Imaginemos que en un foro de cine alguien quiere conseguir la película “El nombre del juego”. Busca en los listados, pero la única que ve con Travolta y Danny de Vito es “Cómo conquistar Hollywood”. ¿Cómo sabe si es el título que está buscando o una secuela?
El brete lo resuelve akas.imdb.com un subdominio especial de Internet Movie Database. Basta con ingresar el título que queremos consultar y en los resultados obtendremos cómo se llamó la película en todos los países en los que se estrenó, el título original y el título que tuvo antes de su estreno. En el caso del ejemplo, confirmaremos que los dos títulos son de la misma película, “Get Shorty”, uno de Argentina y el otro de España.
Ah, y “Noivo Neurótico, Noiva Nervosa” es el título para Brasil de una película que mientras se producía iba a llamarse “A Roller Coaster Named Desire”, “It Had to Be Jew” y “Anhedonia” y que en Argentina y Venezuela se llamó “Dos extraños amantes”, pero que Woody Allen terminó bautizando “Annie Hall”.
“Humor de miércoles” es un ciclo de humor donde cuatro elencos de comediantes proponen diferentes géneros: desde el standup comedy hasta el más tradicional humor a partir de la interpretación de personajes. Va todos los miércoles a las 20.30 horas en The Cavern Club, dentro del Complejo La Plaza, Av. Corrientes 1660.
Los primeros dos lectores que dejen su email a través del formulario de Contacto del blog, tendrán una entrada gratis para hoy.
Para seguir con el humor, bloopers y furcios de Super Agente 86:
El header del blog de Perfil remeda a “La última cena”, de Leonardo da Vinci, pero en versión cristinista (Cristina x Cristo):
Otra interpretación argenta del cuadro es la ya clásica de Marcos López:
Y en el blog Last Suppers hay una recopilación de 200 versiones más. Algunos ejemplos:
¡Felices Pascuas!
Y a propósito de Los Simpson, el sitio Actualidad Simpson se tomó el trabajo de relevar las referencias cinematográficas en Los Simpson, comparando los fotogramas de la serie con los de las películas citadas. El trabajo es excelente. Como muestra, la comparación entre el capítulo “Cabo de miedo” y la película de Scorsese del mismo nombre:
Existe un modo legal de ver los programas de la televisión yanqui al momento que se emite. Se llama Hulu.
Hulu ofrece gratis decenas de programas actuales y viejos de NBC y Fox para ver desde el navegador de nuestra computadora. Tiene todos los episodios de House, Prision Break, 30 Rock o Los Simpson, pero también series viejas completas como Brigada A, Fama o Mamá y sus increíbles hijos. También hay realities, noticieros, programas periodísticos, deportes y algunas películas.
Tiene tres limitaciones:
1) La programación no está subtitulada.
2) Está en período de beta cerrada, lo que significa que solo es posible registrarse con invitación.
3) Se puede usar solo desde Estados Unidos.
A los que puedan superar el punto 1) les ofrezco una solución para los otros dos.
Para conseguir una invitación, TechCrunch ofrece algunas. Vayan acá y regístrense. Apúrense porque al momento de escribir esto solo quedaban 382.
Para saltarse la barrera del país, existe un programa gratuito muy fácil de usar, llamado AnchorFree Hotspot Shield. Hay que bajarlo, activarlo y listo. Acá hay un buen tutorial para instalarlo.
A nueve años del comienzo de “Los Soprano” y a casi una década del último capítulo de “Seinfeld”, los grandes medios en español parecen descubrir el fenómeno de las series. Una nota en “El País” hace tres meses y otra en “La Nación” esta semana pintan como novedoso un sistema que funciona hace años. Esta bienvenida al mundo de la cultura no es menor: la televisión como medio todavía sigue afuera de las páginas culturales, salvo para ser vituperada.
¿Por qué ahora? Antes seguir una serie no era fácil. Mucho menos seguir varias. Las revista de cable no ayudan con los horarios; hay que tener alrededor de 22 horas disponibles para ver cada temporada y mucho más si se suman todas las temporadas; estar siempre a la misma hora para verla en vivo (y acordarse) o poder organizarse para grabarla…
Pero desde hace no tanto las series se bajan de Internet, se alquilan en un videoclub o se consiguen en el Parque Rivadavia. Y apareció otro televidente, cinéfilo o al menos espectador de cine, que se anima a confesar que ve una serie sin pruritos. No solo ya no es vergonzante, es casi una necesidad cultural. Si hasta aparecen libros como “La psicología de Los Simpson” o “Los Soprano y la filosofía”.
Soy teleadicto desde niño, pero este año dejé de ver el último programa de televisión abierta que veía. Ahora solo veo series. Hay demasiadas buenas y los canales de aire ya no ofrecen nada que me atraiga. Pienso mucho si escribir o no este párrafo: odiaría que suene snob o despectivo. De adolescente podía pasar una hora viendo “Mundo Panaderil” por Canal 2 y en 2007 seguí a “Bendita tv”, el primer Gran Hermano y cachos de “Showmatch”, así que no me voy a hacer el exquisito. Pero los DVDs y VHSs se acumulan y entre las confesiones de Andrea Pietra en “La biblia y el calefón” y las de Nancy Botwin en “Weeds”, no dudo.
Además de ser el reino de los guionistas y de las excelentes actuaciones, hay un elemento que me hace adorar a las series por sobre las películas, que es el mismo que hizo que abandonara los cuentos para ser devoto de las novelas: su estructura. En un cuento o en una película nunca llegamos a conocer en serio a los personajes. En las novelas y en las series sí. Las series se hicieron verdaderamente interesantes cuando abandonaron la idea de que cada capítulo es una unidad independiente en la que todo vuelve a cero al final del episodio, como si fuera un grupo de cuentos con los mismos personajes. Para la generación de series adultas, cada episodio es como el capítulo de una novela (en eso, las telenovelas latinoamericanas fueron pioneras). Por eso “Los Simpson” es una serie del viejo estilo, mientras que la legendaria “Twin Peaks” puede meterse entre las nuevas.
Las dos horas de una película no alcanzan. Hacen falta 54 horas para entender a Tony Soprano, solo, separado de su mujer, mirando un cuadro del Rat Pack. 73 horas para comprender por qué Gregory House pone un cuchillo en un enchufe. 68 horas para reírse cuando Elaine conoce a las versiones opuestas de Jerry, George y Kramer. 60 horas para que la muerte de Nate Fischer se parezca a la de un ser querido.
Como se ve en la foto de abajo, el primer modelo era más respetuoso del espacio social que los que lo sucedieron. Los que querían escuchar la música, se ponían los auriculares y el resto hacía sus cosas en silencio, sin tener que padecer el tema que le gusta al que puso la moneda en la máquina.
Claro que con el sistema original no se podía bailar ni tomar algo en la mesa, pero también tenía la ventaja de ser un elemento de socialización para acercarse a desconocidos que compartían nuestros gustos musicales.
La Real Academia Española traduce jukebox como gramola, pero no es una palabra que hayamos usado. Rockola (un tipo de jukebox) sí se conoció en español. Wikipedia ofrece también sinfonola, tragamonedas o el descriptivo “Máquina de discos”.
¿Me equivoco o vimos más jukeboxes en la tele y el cine que en la vida real? ¿Me equivoco o empezamos a ver jukeboxes con su retorno vintage más que los modelos originales, lo que nos hizo nostálgicos de algo que no vivimos?
La miniaturización benefició a todos los dispositivos de reproducción de música, menos al jukebox. No puede ser mucho más pequeño porque su valor estético como artefacto es su sello a la par de su capacidad para reproducir música a pedido. Un hipotético ipod-jukebox duraría poco en un bar. Y el monitor de una computadora llena de mp3s acabaría con el aura de este aparato tan infame como querible, expendedor de golosinas auditivas programadas por prepotentes DJs de bricolaje.
Nadie acotó23 de Noviembre de 2007por Diego Rottman
Ayer los programas de recauchutaje de segmentos de la tele se mofaron de Gerardo Sofovich a raíz de declaraciones en lo de Majul, lo de Susana y en su propio programa asegurando ser el creador de la mayoría de los famosos argentinos. Se atribuyó haber “inventado” a Celina Rucci, Miguel Angel Cerutti, Susana Giménez (en cine y en tv), “Cuestión de peso” y los programas de recauchutaje de segmentos de la tele, entre otros.
Aunque suena soberbio, no es extraño que tantos hayan comenzado con él tratándose de alguien que durante cuatro décadas fue responsable de proyectos de cine, tv, teatro y hasta gráfica y radio (condujo un programa con Lucho Avilés donde recuerdo haber escuchado a Charly García presentar Clics Modernos). Su talento para perdurar tiene que ir de la mano de su talento para descubrir figuras.
Es cierto que también hay verdades ajustadas. Se atribuye haber hecho debutar a Pergolini en tv y eso no fue así o el mérito por los programas de Polosecki, que es casi faltarle el respeto a Polosecki.
Pero no seamos tan estrictos, que por eso estamos escribiendo un blog mientras él está paseando en su yate. Lo cierto es que todos, pero todos, están vinculados a Sofovich. Hasta puede decirse que yo soy un invento de Sofovich, pero esa es una laaaaaaarga historia que dejo para otro día.
Pensemos: de los medios, el que no empezó con él, empezó trabajando para alguien que empezó con él (¿qué hubiera pasado si Gerardo no descubría a su jefe?). Pero también los espectadores de tv, ¿quién no debutó como televidente viendo “Operación Ja ja”, “La Peluquería de Don Mateo” o “Polémica en el bar”?. Y aún más, ¿quién no debutó como onanista con Yuyito González, Noemí Alan o Jessica Cirio? Y su área de influencia no se limita a los seres humanos: ¡si hasta la jirafa que está ahora en el zoológico fue un invento suyo de cuando tuvo la concesión!
Redoblemos la apuesta y no nos limitemos a la Argentina. Con una herramienta especial podremos descubrir los lazos ocultos que unen a cualquier celebridad (cualquiera en serio: Kevin Bacon, Sophia Loren, John Travolta, Daniel Day-Lewis) con Gerardo.
Pongan el nombre en la ventana de acá abajo y presionen el botón “Inventar” y tendrán la explicación de cómo el cortador de manzanas más famoso se relaciona con cualquier estrella mundial.
¿Vieron que Sofovich no exageraba?
6 acotaron21 de Noviembre de 2007por Diego Rottman
El diario británico Metro consiguió la mejor refutación de que el todo es más que la suma de las partes. Pidió a sus lectores que seleccionaran las zonas más bellas de las celebridades más hermosas. Con los resultados, y armado digital mediante, diseñaron los rostros del hombre y la mujer soñados, una suerte de monstruo de Frankenstein, pero contratable por Revlon.
Con los que alguna vez fueron hippies en la cima del poder, está comenzando una guerra mundial donde suena lógico que las armas sean bienes culturales.
Con los grandes grupos transnacionales facturando más que el PBI de algunas naciones, que dos grandes corporaciones se enfrenten, merece atención.
La historia comenzó en noviembre de 2006 cuando Universal Music Group le hizo un juicio a la red social MySpace alegando violaciones al copyright al permitir que sus usuarios compartieran música y videos, entre otros, de este sello.
Pero además de la demandada MySpace, News Corp. es propietaria de Fox, una de las principales cadenas de tv. Y a partir del juicio, devolvió el golpe con una prohibición para que ningún programa o película de Twentieth Century Fox usara temas musicales de Universal.
Irónicamente, los más perjudicados con esta medida fueron los productores de Fox, que a la hora de elegir cómo musicalizar sus programas se vieron privados del mayor catálogo musical del mundo. “Fue como hacer mi trabajo con una mano atada”, definió Billy Gottlieb, supervisor musical de “Journeyman” y “Bones”. Otros programas como “American Dad” o “My name is Earl” también sufieron las limitaciones: “un show como ‘Earl’ se basa en el rock clásico y Universal tiene buena parte de esos temas”, le dijo a Wall Street Journal Kevin Edelman, supervisor musical de la serie.
Ahora la veda fue levantada y Edelman dice sentirse “aliviado”. Universal parece haber ganado esta batalla: no va a suspender el juicio contra MySpace y tampoco sus finanzas se vieron afectadas con la prohibición.
Pero la “guerra cultural” acaba de empezar. La semana pasada Warner Music, otra de las grandes compañías musicales, impuso un boicot a la tienda musical de Nokia: no venderá música allí mientras Nokia no tome medidas contra otro de sus sitios, Mosh, donde los usuarios intercambian música y videos sin respetar el copyright. Los otros sellos, más pragmáticos, decidieron “darle una oportunidad a la paz” y no desaprovechar ese codiciado punto de venta.
Nadie acotó6 de Noviembre de 2007por Diego Rottman
En el boletín de Periodismo.com de este mes escribí “Réquiem para la tv por cable”, donde opongo a la tv por cable con las nuevas tendencias televisivas que propone la web. El análisis es global, pero el cable local también da motivos para quejarse.
Las tandas encabezan la lista. Que por un servicio pago haya que tolerar segmentos publicitarios comparables a los de la tv abierta irrita. Y está prohibido. Ni que hablar de los bombardeos comerciales en los canales infantiles: ¿a nadie le preocupa esta andanada de avisos directo a la cabeza de chicos de tres años? Lo paradójico es que expuestos a la batalla por el rating, los canales de aire casi están eliminando las tandas para evitar la fuga de espectadores.
La revista con la programación es otro motivo. Multicanal/Cablevisión la cobran o sino “regalan” una guía inútil. Telecentro, en cambio, solo ofrece la guía inútil. Las películas se limitan al título, género e intérpretes, con lo que hay que ser un cinéfilo para conocer de qué hablan o acudir a la web. Las series directamente desaparecieron de la programación, con lo que solo queda ir a los sitios de los canales para enterarse a qué hora pasan determinado programa.
Y aquí llega la tercera queja: los sitios oficiales de las señales. Estas webs tienen dos estados posibles: desactualizado o innavegable. Muestran programas viejos o con husos horarios de otro país o están diseñados en Flash y hay que hacer un curso para llegar al horario que necesitamos. Mucha musiquita, mucho wallpaper, pero díganme a qué hora repiten “The Office”.
Y esto nos lleva a la cuarta molestia: la falta de respeto por los horarios. Hace varios años que ternamos como bochorno del año en el Premio Don Segundo Sombra a “Los cambios de días y horas de los programas” y siempre gana o sale segundo. Este vicio de los canales de aire ahora empieza a verse en el cable. Ejemplos: Sony reemplazaba “30 Rock” y “‘Til deadth” con “Fusion A2″ sin avisar o cuando Warner pasó el último capítulo de “Six Feet Under” media hora más tarde. Muchos televidentes graban sus programas favoritos y estos cambios atentan contra los que pretenden seguir una serie.
Por último, la degeneración del punto anterior: modificaciones caprichosas de los contenidos. Ya nos malacostrumbramos a que cuando en la tv abierta un programa que ya está grabado no mide, se lo cambia de horario o se lo acelera cortándolo, pero nunca había pasado algo así en el cable. Ahora pasó. Warner decidió quemar a la prestigiosa serie “Studio 60″ a razón de dos capítulos por semana sin previo aviso. El problema fue que en su repetición de los domingos pasaban uno solo de esos dos capítulos, con lo que los que la grababan ese día (mi caso) ¡veían un capítulo sí y uno no! Un desaguisado que, en la tierra de nadie que es el cable, pasó como si nada.
10 acotaron5 de Noviembre de 2007por Diego Rottman
Al final Macri no nombrará a Luis Hernán Rodríguez Felder como ministro de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. Ex titiritero y editor de libros de manualidades, primeras letras, maquillaje, bricolage, chistes, infantiles y de cocina, Rodríguez Felder había seducido a Macri con su perfil de empresario exitoso, su buena relación con la Iglesia y una anécdota en la que cuestiona la idea de ser “culto”, cuando un avión lleno de intelectuales cae en una jungla y es rescatado por un “indiecito analfabeto” que los alimenta y les enseña a sobrevivir.
Ayer, la legislatura de la ciudad, nombró ciudadano ilustre a Bernardo Ezequiel Koremblit . El merecidísimo homenaje fue impulsado por el macrista Mario Morando. Pero para justificar la elección argumentó que Koremblit transmite “cultura con buena onda”.
Asi que, a no ilusionarse con el cambio de nombres: la cultura PRO tiene que tener buena onda, indiecitos, empresarios, títeres y bricolage. Y no tiene que tener intelectuales (salvo que sepan sobrevivir en la selva).
Por eso, mientras esperamos el nombramiento de Raúl “Hop Hop” Portal como ministro de Cultura (¿o conocen a alguien que tenga más buena onda que él?), aquí algunas obras que podríamos haber visto durante la gestión de Rodríguez Felder:
El canal de la ciudad
La primera medida de Macri fue anunciar el cierre de Ciudad Abierta, el canal porteño. Pero Rodríguez Felder lo hubiera mantenido, pero cambiado: “Quiero un canal que no espante a la gente. [..] al actual canal Ciudad lo mató lo mismo que a Fashion TV. [..] Fashion TV, el canal de la moda, era un canal que pasaba presentaciones de modelos, entrevistas a modistos, chicas preciosas, estaba muy bien hecho. Un día empezaron a «renovarlo». Cambiaron su estética, su diseño, pusieron unos clips largos, vanguardistas, y el canal se vino abajo. Ahora están tratando de recuperar su imagen anterior para recuperar al televidente.”
El nuevo Ciudad Abierta, dirigido por Pancho Dotto, iba a tener un espacio conducido por Paulo Coelho (lectura favorita de las modelos), desfiles de escritores, entrevistas a íconos de la cultura realizadas por Luli Fernández y, por supuesto, una tira en prime time dedicada a las novedades de la Editorial Imaginador, de Felder, conducida por los títeres Carozo y Narizota.
Títeres, títeres y títeres
Para llegar a los más jóvenes, el ex-titiritero hubiera alentado videoclips como este hecho con sombras chinescas:
Defiende a su gremio y a la vez estas producciones no dan pérdidas por su bajo presupuesto.
Bancado por la Iglesia, hubiera prohibido las películas pornográficas, salvo las que no mostraran desnudos, como esta:
El futuro del Centro Cultural Recoleta
Dice Página/12 que Rodríguez Felder “mostraba una inquina notoria hacia el Centro Cultural Recoleta”. Pues bien, allí ya no se hubieran visto más obras de vanguardia, sino que se habría transformado en un espacio para el bricolage, una de las temáticas principales de su editorial.
Dirigido por el indiecito que enseñó a los intelectuales, repatriado desde la selva, hubiera habido talleres de macramé, modelado en yeso y batik. Los cursos iban a estar abiertos a cualquiera, siempre que pagara el arancel correspondiente, porque la cultura no puede dar pérdidas. Al finalizar cada obra, se expondría en las salas para todo el público (siempre que pagara la entrada correspondiente, porque la cultura no puede dar pérdidas).
Que le vamos a hacer, nos lo perdimos. Otra vez será…