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Lo que aprendí: Joaquín Morales Solá

31 de julio de 2006 por Diego Rottman

Cada año cambiamos el tema principal del Boletín de Periodismo.com. En 2002 fue “Lo que aprendí”, con una estructura similar a What I’ve learned, de Esquire. En persona o telefónicamente entrevisté para este espacio a Joaquín Morales Solá, Chris Crommett, Homero Alsina Thevenet, Andrew Graham Yool, Pepe Ribas, Ladislao Mello, Javier Darío Restrepo y Rodrigo Fresán. Además condensé en un texto citas de otros periodistas que no pude entrevistar y recopilé los pensamientos más interesantes de García Márquez sobre el tema. Y también opiné yo.

Para abrir este especial por los 100 boletines de Periodismo.com empiezo reproduciendo estos textos. A continuación, el de Morales Solá, columnista político del diario La Nación (Argentina):

Un periodista creíble es un periodista prestigioso. La credibilidad se consigue siguiendo una senda sencilla, pero trabajosa: el chequeo permanente de las fuentes de información. Todo lo que se publica debe ser cierto y no debe responder a intereses sectoriales.

El periodista se puede equivocar, somos humanos. Pero si se equivoca, lo hace con honestidad intelectual y personal. Se equivoca el periodista, no está “inducidamente” equivocado.

Soy hijo de un periodista, así que los primeros y más definitivos consejos profesionales que recibí fueron de mi propio padre: “primero los hechos, después los hechos y, recién al final, un poco de opinión”.

Después de 22 años de trabajar en redacciones decidí trabajar en mi casa y no extraño ese ámbito de trabajo. Voy siempre, visito a los amigos, tomo café… pero trabajo en mi casa. Es una conquista que sé que no se la puede dar todo el mundo, pero que para mí es fundamental.

El periodista no tiene horario, ni fin de semana, ni vacaciones aseguradas. Aún ahora, después de 30 años de profesión, cuando uno cree que pudo conseguir algunos beneficios, todavía no sé cuándo empieza ni cuándo termina mi trabajo todos los días. Desde que la crisis argentina tomó un ritmo tan vertiginoso, volví a perder los fines de semana, porque mi columna del domingo la termino de editar los sábados a última hora.

El lector de mis artículos no siempre está de acuerdo conmigo. Pero la mía no es una manera ideologizada de ver los hechos, sino que trato de analizar colocándome en la cabeza de cada uno de los protagonistas, aun de quienes piensan de una manera distinta de la mía.

Mis herramientas de trabajo son la conversación y la investigación. Trabajo sin grabador y sin apuntador. Creo que eso amedrenta a la gente con la que uno habla. Aun cuando me lleve más tiempo, trato de que las conversaciones sean más tranquilas y en un tono coloquial. Después, al final del día, tomo nota de todas las conversaciones que tuve que me parecen rescatables.

A los periodistas volcados al tema político yo les recomendaria que leyeran libros de Historia. No se puede hacer periodismo político sin conocer acabadamente la historia de un país. Digo esto porque veo que los jóvenes colegas a veces tienen un gran conocimiento de las corrientes y los personajes actuales, pero carecen del conocimiento de lo que ha pasado en el país en el pasado.

Nunca quedo conforme con lo que escribo. En todo trabajo periodístico termina por prevalecer el espacio, por lo tanto, en algun punto de la corrección uno tiene que empezar a bajar caracteres y palabras… y tambien información. Esta es una tarea de seleccion y como toda seleccion significa privilegios y renuncias. Cuando veo el texto publicado digo “acá pude haber sacado esto y puesto lo otro”. Me pasa siempre.

Si a quienes venimos de la gráfica nos dan a elegir entre la TV y los medios gráficos, nos quedamos con la gráfica. Los medios gráficos tienen un compromiso con la historia y con los hechos mucho más grande que la televisión.

No mido ni estoy pendiente de la repercusión de mis columnas, ni creo que deba hacerlo. Mayor repercusión no es sinónimo de mayor calidad. Una vez que le puse el punto final y la envié al diario, ya estoy pensando en la próxima nota.

No estoy libre de operaciones, pero esto no quiere decir que haya caído en ellas. Si alguien intenta operarme y me da una información falsa, para mí es definitivo, cancelo toda relación con esa persona: si una vez intentó desfigurarme la verdad, ¿qué me garantiza que no lo volverá a hacer?

En este momento Argentina es noticia en el mundo. Mala noticia. (N de la R: La entrevista es de marzo de 2002)

El periodista independiente es aquel que dice cosas que al poder no le gusta. Al poder en cualquiera de sus connotaciones. Y el periodista que no es independiente generalmente dice cosas que, aun cuando afecten a un cierto poder, están en contrapartida beneficiando a otro poder.

Uno de los cometidos del periodista independiente es mostrar los problemas que están relegados por el poder y exponerlos como problemas pendientes de solución.

La gente nos pide a los periodistas que la ayudemos a comprender lo que está pasando, con algo de información y con algo de análisis.

Se es periodista mientras se mantiene intacta la capacidad de curiosidad, de enterarse, de descubrir, de investigar. Si el brazo sigue acompañando las palabras, yo no creo que sea necesario retirarse.

Las cenas de periodistas después de un cierre son una fenomenal pérdida de tiempo. En mis tiempos terminábamos el cierre a las doce de la noche y nos quedábamos comiendo y conversando hasta cuatro de la mañana. Creo que he perdido dos años de buenas lecturas…

(Boletín 49 – Marzo de 2002)


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