Hoy Clarín se hace eco de una campaña publicitaria de las tiendas chilenas «Ripley» donde cuerpos encapuchados y atados servirían para vender jeans:

Los avisos fueron retirados o modificados, aunque la agencia insiste en que ve más una semejanza con De la Guarda que con la tortura. Lo que se puede intuir es que en McCann-Erickson (Clarín, lo escribiste mal) quisieron ser transgresores pero no pagar el costo que la transgresión implica.
Primero fue el rock, después el sexo y ahora las drogas: todos esos tabúes fueron cayendo en los medios. Si con CSI estamos acostumbrándonos a ver cadáveres (aunque Anthony Zuiker remarque que muestran los cuerpos menos directamente que en las primeras temporadas), la misión de 24 es naturalizar la tortura.