Durante mucho tiempo dentro del corto lapso que tiene la vida
de la blogósfera, una de las principales normas de los bloguers fue «un post cada día». Para muchos, la regla era «al menos un post cada día» y nos regalaban distintos textos a lo largo de la jornada. De este modo lograban un tráfico acorde a la cantidad de contenido publicado y la fidelidad de los lectores, que premiaban al bloguer con una visita cotidiana.
No es que este mandamiento cuantitativo haya pasado de moda. Pero algunas voces empiezan a considerar que postear todos los días no sólo no es imprescindible, sino que hasta puede ser perjudicial.