Amas de casa desesperadas

Aunque estas semanas la mitad del top 10 de libros de no ficción está ocupado por la dupla Pigna-Paenza (tres libros el historiador, dos el matemático), se están colando un par de títulos que también pueden agruparse.

Son «Cómo poner límites a los hijos» y «Mi marido envejece ¿qué hago?». No hace falta comprarlos para saber de qué tratan, los títulos son suficientemente explicativos. Aunque «Mi marido envejece ¿qué hago?» puede generar un par de preguntas: ¿la esposa sigue jovencita eternamente? y ¿por qué ella debería hacer algo con su marido? a menos que le dé un infarto, en cuyo caso debería llamar a la ambulancia, lo único que tiene que hacer es aguantarlo, que es lo que hacen todas las parejas, y para saber eso no hace falta leer ningún libro.

Que las mujeres casadas y con hijos busquen con avidez estos libros puede tener muchas lecturas. Una feminista podría ser «los nenes son unos hinchapelotas y los maridos unos inútiles». Y una machista: «las mujeres ya no son lo que eran: mi vieja no necesitaba de un libro para criar a sus hijos y poner en vereda a mi viejo».

Lo cierto es que nos hemos ido acostumbrando a que el mercado editorial lance estos libros para mujeres: recuerdo «Los nietos nos miran» (sí, ¿y?) y «No seré feliz pero tengo marido». Por eso ya no nos sorprenden. Pero no se lanzan equivalentes para hombres, tipo «Cómo ponerle límites a la tarjeta de crédito de mi mujer» o «Mi amante me hinchó las bolas ¿qué hago?». Y ni que hablar del colectivo gay que, al menos por ahora, tampoco compra libros tipo «Cómo no ponerle límites a mi marido» o «Los chongos nos miran».

Sitios web de papel

Esta foto acompaña el balance 2006 de Larry Dobrow, uno de los mayores especialistas en revistas de EE.UU. Dobrow se hace eco de una serie de artículos aparecidos en los diarios norteamericanos sobre la muerte de las revistas. Si a eso se le suma que, a pesar de su tirada de 1,3 millones de ejemplares mensuales, la revista FHM dejará de publicarse, el panorama suena desalentador.

Sin embargo, a este proceso se le opone una nueva moda que contradice esta tendencia: las revistas nacidas a partir de Internet.

Así, los editores del diario alemán Bild publicarán The AvaStar, una revista que hablará sobre todo lo que suceda en Second Life, en PDF pero con aspecto similar a publicaciones sensacionalistas tipo The Sun.

Y MySpace, de Rupert Murdoch, planea Marmalade, una revista de papel con contenido generado por los usuarios de esta megacomunidad mundial de 70 millones de usuarios.

La idea de aprovechar el público cautivo de blogs y sitios web para emprendimientos editoriales no es nueva. Está en ebullición con los librogs. Y ya en los días de la burbuja se publicaron revistas de eBay y de Yahoo! (la muy buena Yahoo! Internet Life). Ambas terminaron cerrando.

Cuando Wikipedia es mejor que la Britannica

WikipediaTuve una sospecha: ¿y si la Enciclopedia Britannica no había actualizado la biografía de Saddam? No dudaba de que Wikipedia había cargado la fecha de su muerte y en sus ¡60 idiomas!, a diferencia de la Britannica, que online sólo está en inglés.

Pero me equivoqué, allí estaba: 30 de diciembre de 2006.

Después me dí cuenta: era un hecho demasiado relevante como para ser omitido. Pero, ¿qué pasaría con una muerte de menos impacto, pero igual de reciente? Me acordé de Joseph Barbera, creador de «Tom y Jerry» y los «Los Picapiedra», entre otros grandes dibujos animados.

En Wikipedia estaba su fallecimiento: 18 de diciembre de 2006. Esta vez eran 22 los idiomas donde aparecía su biografía. En la Britannica, en cambio, su entrada estaba compartida con su socio William Hanna (como si fueran una misma cosa) y no figura la fecha de su muerte. Eso sin contar que hay que pagar para ver la información completa.

Al menos en estos aspectos (idiomas, actualizaciones y gratuidad), Wikipedia sigue siendo una mejor fuente de consulta.

Dónde está Jorge López

Una de las muchas buenas ideas de «Lunar Park» es la de los chicos desaparecidos: Bret Easton Ellis, el personaje que protagoniza la novela del escritor del mismo nombre, descubre que su hijo y sus amigos les mandan emails a sus compañeros supuestamente secuestrados, inhallables por la Policía.

Ayer, seteando una cuenta en el Outlook Express, me encontré con esto:

jorgelopez.gif

Avancé una pantalla en el tutorial y decía esto:

jorgelopez2.gif

Ante la duda, escribí un email a esa dirección.

Si me llegan a responder, les cuento.

Blogonovelas, shmogonovelas

Cuando Internet ya acumula dos generaciones, a todo hype le corresponde su antecedente 1.0. Las blogonovelas, de las que habló Clarín este domingo -y de las que seguramente oiremos en los próximos días a propósito del lanzamiento del libro de Hernán Casciari-, tampoco son tan novedosas como se las quiere presentar. Esta nota de Ámbito Financiero, por ejemplo, salió antes que la de Clarín…

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10 años antes, para ser precisos.

Allí dice su autor M.Z. (Marcelo Zapata):

Jorge Bernárdez y Diego Rottman trabajaron durante dos años en la creación de una «historia novelada» de la revista «Satiricón» [..] Pero la peculiaridad de este libro, al que bautizaron «El círculo hermético» no reside únicamente en haber desempolvado a «Satiricón» del olvido; ni siquiera en el género híbrido con el que decidieron encarar el trabajo («una novela con protagonistas y hechos reales, no una investigación periodística más»), sino además en la forma en que están dándolo a conocer: capítulo a capítulo, semana tras semana, en Internet.

En «La historia de Satiricón como folletín de Internet», firmada por Marcelo Fernández Bittar para El Cronista el 6 de mayo del ’97 se la reconoce como la primera novela argentina publicada en Internet:

Primero titulado «El círculo hermético» y luego (por pedido de Blotta) «Vida de Averchenko», el libro se puede leer gratuitamente accediendo con una computadora y módem a la dirección electrónica
http://www.geocities.com/SoHo/Lofts/4142/ . Es el primer trabajo argentino de estas características y la investigación incluyó diálogos con más de treinta protagonistas, rompiendo así esa suerte de «círculo hermético» de complicidad y secreto que rodeaba los acontecimientos.

Y Franco Varise, el 14 de mayo de 1997, escribe en «La Nación»

Este proyecto, que más de una vez amenazó con naufragar, hoy recibe a cientos de tripulantes de la red seducidos por el humor político-social cáustico y absurdo que caracterizó a aquellas publicaciones.

La nota de Ámbito del 25/4/97 rescata la participación de los visitantes

Rottman añade que «el sistema también tiene otras virtudes, y es la posibilidad de conocer la opinión de nuestros lectores, quienes además de leer la obra pueden dejar de manera pública o confidencial su opinión, y recibir correspondencia electrónica. Un lector de España, por ejemplo, nos pidió el otro día que le aclaráramos algunos detalles, ciertos matices del libro que sólo un lector argentino puede entender».

Novela, publicada primero en Internet y luego transformada en libro, con periodicidad semanal y con comentarios de los lectores… ¿no es una blogonovela?

Así que ya saben editores de Ñ, Radar y otras publicaciones culturales afectas a los aniversarios: en marzo del año que viene, sea lo que fuere «Vida de Averchenko», cumple diez años.

Y no esperen que curre con los posts de este blog en un libro. Mex Urtizberea ya me ganó de mano.

Indultemos a Bucay

¿Cómo se vuelve de un escándalo público? Esa es la pregunta más difícil de responder para un especialista en Relaciones Públicas. Las estrategias -parte arte, parte ciencia- no garantizan el éxito. Ante un mismo problema y una misma respuesta, el resultado puede ser diferente.

McDonald’s fue acusada en todos los medios de envenenar chicos y ahora podemos ver sus peloteros repletos de nenes con el chiche de la cajita feliz que se acabaron de comer. A Mirtha Legrand y a Mariano Grondona los denunciaron por cobrarle a sus invitados, pero ya nadie parece acordarse de esos episodios. Sin embargo Mario Socolinsky, Ferriols y hasta la pobre María Amuchástegui todavía cargan en sus espaldas los cargos de los que fueron objeto.

En octubre de 2005 Jorge Bucay fue acusado de plagiar para su libro Shimriti casi textualmente ¡60 páginas! (de un total de 270) de «La sabiduría recobrada», de Mónica Cavallé. Y aunque el analista de Tinelli primero lo desmintió, terminó arreglando con Cavallé una compensación económica, tuvo que renunciar a su columna de Viva y Shimriti fue retirado de circulación.

No leí ningún libro de Bucay. Tampoco fui televidente de su programa «El buscador». Alguna vez ví sus columnas en Viva y El País y me parecieron pueriles y obvias. Su accionar con Shimriti no se puede defender (ni siquiera él pudo).

(Lo que nunca entendí es por qué todos aquellos «autoayudados» por Bucay le dieron la espalda.)

Pero así como todo escándalo es inmune a los discursos del implicado (y hasta a las decisiones de la Justicia), los hechos, junto con el tiempo, suelen ser una fórmula eficaz. Por más que McDonald’s emitiera comunicados, nada tuvo tanta fuerza como Hadad comiédose una hamburguesa de pollo en cámara (¿alguien sabe cuánto cobró por ese favor?).

Ahora, casi como un símbolo, cuando se cumple justo un año de la acusación, Bucay les tapó la boca a sus detractores ganando en España un premio literario de 360.000 euros. Ningún discurso, ni a favor ni en contra de Bucay, tiene tanta fuerza como este hecho. Que insinúa que tan mal escritor no era. Y que también es alguien idóneo para ayudar a otras personas, al demostrar en carne propia que conoce la forma de levantarse después de caer en el pozo más profundo.

«Manual Chiche» vs. «Freakonomics»: llegó la hora de explicarlo todo

El subtítulo de «Manual Chiche» es «llegó la hora de explicarlo TODO» y el de «Freakonomics» es «un economista políticamente incorrecto explora el lado oculto de lo que nos afecta». Son dos libros que intentan entender la conducta de los seres humanos, como individuos y como sociedad (argentina, o mejor porteña, para Gelblung y norteamericana, o mejor de Chicago, para Levitt-Dubner).

Desde lo formal, los dos libros fueron publicados por la misma editorial más o menos al mismo tiempo, tienen la misma cantidad páginas y ambos se leen en un día o dos. «Freakonomics» es un best-seller en todo el mundo, mientras que «Manual Chiche» estuvo fugazmente en el top ten argentino. El libro de Chiche está pésimamente editado (detalles más adelante), mientras que el otro es impecable a nivel edición. «Freakonomics» fue escrito a cuatro manos (el economista Steven D. Levitt y el periodista de The New York Times y New Yorker Stephen J. Dubner), mientras que, en «Manual Chiche», Samuel «Chiche» Gelblung aparece como autor y, en letras pequeñas, al pie de la tapa, dice «Con la colaboración de Fernanda Kersman».

EL GELBLUNG MEDIÁTICO

En su pretensión de «explicarlo TODO», por las páginas de «Manual Chiche» pasan temas tan diferentes (¿e incompatibles?) como «la lucha contra el boludo», la infidelidad, como conseguir trabajo, técnicas de levante, los services de electrodomésticos, la clase política argentina o las dietas. ¿Quién es el lector interesado en temas tan diversos? Sólo puedo pensar en el fan de Gelblung.

El libro está repleto de errores ortográficos (el peor: «si uno quiere marcar una visagra en su vida, tiene que leer»), nombres incorrectos (Falberman por Mauricio Farberman), arbitrariedades («las mujeres son roñosas de los pies a la cabeza») y contradicciones (las gorditas deben/no deben usar pantalones de tiro bajo). Todas las páginas del libro tienen al menos una palabra entrecomillada.

Como el mismo Gelblung cuenta en el libro, con su llegada a Ámbito Financiero nació un nuevo Chiche: de periodista anónimo comenzó una escalada que terminaría con el Chiche mediático y que firma autógrafos. Entre esas notas del diario económico y las páginas de este manual se ve un cambio equivalente. En Ámbito escribía textos periodísticos y ahora escribe textos entretenidos. En Ámbito sus afirmaciones estaban respaldadas por fuentes e investigación, ahora valen porque las dice Chiche.

Eso no es mejor ni peor, pero no es un libro periodístico, sino más bien una cruza de monólogo de stand up comedian con ensayo, un híbrido entre Seinfeld y Ezequiel Martínez Estrada. A «Manual Chiche» el formato de blog le sienta mejor que el de libro. De hecho, muchos de estos textos también aparecieron en su fenecido y aparentemente resucitado weblog.

Una década le llevó a Gelblung que sus pares dejaran de atacarlo. Hace apenas un par de años comenzó a recibir premios y recién ahora muchos colegas admiten públicamente su influencia. Entonces, de puro contrera, saca este libro «de autor» y en tv deviene conductor de un programa digno de Utilísima. Su historia es parecida a la de Olmedo que, cuando por fin logró que la prensa lo reconociera como un cómico brillante, quiso hacer películas dramáticas.

HASTA LO IRRACIONAL ES RACIONAL

«Manual Chiche» puede dividir al mundo entre los que comen medialunas de grasa y los que comen medialunas de manteca. «Freakonomics» los separará entre los que se roban rosquillas y los que no lo hacen. El origen de la teoría de Chiche es una afirmación de Antonio Carrizo. El origen de la explicación de Levitt es un paper universitario propio en el que estudió como reacciona la gente ante una bandeja con rosquillas a la venta pero sin nadie que las vigile.

En un Estados Unidos cada vez más religioso, se da la paradoja de una ola de productos culturales masivos que apelan a la razón como eje central. Las series CSI, Dr. House o Numb3rs son ejemplos existosos de este modelo. Y Freakonomics sigue esta doctrina. Que además es el emergente mainstream de la nueva camada de economistas, más interesada en resolver con ecuaciones los misterios de la vida cotidiana que en zambullirse en la macroeconomía. Uno de los pioneros de esta línea es el Premio Nobel Gary Becker, de quien Levitt es discípulo y a quien Chiche admira y entrevistó.

No hay temas pequeños para «Freakonomics»: la corrupción de los luchadores de sumo, cómo y en qué mienten los usuarios de los sitios web de encuentros o cómo se inventó el mal aliento son temas atendibles para «Freakonomics»… siempre y cuando haya una estrategia econométrica que permita explicarlos.

A veces Chiche (al mejor estilo de sus viejas notas para Ámbito) también pela la calculadora, como cuando analiza cuánto cuesta mantener a un hijo desde los 0 a los 25 años. Y Levitt-Dubner tienen preocupaciones gelblunguianas, como demostrar que, estadísticamente, es más peligroso para los chicos tener una pileta de natación que un arma de fuego en la casa.

Si hay un pecado en Freakonomics es el localismo. Varios temas piden un mayor contexto y otros son casi prescindibles fuera de EE.UU., como la influencia del nombre en el futuro de una persona.

El capítulo más poderoso es el que estudia los motivos que provocaron la caída de la criminalidad en los Estados Unidos. Con datos sólidos, introducen al aborto (potenciales futuros criminales no nacidos) como una de las causas del descenso del crimen. Una reivindicación que difícilmente Blumberg enarbole alguna vez entre sus medidas contra la inseguridad. Tampoco los autores: oportunamente adviertieron que sus hallazgos

no debían ser malinterpretados, ya fuese como una aprobación del aborto o como una llamada a la intervención del Estado en las decisiones de la fertilidad de la mujer

De nada sirvió abrir el paraguas. Como dice una nota de The New York Times Magazine:

La sola mención del tema conseguía ofender prácticamente a todo el mundo. A los conservadores los enfurecía que pudiera considerarse el aborto como una herramienta en la lucha contra el crimen. A los liberales los horrorizaba que esas mujeres negras y pobres se viesen señaladas con el dedo.

Ante el fuego cruzado, los autores fugan hacia arriba: «si la moral representa un mundo ideal, la economía representa el mundo real», argumentan.

En la parte final «Manual Chiche» y «Freakonomics» dejan sentado lo que querían despertar en el lector. «Pensar» y «sonreír», dice Gelblung. «Formularse un montón de preguntas», dicen Levitt/Dubner. Cada uno cumple con los objetivos de los dos libros.

9 años de Periodismo.com: un balance personal

a Carol

La relación de dependencia está en vías de extinción: el «empleado» con vacaciones, aguinaldo y extras por presentismo en poco tiempo dejará de existir. [..] Tenés que transformarte en una empresa, dejar de buscar un empleo convencional. La idea es dejar de ser un «buscador de empleo» para convertirte en un «oferente de soluciones».

La frase es de «Manual Chiche», el libro de Chiche Gelblung.

Un día de noviembre de 1994, en el café Tortoni, cerca de las once de la mañana, le dije a Chiche Gelblung que dejaba de trabajar para él. Desde entonces siempre generé mis propios proyectos.

Uno de esos proyectos es Periodismo.com, que hoy cumple 9 años. El balance que imponen los aniversarios siempre es tramposo: depende de las variables que se elijan, será positivo o negativo.

En el ranking del autocuestionamiento, los periodistas estamos en los primeros puestos de la lista. Los publicitarios seguro no viven todo el tiempo cuestionándose lo que hacen. Los periodistas sí. Uno quiere dejar el diario para escribir esa novela que viene postergando desde hace tanto tiempo. Otro se frustra porque soñaba con cambiar el mundo y ahora es jefe del área de prensa de una multinacional. El tercero tiene fama y dinero, pero se deprime cada vez que no aparece en las listas de los periodistas más creíbles. Y así.

Pero también son pocos los periodistas que deciden enfrentar a sus fantasmas. Siempre habrá un buen motivo para no hacerlo. Intuyo que Liniers dibujó esta tira para «La Nación» después de una visita a la redacción:

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¿Seguir con el proyecto propio o volver a ser empleado? Esa es la pregunta que me hago cada vez que la frustración es más fuerte que la satisfacción o con el balance, como éste, que impone cada cumpleaños.

Por ahora siempre la respuesta fue seguir con mi proyecto. Los motivos más personales me los reservo. Los otros: uno es el dueño de sus aciertos, se dedica a lo que le gusta y no a las internas y el chismerío barato, es independiente en todos los sentidos y no tiene que cumplir un horario.

Pero las variables negativas también son poderosas: uno padece más sus errores, tiene que dedicarse a tareas no periodísticas, la independencia se paga caro y no tiene que cumplir un horario.

Entonces no puedo recomendarle a nadie que renuncie a su trabajo y genere un proyecto propio. A mí, por ahora, me gusta y me sirve (¿me conforma?). Pero no es para todos. Como lo muestra este fragmento del brillante «Historia íntima de la humanidad», de Theodore Zeldin, contracara del párrafo de Chiche:

[Entre los siglos XV y XVIII], la esclavitud era en Rusia una especie de casa de empeños para personas que no tenían otra cosa que vender que a sí mismos. Una tercera parte de los esclavos solía vivir en situación de fuga, pero habitualmente regresaban, exhaustos de libertad, incapaces de desprederse de su mentalidad de prisioneros [..] La vida al margen de la protección de alguien más poderoso que uno mismo era una aventura demasiado estremecedora [..] La solución a la esclavitud no fue su abolición, o, por lo menos, no fue una solución completa, pues se inventaron formas nuevas de esclavitud bajo otros nombres.[..] Y, hoy en día, quienes prefieren hacer lo que se les dice en vez de pensar por sí mismos y asumir sus responsabilidades -una tercera parte de los británicos dicen preferirlo así, según una encuesta- son los herederos espirituales de los esclavos voluntarios de Rusia. Es importante recordar que ser libre resulta fatigoso y hasta agotador. Y, en epocas de extenuación, el amor a la libertad ha declinado siempre.

Autopublicación 2.0

55 Ways to Have Fun With Google es un libro con distintos juegos y pasatiempos (55 más precisamente) para hacer con Google. El autor es Philipp Lenssen, un conocido bloguer alemán.

Más allá del contenido en sí, el proyecto es interesante porque fue lanzado por dos vías diferentes.

Por un lado, en su versión en papel, el autor resolvió editarlo usando Lulu, un sistema de autopublicación gratuito sin costos fijos ni pedidos mínimos: imprimen y envían cada producto tal como se va vendiendo, y el comprador es el que paga los gastos. El autor tiene el control de los derechos, el diseño, el precio y el 80% de los beneficios. El modelo es muy atractivo, aunque para los autores argentinos el precio de tapa de los libros (en dólares) no termina siendo muy competitivo para el mercado interno (¿alguien se animará a copiar el modelo aquí?).

Pero además de la versión impresa, Lenssen lanzó gratuitamente «55 Ways to Have Fun With Google» en versión digital. Por ahora en PDF y en Word, aunque ya anuncia también la versión en HTML.

El libro digital tiene licencia Creative Commons, que en este caso permite a cualquiera copiar, distribuir, exhibir, y ejecutar la obra y hacer obras derivadas. El autor alienta a sus lectores a «copiar, leer, compartir, remixar, convertir, citar, recorrer e imprimir» el trabajo.

Los visitantes de Google Blogoscoped, el blog de Lenssen le preguntan por qué se decidió por esta segunda vía. ¿Acaso la versión digital gratuita no terminaría canibalizando a la versión impresa y paga? Lenssen responde:

[..] Está bueno leer un blog online, pero un libro está bueno leerlo offline [..] Este es un libro para llevarse de vacaciones, leerlo en el tren o en el sillón (al menos a eso es a lo que apunto) [..] Pienso que la versión en PDF es para ojear el libro para decidir si te gusta (aunque está bueno también citarlo o convertirlo a diferentes formatos). Seguro, si no tenés plata, podés simplemente limitarte al PDF. Pero en mi experiencia, tener una versión completa online no te frena de comprar el libro.

[..] Quiero decir, no sé si todo esto es verdad para toda la gente. Pero una vez que te lanzás en las «frías aguas» de Creative Commons, pienso que hay un montón de efectos secundarios copados al tener el PDF completo online. Hace mucho más interesante el sitio del libro, un sitio que yo enlazaría como bloguer por este valor extra para sus visitantes.

[..] Por supuesto, también hay algunas convicciones en el por qué decidí avanzar con Creative Commons. Pienso que vivimos en tiempos locos de más y más duras restricciones por copyright, y todo lo que se pueda hacer para equilibrar eso está bueno. [..]

Haciendo honor a la licencia del libro y a las intenciones de su autor, cada tanto iremos publicando en este blog algunos de sus juegos en adaptaciones al español.

«Padre rico» desenmascarado

Clarín da cuenta del fenómeno de ventas de la serie Robert Kiyosakide libros Padre rico, padre pobre, escrita por Robert Kiyosaki. En Argentina ya son 100.000 los ejemplares vendidos, pero el fenómeno es mundial.

Sebastián Campanario resume así el concepto central de la colección:

El libro afirma que los padres ricos les enseñan a sus hijos a ser ricos: los preparan para correr riesgos y para ser ambiciosos. En cambio, la clase media obliga a sus hijos a esforzarse, estudiar y emplearse en una empresa, con lo cual ganarán un buen sueldo con el que pagarán impuestos y las hipotecas de sus casas. Lo que Kiyosaki llama «el camino de las ratas».

En EE.UU., donde hace rato se transformó en una celebridad, alguien se dedicó a investigar meticulosamente la verdadera historia de este gurú y dedica parte de su sitio web a desmenuzar las enseñanzas y la vida de Kiyosaki, al que no duda en calificar de charlatán y mentiroso.

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