En el Congreso de Medicina Ciudadana
29 de enero de 2010 por Diego Rottman
(Última entrega del “Manual de zonceras digitales”, publicada en el boletín 137 de Periodismo.com de diciembre de 2009)
"Estimados colegas. Ni ustedes ni yo somos médicos. Pero estamos reunidos hoy en este Primer Congreso de Medicina Ciudadana porque nos interesa la salud y consideramos que no hace falta un título ni estudiar para curar a otra persona. Con las nuevas tecnologías, Wikipedia y un poco de práctica, cualquiera puede ser doctor. ¿O acaso cuando alguien se desmaya en plena calle el que lo ayuda es un doctor dipomado? No, es un ciudadano preocupado, casi siempre sin experiencia médica ni estudios en la materia. A hacer respiración boca a boca se aprende en diez minutos, no son necesarios cinco años de exámenes y una residencia ¿Para qué pagarle a un médico si en Google encontramos la respuesta gratis y en segundos?¿Por qué gastar una fortuna en una medicina prepaga si alguien en Twitter nos puede decir qué remedio tomar cuando nos duele algo? En pleno Siglo XXI hasta es posible diagnosticar una apendicits con el iPhone. Porque, digámoslo, los doctores no son infalibles: vean sino los cientos de casos por mala praxis que llegan todos los meses a los tribunales."
Este alocado discurso, que resulta ridículo si se habla de medicina, se repite todo el tiempo para referirse al llamado Periodismo Ciudadano, la mayor de las zonceras digitales. Confundir con periodismo al valioso aporte de material fotográfico o de video por parte de testigos de accidentes, catástrofes naturales o atentados es pretender igualar al que hace respiración boca a boca en la calle con un cardiólogo. Desmerecer la experiencia o los estudios de un periodista profesional porque con las nuevas herramientas cualquiera puede opinar ignora el resto de las prácticas que arrojan como producto una noticia, incluyendo el relevamiento de más de una fuente (cosa que casi nunca se hace en el periodismo ciudadano), el recabar y procesar información, la redacción inteligible y atractiva y, eventualmente pero no necesariamente, una opinión. Es probable que se respete más la opinión de un amigo de Facebook sobre una película que lo que escribe un crítico de cine, pero eso no transforma al primero en periodista. Y que haya malos periodistas y mal periodismo no invalida que haya excelentes periodistas y medios que apuesten al periodismo de calidad.
La cruel verdad es que, salvo excepciones como Ohmynews, los portales de periodismo ciudadano fracasan inexorablemente. Es que si existe un ciudadano capaz de cumplir eficientemente y en forma rutinaria con las prácticas periodísticas no es un periodista ciudadano, es un periodista. Cubrir episodios que no sean de nuestro interés, escribir con periodicidad y dedicarle el tiempo necesario a la tarea de reportero son obligaciones que el periodista ciudadano no está dispuesto a padecer, mal pago o trabajando gratis y generalmente con otra ocupación como modo de vida.
A pesar de la explosión de comunicadores amateurs, la agenda periodística todavía la siguen manejando los medios tradicionales, que acudirán deseosos de material a las redes sociales cuando suceda una noticia no programada. Le compran el múltiple choque al ciudadano no por su talento para mostrar una noticia, sino nada más que porque ellos no pudieron estar allí en ese momento.
Y después está el costado moral del asunto. En su nota "After Fort Hood, another example of how ‘citizen journalists’ can’t handle the truth", Paul Carr se lamenta por la cobertura en Twitter de la masacre de Fort Hood, donde los populares tuiteos de un testigo resultaron erróneos o violaron los códigos militares y de salud de EE.UU. (donde esta prohibido sacar fotos en un hospital). Carr argumenta que las redes sociales nos están transformando en egoístas inhumanos donde la mirada de un recital es a través de la pantalla de un celular aunque estemos allí, donde importa más que nos miren mirando que participar del acontecimiento ("¿para qué necesita el mundo dos centenas de fotos de la misma banda en el mismo escenario, todas tomadas a a vez desde casi el mismo ángulo?", se pregunta). Donde, frente a un accidente automovilístico, usamos nuestro teléfono, pero no para llamar al 911, sino para retratar a los autos destrozados. Reflejo de periodista ciudadano, voyeur mirando para sus voyeurs virtuales en lugar de involucrarse con su prójimo real. Desde esa perspectiva, hasta valdría más impulsar la medicina ciudadana que seguir alentando a su equivalente periodístico.
Diego Rottman
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5 acotaron Acote...
1. Meursault | 1/02/2010 a las 11:39
El problema, más que los “periodistas ciudadanos”, son los periodistas profesionales. S bien inicialmente se originó como una profesión que buscaba la verdad, hoy eso es la excepción más reducida de todas. Hoy, los periodistas no chequean fuentes, y sólo buscan operar, acomodando los hechos de acuerdo a sus intereses o a los de los dueños de los medios en los que trabajan o del anunciante de turno.
2. Diego Rottman | 1/02/2010 a las 11:52
Coincido. Pero eso no habla mal del periodismo, sino de buena parte de los periodistas (no de todos). Para seguir con el paralelo con la medicina, son casos de “mala praxis”.
3. Meursault | 3/02/2010 a las 10:41
Claro, pero en la medicina, frente a la “mala praxis”, marche preso en la justicia penal y a pagar en la civil. Los periodistas, con su gran poder de lobby han logrado que se aplique la teoría de “la real malicia” y ahora la modificación de los delitos de calumnias e injurias. Conclusión: Son muchos más los periodistas que hacen mal su trabajo que los médicos, pero las condenas recaen en los segundos y no en los primeros.
4. Mauro | 3/02/2010 a las 13:09
Coincido con Meursault. Sumo a ello que además existen muchisimos periodistas que por ineptiud cometen crasos errores (incluso ortográficos!!) y que -a diferencia de los médicos- no serán nunca “condenados” por ello. Parafraseando a José Pablo Feinmann: “cualquier pelotudo escribe en un diario”.
5. Jorge Heili | 18/02/2010 a las 12:43
Diego, realmente me parece excelente la analogía y la reflexión. También es cierto que estamos pasando un momento crítico en el periodismo profesional, porque al menos en la experiencia de trabajar sobre integraciones y convergencias en distintos países, sufrimos un grave problema de falta de adaptación del periodista profesional que tiene a mano las herramientas tecnológicas más espectaculares que hayamos visto.
Que el periodismo se ha viciado, no hay dudas, quizá en ello radique el éxito de ese periodismo ciudadano, que finalmente muestra un hecho sin más. Claro que es paupérrimo lo que se ofrece, pero creo que el problema lo tenemos mucho más los periodistas y no la gente. Como dijo Alex de la Iglesia sobre los actores en los Goya: “Tenemos la casa llena de posters mirándonos el ombligo, y en realidad somos trabajadores, estamos para ofrecerle a la gente algo que quiere ver”. Los periodistas estamos en las mismas, si no fuera así, quizá no tendríamos ‘periodistas ciudadanos’
¡Acote!
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