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Fe de erratas se busca

26 de agosto de 2009 por Diego Rottman

(Tercera entrega del “Manual de zonceras digitales”, publicada en el boletín 129 de Periodismo.com de abril de 2009)

Cada 1º de abril los anglosajones festejan April Fools’ Day. En esos países, como el 28 de diciembre en los de habla hispana, es un día consagrado a gastar bromas. Cada vez son más los medios de comunicación que se suman al ritual e incluyen en su agenda informativa, alguna noticia inventada. En su entrada sobre el tema, Wikipedia resume algunos de los casos más notorios de bromas de la prensa en ese día.

El problema es cuando los medios digitales, acostumbrados al copy & paste, refritan o fusilan estas noticias como si fueran verdaderas. Así, este año, el diario británico The Guardian anunció que, tras 188 años de editarse en papel, a partir de ahora iba a publicarse exclusivamente en Twitter, la aplicación de moda del momento. Era una broma, pero varios medios, entre los que estaban el ABC de España, se hicieron eco de la noticia dándola por verdadera.

Pero las equivocaciones no son privativas de estas dos fechas. Cada día aparecen en los diarios online noticias de dudosa autenticidad que nadie se ocupa de rectificar. En un extremo están las noticias falsas, aunque la gama es más amplia. Errores de traducción, títulos que malinterpretan el contenido, conclusiones erradas a partir de estadísticas (como releva desde hace años Malaprensa) y hasta supuestas novedades que pasaron hace varios años.

En este último grupo, hace algunos días se cometió una gigante. Varios portales de actualidad, entre ellos Infobae y Ámbito anunciaron que Winona Rider "hizo alarde de su costado más hot en una sesión para la revista ‘The Face’ en la que se la animó a quitarse el sostén". Pero lo que se presentaba como una noticia, había sucedido hace ¡quince años!. No la semana pasada o el mes pasado, ¡era una "novedad" del siglo pasado! A tal punto que la aludida revista The Face dejó de editarse en el año 2004.

Los medios digitales se manejan con una impunidad que los impresos no tienen. El error en un papel impreso es contundente. En la web pasa a ser una página más entre miles de millones. Y nadie debe quejarse: al fin y al cabo es gratis. Estas zonceras alumbran espacios informativos sin correctores, sin una jerarquía que permee la calidad de la información, sin balances sobre el contenido publicado y sin una reflexión ética sobre el material periodístico que se da a conocer.

Pocos medios online incluyen al final de cada noticia la posiblidad de que sus lectores reporten algún error. De los que lo permiten, no todos terminan corrigiéndolo. Ante una errata, un medio digital debe mantener la noticia y dar cuenta de la equivocación, de un modo destacado y en la parte superior de la página. Algunos lo corrigen en silencio. Otros optan por esconder la suciedad bajo la alfombra y eliminan el archivo. Reacciones cuestionables, pero al menos son reacciones. Lo que no debe hacerse nunca es mantener el yerro. Como Clarín.com, uno de los medios más leídos de habla hispana, que mantiene con tozudez cada equivocación que comete en su sitio web. En un soporte que permite corregir al instante cualquier error, no rectificarse es el peor error.

Diego Rottman


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