Hija de “El Amarillo” de la revista Humor y “Fraude”, de Pipo Cipolatti y similar a la norteamericana “The Onion”, Barcelona es desde hace años una revista de culto, que dialoga con la agenda de los medios tradicionales desde una mirada alternativa. Sus tapas y contratapas son verdaderos editoriales que se comentan en programas de radio y debaten en la web.
“Barcelona” satiriza los peores vicios del periodismo pero, a diferencia de Nah!, no se queda en el chiste absurdo sino que hace una lectura política de las noticias.
Ahora, es bolilla 1 del humor no hacer una parodia de una parodia. Desconociendo esta regla de la risa (como tantas otras) es que llega a los kioscos “Madriz”, la parodia de la revista “Barcelona”.
Como en “Barcelona”, la estructura es similar a la de un diario con secciones y notas complementado con falsas publicidades. El logo está hecho con la misma tipografía que el de “Barcelona”. También aquí hay un editorial jocoso, pero sin firma.
Para no herir la sensibilidad de los lectores de “Madriz”, la mayor palabrota es gil y la máxima obscenidad es la foto de un culo, pero enfundado en un jean.
Algunos títulos de la edición actual: “Nicole quiere que vuelvan las botas”, “7 tips para padres gays”, “Ahora los swinger exigen libreta de matrimonio”, “Básquet para todos incluirá los comentarios de Víctor Hugo”.
Como con esos chistes que de tan malos dan risa, “Madriz” da la vuelta al mundo del humor y termina siendo divertida por lo patética. Ahora que cerró “Cabildo”, qué mejor que otra revista de humor para reemplazarla…
Ambos predecesores contemplan la información política, pero la hacen convivir con gimnastas en topless o fotos de famosos detenidos por la policía, alla TMZ. En LiveLeak se privilegia el impacto escópico, en Wikileaks, el impacto político. LiveLeak se dirige al espectador, Wikileaks, al ciudadano.
LiveLeak, algo abandonado, sigue siendo la versión sin esterilizar de YouTube, amarillista, pero también esclarecedora; pornográfica, pero under a la vez.
Entre las rarezas de su catálogo, este video es el que más me sorprende: una cámara fija desde una ventana filmando lo que pasa en la interesección de dos calles. No sabemos quién lo filmó, cuánto tiempo la cámara estuvo ahí, ni cómo el autor logró ver tanto material en bruto sin morirse de aburrimiento. Pero lo cierto es que consiguió cuatro momentos memorables.
- En la primera toma, van a ver a un sujeto en silla de ruedas jugueteando de un lado para otro en la mitad de la calle.
- En la segunda toma, un hombre choca a un ómnibus (leyeron bien).
- En la tercera toma, alguien en silla de ruedas (¿el mismo de la toma 1?) casi es atropellado por un auto.
- En la cuarta toma, una persecución policial.
Este video no cambiará el mundo ni Obama se ocupará de comentarlo, pero no deja de ser sorprendente.
Hará cosa de dos meses, y a raíz del bombardeo mediático, los famosos se dignaron a llegar a Twitter. Cada día se agrega alguno nuevo y, como en el Mundo Real, los hay lúcidos, obvios y boludos.
Con la invasión de estrellas en Twitter sucedió lo mismo que hace unos años cuando los conductores de tv se pasaron a las mañanas de la radio: el rating, el cholulismo y los premios coparon todo. Ahora pasó a ser importante la cantidad de gente que te sigue, los admiradores de deportistas, modelos y actores se registran en Twitter sin saber muy bien cómo usarlo ni qué tuitear y se comenzó a dar incentivos por seguir a una persona en forma de sorteos y concursos.
Otra consecuencia fue la publicidad, ya hay varios tuiteros con tuits o directamente cuentas patrocinadas paralelas. Casi ninguno separa lo que es una recomendación legítima de una esponsoreada.
Los famosos argentinos imitan a los extranjeros y no siguen a nadie o a pocos, casi siempre tan famosos como ellos. Un buen grupo ignora los tuiteos de sus fans (bastante cargosos, por cierto), pero otros responden puntillosamente, dialogan y hasta se prenden en consignas/hashtags. Muy pocos retuitean y casi ninguno tiene agregados Favoritos.
En cuanto al contenido, hay mucho “en el gimnasio”, “buen día!!!” y “besis”, solo tolerables para grouppies incondicionales. Son contados los que aportan opinión y muchos menos información. Abundan los errores de ortografía, incluso en periodistas destacados.
Pero también están los buenos. Acá listo ejemplos de una decena de tuiteros a seguir. Hay muchos más ¿Qué otros conocen o recomiendan?
Hace dos siglos nacía el periodismo en Argentina con la publicación del primer número de la Gazeta de Buenos Ayres. 200 años más tarde pocas cosas son como entonces. El periodismo ha mutado en algo distinto, y sigue cambiando. Hoy hay periodistas más formados que entonces, pero también cualquier ciudadano se considera periodista.
Para aclarar un poco las composiciones químicas del periodista vernáculo es que elaboré, en este Día del Periodista, una Tabla Periódica de Elementos con las distintas cualidades que fueron apareciendo en las últimas décadas.
Son 26 elementos, combinables entre sí. De cada uno se muestra las siguientes características:
Así, por ejemplo, la composición química de la periodista Jazmín de Grazia sería: Doh2PñaTeaFfPst.
Sin más prólogos entonces, acá va la Tabla Periódica del Periodista Argentino. ¡Y feliz día a todo aquel que se crea periodista!
Como en 2006, vuelve la revista “Sebreli”, la única que aparece cada cuatro años, más específicamente antes de cada Mundial de fútbol.
“Sebreli”, la revista de los que no les interesa el Mundial, es un modelo de publicación exclusivo de este blog, que nunca se editará, pese a que es mucha la gente que está al margen de este acontecimiento deportivo y desea conectarse con otros en su misma situación y encontrar esa información que desaparece de los medios año par por medio. Y también es un lógico imán de la gran cantidad de anunciantes que no se sienten representados con el fútbol.
Imagínense presenciar las reuniones de editores del diario más importante de mundo, una especie de reality filmado dentro de una redacción. Desde hace un mes eso es posible, gracias a TimesCast, un nuevo servicio de The New York Times.
De lunes a viernes, TimesCast cuenta en videos de 5 minutos el armado de la edición del día siguiente. El concepto no es nuevo. Crítica de la Argentina ya lo hizo de otra manera, mostrando en su sitio web la pauta con las notas a medida que se iban definiendo. Y los videos con periodistas analizando la noticia son una práctica habitual de muchas versiones digitales de diarios de papel. Pero la original idea de Lanata era fría y una caja negra, mientras que las columnas de opinión filmadas son soporíferas y desprecian a la imagen -poner una foto del periodista y el audio sería equivalente.
TimeCast es atractivo de ver, al menos para alguien al que le interesa el periodismo y su cocina. Está editado con ritmo, mechado con imágenes y videos de las noticias de las que se está hablando y aborda los tres temas más importantes del día en menos de un minuto con entrevistas al periodista a cargo dentro del periódico, que aporta contexto más que opinión.
Pero sin dudas lo más interesante es el comienzo, con la reunión de tapa de las 10:30 de la mañana. Presenciamos el intercambio entre los editores, con cara de dormidos y anotando en cuadernitos (nada de iPads), sobre cuáles serán las principales noticias de la jornada. Son apenas unos minutos y se nota la puesta en escena, pero a la vez el espectador se siente más cerca de los autores del diario.
Esperando una versión subtitulada al español y con la certeza de que por cosas como estas nunca veremos un equivalente en medios como Clarín, les dejo el Timecast de hoy (recomiendo ponerlo a pantalla completa):
A punto de tomarme unas merecidas vacaciones, este blog no va a actualizarse, al menos, hasta marzo, cuando cumpla sus primeros cuatro años de vida.
Para que no se aburran durante todo ese tiempo, acá va un listado de otros sitios, blogs y espacios en redes sociales que tienen que ver conmigo.
Malas Palabras: empezando por acá, mi blog personal tiene casi mil entradas para leer. Acá, acá y acá hay una selección de los mejores posts. Recomiendo también el “Manual de Zonceras Digitales”, una especie de manifiesto contra los lugares comunes de los medios online. Este es su índice:
Malas Palabras II:La caída del bulo de Merlín fue un post para recordar a una de las primeras radios truchas argentinas. Allí lamentábamos que no hubiera material online para recordarla. La magia de Internet hizo que llegaran hasta acá fans de la emisora y tres de sus integrantes: Pablo Avelluto, Fernando Collazo y Santiago Salgado. Santiago subió, además, varios momentos para escuchar que reproducimos acá. ¡Misión cumplida!
Redes Sociales: también estoy en Twitter, Facebook, Linkedin y YouTube. De estos cuatro, recomiendo Twitter, donde tengo publicados 1543 tuits y varios favoritos de otros usuarios.
Otros sitios que tienen que ver conmigo. Van a seguir actualizándose en estos días (no por mí) Periodismo.com, Noticias Locas y Weblog.com.ar. También pueden leer Vida de Averchenko, la primera novela argentina publicada en Internet. O hacer un curso de periodismo a distancia en Periodismo.net: las clases empiezan este lunes.
(Última entrega del “Manual de zonceras digitales”, publicada en el boletín 137 de Periodismo.com de diciembre de 2009)
"Estimados colegas. Ni ustedes ni yo somos médicos. Pero estamos reunidos hoy en este Primer Congreso de Medicina Ciudadana porque nos interesa la salud y consideramos que no hace falta un título ni estudiar para curar a otra persona. Con las nuevas tecnologías, Wikipedia y un poco de práctica, cualquiera puede ser doctor. ¿O acaso cuando alguien se desmaya en plena calle el que lo ayuda es un doctor dipomado? No, es un ciudadano preocupado, casi siempre sin experiencia médica ni estudios en la materia. A hacer respiración boca a boca se aprende en diez minutos, no son necesarios cinco años de exámenes y una residencia ¿Para qué pagarle a un médico si en Google encontramos la respuesta gratis y en segundos?¿Por qué gastar una fortuna en una medicina prepaga si alguien en Twitter nos puede decir qué remedio tomar cuando nos duele algo? En pleno Siglo XXI hasta es posible diagnosticar una apendicits con el iPhone. Porque, digámoslo, los doctores no son infalibles: vean sino los cientos de casos por mala praxis que llegan todos los meses a los tribunales."
Este alocado discurso, que resulta ridículo si se habla de medicina, se repite todo el tiempo para referirse al llamado Periodismo Ciudadano, la mayor de las zonceras digitales. Confundir con periodismo al valioso aporte de material fotográfico o de video por parte de testigos de accidentes, catástrofes naturales o atentados es pretender igualar al que hace respiración boca a boca en la calle con un cardiólogo. Desmerecer la experiencia o los estudios de un periodista profesional porque con las nuevas herramientas cualquiera puede opinar ignora el resto de las prácticas que arrojan como producto una noticia, incluyendo el relevamiento de más de una fuente (cosa que casi nunca se hace en el periodismo ciudadano), el recabar y procesar información, la redacción inteligible y atractiva y, eventualmente pero no necesariamente, una opinión. Es probable que se respete más la opinión de un amigo de Facebook sobre una película que lo que escribe un crítico de cine, pero eso no transforma al primero en periodista. Y que haya malos periodistas y mal periodismo no invalida que haya excelentes periodistas y medios que apuesten al periodismo de calidad.
La cruel verdad es que, salvo excepciones como Ohmynews, los portales de periodismo ciudadano fracasan inexorablemente. Es que si existe un ciudadano capaz de cumplir eficientemente y en forma rutinaria con las prácticas periodísticas no es un periodista ciudadano, es un periodista. Cubrir episodios que no sean de nuestro interés, escribir con periodicidad y dedicarle el tiempo necesario a la tarea de reportero son obligaciones que el periodista ciudadano no está dispuesto a padecer, mal pago o trabajando gratis y generalmente con otra ocupación como modo de vida.
A pesar de la explosión de comunicadores amateurs, la agenda periodística todavía la siguen manejando los medios tradicionales, que acudirán deseosos de material a las redes sociales cuando suceda una noticia no programada. Le compran el múltiple choque al ciudadano no por su talento para mostrar una noticia, sino nada más que porque ellos no pudieron estar allí en ese momento.
Y después está el costado moral del asunto. En su nota "After Fort Hood, another example of how ‘citizen journalists’ can’t handle the truth", Paul Carr se lamenta por la cobertura en Twitter de la masacre de Fort Hood, donde los populares tuiteos de un testigo resultaron erróneos o violaron los códigos militares y de salud de EE.UU. (donde esta prohibido sacar fotos en un hospital). Carr argumenta que las redes sociales nos están transformando en egoístas inhumanos donde la mirada de un recital es a través de la pantalla de un celular aunque estemos allí, donde importa más que nos miren mirando que participar del acontecimiento ("¿para qué necesita el mundo dos centenas de fotos de la misma banda en el mismo escenario, todas tomadas a a vez desde casi el mismo ángulo?", se pregunta). Donde, frente a un accidente automovilístico, usamos nuestro teléfono, pero no para llamar al 911, sino para retratar a los autos destrozados. Reflejo de periodista ciudadano, voyeur mirando para sus voyeurs virtuales en lugar de involucrarse con su prójimo real. Desde esa perspectiva, hasta valdría más impulsar la medicina ciudadana que seguir alentando a su equivalente periodístico.