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Las 5 Ws del regreso de Lanata

16 de abril de 2012 por Diego Rottman

¿Quién?

Cada vez que se hace una encuesta seria sobre quién es el periodista más conocido o creíble en Argentina, invariablemente Jorge Lanata encabeza los listados. Aparte, su figura interesa: cuando le hacen un reportaje, los medios online logran que esas notas figuren entre las más leídas y su regreso a la radio y a la tele, demuestran que también tiene rating.

En medio de la polarización política argentina, que se traslada en el periodismo a la dialéctica periodismo militante-periodismo independiente (en términos acuñados por cada uno de los bandos), Lanata decidió ubicarse en la vereda del periodismo independiente, lo que se traduce en una implacable crítica al kirchnerismo, similar a la que hacía en los ’90 con el menemismo. A diferencia de sus discípulos Ernesto Tenembaum y Marcelo Zlotogwiazda, que eligen ser menos tajantes. Esta postura le valió el repudio de muchos de sus otrora seguidores, ahora simpatizantes del gobierno o militantes oficialistas.

¿Dónde?

Entre sus declaraciones recurrentes está la que afirma que, pese a que lo echaron y se fue de varios lados, él nunca se va a morir de hambre. Dice “siempre puedo generar un programa en una radio trucha y tener audiencia”. Sus últimos años en el cable parece confirmar esta teoría. Entonces, ¿por qué tenía que volver a la tv abierta? y ¿por qué en Canal 13?

Esta es la explicación que le dio a Clarín, parte del grupo que ahora lo contrata:

El otro día, un pibe me dice ‘¿Por qué laburás en el Grupo Clarín? Yo te seguí toda la vida, vos lo criticaste mucho y ahora estás acá’ . Y yo le dije ‘Depende de cómo uno lo vea. Te voy a decir cómo lo veo yo. Competí muchos años con Clarín . Es más, tuve grandes quilombos con Clarín.

No nos vendían papel… Yo critiqué lo de Papel Prensa y lo sigo criticando hoy. Pero en el caso de Papel Prensa es mucho mejor que sea privado a que sea estatal. Porque si el Estado reparte el papel como reparte la publicidad estamos perdidos… Le van a dar 10 páginas a La Nación y 4 mil a Tiempo argentino . Y con respecto al tema del monopolio, no estoy de acuerdo con que existan los monopolios. Ahora vos miralo desde mi lado: me pasé la vida tratando de que la prensa tradicional levantara nuestras notas. Antes tirábamos a la mitad del gabinete de (Carlos) Menem y nadie ponía una puta línea. Ahora yo estornudo y salgo en La Nación y tengo 40 mil clickeos (en Internet) . ¿Quién ganó? No sé, pero, por distintos motivos, en este momento tenemos coincidencia de intereses. Lo que me parece que tenés que preguntar es si hago un programa distinto hoy al que hubiera hecho hace 10 años. Y la respuesta es no.

Yo no lo vivo como que gané, ni como que perdí. Creo que la situación cambió y sé que voy a hacer acá el mismo programa que haría hoy en América. En realidad, mejor, porque tengo más producción. ¿Qué voy a decir? ¿Que no? Ni en pedo. ¿Por qué no voy a querer laburar en el segundo o primer canal del país? Sería un idiota.

Más llamativo es el caso del Grupo Clarín. Mientras dirigía Telefé, Gustavo Yankelevich se quejaba de que los únicos espacios sobre los que no tenía poder eran el noticiero y “Tiempo Nuevo”, de Neustadt. Ahora su hijo acaba de deshacerse de CQC, lo único más o menos político que quedaba en la emisora. Distinto es el Canal 13 del Grupo Clarín que siempre derivó a TN sus envíos políticos, primero solo con “A dos voces”, con Majul-Bonelli y luego sumando otras propuestas.

Hasta hace poco Lanata era invisible para las propiedades de Clarín. Desde hace unos meses tiene programa propio en tv abierta y radio y hace apariciones estelares en Clarín, TN, Telenoche y hasta Soñando por Bailar.

Por eso, la pregunta no es solo “¿Por qué Jorge Lanata estuvo nueve años sin presencia en la tv abierta?” sino, sobre todo, “¿Por qué Lanata vuelve justo ahora a la tv abierta y de la mano del grupo Clarín?”

¿Por qué?

Lo que ahora aparece como diferencias sutiles o, en términos que usó en otra oportunidad, “estar del lado del más débil” fue, a fines de los ’90, la causa de su salida de Página/12, diario que fundó y que abandonó cuando Clarín lo terminó comprando. Eso no es un rumor o me lo contaron, nos lo dijo él a Jorge Bernárdez y a mí cuando preparábamos su biografía para el libro “La rebeldía pop”.

Mientras dirigió Crítica, Lanata siguió denunciando las distintas políticas de Clarín, especialmente en relación con Papel Prensa. ¿Por qué, entonces, el cambio, dejar los canales de Turner y transferir su credibilidad a las propiedades del grupo de medios que criticó toda su vida? ¿Solo por dinero? No cierra.

“En este momento tenemos coincidencia de intereses”, dice Lanata en la nota de Clarín, sin que el periodista le repregunte en qué consistirían esas coicidencias. Pero igual, un 1% del sic de Lanata citando antes hubiera sido impensable que apareciera en Clarín hace apenas un par de años. Clarín y sus medios tuvieron que cambiar, a la fuerza de la guerra con el gobierno y, en mucha menor medida, del embate de los medios oficialistas de mayor llegada, como 678.

¿Cuándo?

Es que las verdaderas consecuencias de esta guerra se empezaron a ver recién en el último trimestre de 2011 cuando las acciones del Grupo Clarín SA, de buen rendimiento, se derrumbaron. Las ventas de su buque insignia, el diario, vienen cayendo desde hace seis años. El 13, sin Tinelli, perdió ante Telefé su breve liderazgo. Y Cablevisión, el corazón de su facturación, sigue en batalla judicial. Es decir, peleas con el Gobierno, pueden soportarse, pero no me toquen el bolsillo.

Me queda la sensación de que el Grupo Clarín necesita más de Lanata que Lanata del Grupo Clarín.

¿Qué?

Estos antecedentes no pueden obviarse para un análisis completo de lo que se vio en el primer programa de “Periodismo Para Todos” (PPT). Pero falta un elemento más. ¿Qué es hoy un programa político para la tv abierta? No es un programa como los que se ven en cable seguro, no puede ocuparse solamente de la política, tiene que apelar al impacto y al show a costa de simplificar algunos datos, tiene que tener ritmo, no puede ser solemne o formal, debe ser visual. Pero por sobre todo, debe tener rating y facturación.

¿Cómo?

Cuando analizamos el primer mes de Crítica, partimos de su afiche promocional. Vale la pena recordarlo:

El diario de Lanata se presentaba como la síntesis del resto de los diarios. Tal vez abrumado por la responsabilidad y con poca confianza en el género de periodismo político en tv abierta que lo hizo famoso, decidió que su programa sea la síntesis de todos sus programas previos. Y, de paso, sumó algunos más.

PPT (una sigla ya de por sí reciclada) es un collage de: Dia D, La Luna, sus monólogos del Maipo, sus documentales, CQC, La Cornisa, 678, Tato Bores, Michael Moore y, con el estúpido sketch con el imitador de Boudou, del viejo Showmatch.

En una nota algo envidiosa, ya Majul se ve venir esta falta de confianza y detecta elementos de su factoría, como las entrevistas a estrellas del espectáculo o los temas sociales.

Lanata parece decir: “sé que la política es aburrida y difícil de entender, yo se las voy a simplificar los máximo posible, por favor, no me cambien de canal que yo les hago el zapping acá adentro, les doy todos los programas en uno para que pasen una amena noche de domingo”.

Si no es por esta falta de confianza en el género, no se entiende cómo es posible que esperara media hora para una introducción al Boudugate (introducción más radiofónica que televisiva, un pecado impensable en Lanata) y ¡42 minutos! tardó antes de dar a conocer la interesante nota con Piluso Schneider, el supuesto titular de The Old Fund.

Es lícito el planteo de “voy a ser Tato Bores, pero con información”. Página/12 era información con titulares divertidos. En PPT la información fue por un lado y el humor por el otro. Y si algo siempre supo Tato Bores es saber que los guionistas son fundamentales para hacer humor político. Acá el humor fue entre fallido y patético.

Tampoco fue feliz la entrevista con Pergolini, que buscó condensar a la fuerza en pocos minutos un clima que Lanata lograba generar en una hora de charla, tanto en La Luna como en La Hora 25.

¿Y que decir del espacio de archivo, donde se mostró a un Víctor Hugo crítico del gobierno? ¿Que Lanata se la pasó criticando a 678 para terminar haciendo lo mismo y peor? ¿O que también se lo puede mostrar a Lanata en segmentos de archivo criticando al grupo Clarín?

No. Aunque busque rodearse de recetas exitosas, el éxito de Lanata está en su propuesta de siempre, el periodismo político de show: las denuncias de corrupción. Es lo que sus seguidores esperan de él. Y el Boudugate le cae como anillo al dedo. Muchos dicen que “el denuncismo” está pasado de moda. El rating que tuvo Lanata en su primer programa lo desmiente. Pero encontrar un Watergate por semana tiene dos riesgos:

1) hay que encontrarlo y
2) que la gente se termine aburriendo y haga zapping con Francella que, al menos por ahora, sigue siendo más gracioso que Lanata.


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