«Hay discursos persuasivos que pueden ser desmontados con facilidad mediante discursos más persuasivos todavía, mostrando los límites de una argumentación. Todos ustedes conocer probablemente aquella publicidad imaginaria que dice ‘Coman mierda, millones de moscas no pueden equivocarse’, y que se utiliza a veces para impugnar el hecho de que las mayorías siempre tienen razón. El argumento también puede ser refutado preguntando si las moscas prefieren el estiércol animal por gusto o por necesidad. Cabe preguntarse entonces si, en caso de sembrar los campos y caminos de caviar y miel, las moscas no se sentirían tal vez más atraídas por estas sustancias, y cabe recordar que la premisa ‘Todos los que comen una cosa es porque les gusta’ queda invalidada por innumerables casos de personas que se ven obligadas a comer alimentos que no les gustan, como ocurre en las cárceles, en los hospitales, en el ejército, durante las hambrunas y los asedios, y cuando se realizan tratamientos dietéticos.» (Umberto Eco)
Día: 6 de septiembre de 2007
La plapla existe
¿Se acuerdan del cuento «La Plapla», de María Elena Walsh? Ese en el que Felipito Tacatún dibuja sin darse cuenta una letra nueva, rebelde y patinadora que revoluciona el colegio, pero que la maestra termina confinando a una cajita porque «las letras no han sido hechas para bailar, sino para quedarse quietas una al lado de la otra».
Bueno, estos últimos días la web replicó la aparición de una letra rebelde, sin nombre, pero que bien podría bautizarse como Plapla, a modo de homenaje.
La letra en cuestión es esta: ҉
No todas las computadoras la pueden reproducir, pero los que sean capaces de verla, cópienla y péguenla en la barra de direcciones del navegador y prueben escribir una palabra.
҉ Por forma y por «conducta» si una letra merece llamarse Plapla, es esta.
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