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ReviewMe: un nuevo desafío a la ética periodística

13 de noviembre de 2006 por Diego Rottman

Todos los días los medios publican alguna noticia sobre la creciente influencia de los blogs. Dos ejemplos:

Ayer ABC tituló “La blogosfera, con 100.000 bitácoras nuevas al día, empieza a ejercer como quinto poder” una nota con datos de David Sifry, fundador de Technorati. Allí se lee:

Cada vez más blogs se cuelan en las listas de los medios de comunicación más vistos, páginas personales «combatiendo» en la arena de los grandes medios. «The New York Times» encabeza la clasificación del tercer trimestre del año, pero entre las cien primeras direcciones hay una docena de blogs, de páginas personales, la mayoría del sector tecnológico.
«El blogging sigue jugando un papel crítico en el debate de los asuntos importantes de nuestro tiempo», dijo Sifry en la presentación del informe. Los blogs políticos influyen cada vez más en el «estado de opinión» (la palabra más buscada tras las elecciones en Estados Unidos fue Rumsfeld). Los periodísticos, también. Y los relacionados con el consumo tecnológico, aún más. Esa presencia creciente y relevante ha llevado a distintos teóricos a sacar de la chistera el término «quinto poder».

Hoy Baquía se hace eco de un estudio realizado en Europa que revela que los blogs son más fiables que los anuncios de televisión:

De los 2.200 europeos encuestados, alrededor de un tercio dijo que había cambiado de idea sobre alguna compra después de leer comentarios negativos de otros usuarios en Internet, y el 52% afirmó que se habían convencido a comprar algo después de ver críticas positivas en un blog.

Y como donde hay una tendencia hay un nicho comercial, ReviewMe viene a explotar este poder de opinión que se han ido ganando los bloguers con un modelo de negocio que consiste en pagar para que los responsables de weblogs opinen sobre productos y servicios.

Para probar el poder de la idea, comenzaron ofreciendo entre 20 y 200 dólares a aquellos que acepten reseñar al mismo ReviewMe en sus posts. Para relevar el éxito de la campaña, solo basta seguir el link a esta búsqueda: al momento de escribir esto ya eran 1649 los posts que hablaban sobre el sitio a cambio de unos billetes verdes (o 1650 si se suma el post que están leyendo, por el que me pagarán 50 dólares).

Como si se tratara de un medio tradicional, hay 48 horas para escribir y la extensión no debe ser menor a las 200 palabras. Pero lo que lo hace verdaderamente interesante es que no hay ninguna injerencia sobre el contenido y que obligan a poner que se trata de una reseña paga. Es decir: si el producto o servicio no nos gustó podremos criticarlo que vamos a cobrar igual. Y además nuestros lectores siempre estarán al tanto de los casos en que nuestras opiniones fueron remuneradas.

Transparencia con el lector, independencia frente al “anunciante”, dos cosas de las que los medios tradicionales no pueden jactarse y que este sistema garantiza. Sin embargo, sigue haciéndonos ruido. ¿Es ético el sistema? Los bloguers que se ocuparon de ReviewMe dicen que, de no haber recibido el dinero, habrían escrito igual porque les parece una buena idea para dar a conocer a sus lectores. La pregunta que me hago es qué pasaría si ahora apareciera una competencia de ReviewMe, pero que no paga para difundir el modelo, ¿lo reseñarían gratis? ¿serían igual de ecuánimes?

Por otra parte, la idea se mostró en plenitud con este primer anunciante, porque todos usamos el sitio y nos vimos obligados a seguir todos los pasos desde el registro hasta el final del proceso para poder cobrar nuestros morlacos. Pero ¿qué va a pasar con productos como discos o películas, bienes culturales de no tan fácil acceso? ¿O con empresas que paguen para reseñar un mismo producto varias veces?

El dato no dicho es que cuando se trata de sitios, hablar aunque sea mal, ya implica desatar un efecto viral de visitantes, pero también un aumento del PageRank, una de las variables que usa Google para posicionar sus resultados, basada en la calidad de los enlaces hacia un sitio. En la web, más que en ningún otro lado, there’s no such thing as bad publicity.

Tal vez una consecuencia no buscada desde el lado de los anunciantes sea que con cada reseña se puede beneficiar indirectamente a la competencia. Muchos de los artículos que hablaron sobre ReviewMe se refirieron también (aunque negativamente) a Pay per post, de similar funcionamiento pero sin las virtudes de ReviewMe.

En cuanto al contenido, vi mucha truchada: en general los blogs más que analizar o criticar el servicio, lo describen. Cómo desalentará ReviewMe el copy-paste entre blogs es otra de las incógnitas no aclaradas. Lo lindo es que por fin veo laburar a muchos blogs que sólo se dedican a linkear y que con esto tienen que escribir al menos 200 palabras.

Por último, si bien es cierto que las empresas no exigen reseñas positivas, el sistema permite revisar las últimas opiniones escritas por cada bloguer antes de decidir pedirle que comente sus productos. Veremos cuántos son los anunciantes que se atreven a darle assignments a bloguers con un historial de críticas negativas…

Ojalá que funcione. Porque más allá de las críticas que enumero, parece ser una buena idea y un buen negocio para todas las partes.


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