?

-Vamos a tener un buen equipo de fútbol. Eso es un plus. El béisbol es probablemente el juego más estúpido inventado por el hombre. Y, por supuesto, lo inventamos nosotros.

-¿Hay algún escritor actual que respete?

-Bueno, no me gustan los malos, de modo que eso descarta a Norman Mailer. Él es realmente malo y eso significa que al público le gusta mucho. Le gustan, sobre todo, los que pasan por machos: yo-Ernest Hemingway, yo-cazador, yo-grande-pelear-en-bosque… Todo está tan lleno de basura. Mailer tiene la cabeza llena de papel picado. Simplemente no funciona. Estoy hablando de cuando estaba vivo. Supongo que es mejor ahora que está bajo tierra.

-Cuenta la leyenda que una vez Mailer trató de pegarle un puñetazo en una fiesta…

-Y terminó en la pared. Norman se acercó diciendo: “¡Oh, Gore, ¿por qué siempre me atacas?”. Y yo le contesté: “Yo nunca menciono su nombre, porque ni siquiera pienso en usted como un escritor. Ahora váyase”. Entonces él me lanzó su puñito diminuto. Tenía el puño de una niña. Yo le dije que era del sur y que nosotros tenemos un gatillo mucho más rápido que el de los lindos niños de Sudáfrica? Mailer era un cobarde nato. Sin embargo, a mí me caía lo suficientemente bien como para darle algunos roles durante años, y en el teatro en particular, ya que a él siempre le gustó actuar. Por supuesto que era el peor actor del mundo. Yo hacía Don Juan en los infiernos , al menos una vez al año con Norman. Él no tenía oído para el lenguaje. No tenía idea de quién había sido Bernard Shaw. Si algo podía hacerse mal, él lo hacía mal. Le advertí: “¿Sabes que tienes que dejar de actuar? Esto se está poniendo muy mal para tu personaje, y está mal para el teatro, también”.

-Su obra teatral The Best Man se estrenará en Broadway en 2012, con James Earl Jones en el papel principal del alegre, folklórico y astuto ex presidente de Estados Unidos Arthur Hockstader. ¿Usted trabaja activamente en los preparativos para el estreno?

-Siempre estoy; los escritores tienen que estar.

-¿Cree que Internet puede salvar la literatura estadounidense, alimentando el interés por la lectura?

-Lo que motiva a la gente a leer es siempre algo muy personal. Si has crecido en una casa sin libros, que es la condición de Estados Unidos en todos los niveles de la sociedad, vas a tener una población bastante torpe. Es tan simple como eso.

-¿Pero hay algo alentador en lo que está pasando con la informática? Ahora tenemos los e-readers , estos pequeños dispositivos que contienen muchos libros y que parecen páginas…

-A mí no me parecen una página.

-¿La tecnología, entonces, contribuye al deterioro de la literatura, de la lectura?

-Depende. No hay una regla universal para todos esos que están tratando de hacer libros con forma de teteras para niños. Y eso no es muy saludable.

-¿Está en Facebook?

-Por supuesto que no.

-¿Y usa Twitter?

-Ni siquiera sé lo qué es eso.

-¿Cuál es entonces la forma más eficaz de estar comunicado?

-Obtener tu propio programa de televisión.

-¿Así que cree que la televisión sigue siendo la forma más efectiva de llegar a las masas?

-Yo sé que lo es.

-¿Cuál fue el alcance de la televisión en el siglo XX?

-Me tenían a mí, entre otros. Y la gente aún recuerda y discute las cosas que yo decía. Cuando aparezco en público, la gente empieza a hablar de Johnny Carson, que es mucho más saludable que hablar de Norman Mailer.

-¿Había algo de calidad en la televisión de hace unos años?

-La ley de los promedios algo indica.

-¿Hay algún programa actual que le guste?

-No.

-¿Algún programa de noticias que le guste?

-No.

-Usted ha dicho que cuando quiere noticias de su país, lee los diarios británicos. ¿Trata de mantenerse al día con respecto a lo que está pasando en Estados Unidos con esos diarios?

-He pasado la mayor parte de mi vida en Europa y no me he arrepentido ni de un minuto pasado en el extranjero.

-¿Qué diarios lee?

-El Herald Tribune y el Financial Times.

-¿Le gustan sus enfoques?

-No, todo lo contrario. Por lo general, no me gustan, porque son demasiado generales y están fuera de la realidad. A veces, ni siquiera ellos parecen saber de qué están hablando.


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