«El resfrío», novela inédita de Césa Aira

«Yo he editado en muchísimas editoriales. En la Argentina han proliferado estos últimos años pequeñas editoriales independientes que son mi terreno de juegos, mi playground favorito. Prefiero publicar con estos pequeños editores que suelen ser gente joven; algunas editoriales son unipersonales. Hoy en día los medios técnicos permiten hacer un libro con cierta facilidad, y toda editorial nueva que aparece en Buenos Aires o alrededores se inaugura con un libro mío, porque yo siempre estoy disponible. Me encanta porque me da una gran libertad. En general, a estos jóvenes les gusta lo que hago, y si yo estornudara, publicarían un estornudo mío. Sé que puedo darles cualquier cosa, puedo ‘subir la apuesta’, digamos.» (César Aira)

Las noticias de la tele

"Como esquema general de funcionamiento, el informativo empezaba con un salpicado de sucesos internacionales (políticos bajando y subiendo de aviones, romances de actrices y directores en festivales de cine, guerras en países distantes, cuernos de toros ensartando toreros, etcétera), que precedían a los sucesos de orden nacional (tráfico de drogas, secuestros, asesinatos, coimas…), resumidos en una colección de temas ‘traídos’ desde los camiones de exteriores. Pero el plato fuerte de cada noche era el llamado ‘caso del día’. La Gerencia de Noticias apostaba todo ahí, porque de la elección del caso dependía el éxito o el fracaso del programa en la competencia por el rating con los otros canales. Desde ya, el ‘caso’ debía ser de fácil comprensión y asimilación, y tener un alto contenido emocional. Se consideraba bien elegido un caso cuando dividía las opiniones del público. A la inversa, un modelo de caso mal elegido era aquel que generaba consenso: un nacimiento no era un caso, porque todo el mundo estaba a favor de la vida; una violación tampoco lo era, por los motivos inversos (aunque pudiera derivar en lo mismo). El ‘caso del día’ era un segmento inatacable, aunque la competencia dijera que algunos eran inventados. Pero eso nunca había podido probarse, y además, ¿a quién le importaba?" (Carrera y Fracassi)

Concierto para máquina de escribir

«Primero escribo a mano. Después lo paso a máquina, con un solo dedo. Uso el dedo como verificación: si se me cansa es que la escena es demasiado larga, hay que cortar. Cuando creo que la tengo llamo a algún amigo y se la leo completa por teléfono. Eso me permite oírla, ver cómo suena. Cosa que de todos modos hago mientras la escribo: voy leyendo los diálogos en voz alta. Los diálogos son como música. Es cuestión de ver cómo suenan, medir el largo de cada frase, detectar las notas falsas…» (Quentin Tarantino)

Rorschach con palabras en lugar de manchas

"Los diarios son demasiado densos, tienen demasiadas páginas y tienen que llenarlas a como dé lugar. Por ello se dejan enredar en lo que hace la televisión y caen en cualquier trampa. Un ejemplo: una periodista austríaca me preguntó si estaba trabajando en una nueva novela. Le respondí: ‘Entre la primera y la segunda pasaron ocho años. Y apenas hace cuatro que terminé la segunda. Hablémonos dentro de cuatro años’. Y sin embargo, el Corriere della Sera informó con palabras mías: ‘Eco dijo que tiene programada la aparición de su próxima novela dentro de cuatro años’. Los críticos caen en el engaño y leo por doquier: ‘Eco no publicará nada antes de cuatro años. ¿Tiene todavía inspiración?, etc’." (Umberto Eco)

De editor a futuro editor

Consejos a un joven editor independiente:

  • Antes de meterte, busca quien te distribuya
  • No edites nada con preconcepto mercantil. Nunca juzgues un libro por su valores comerciales.
  • No edites más de lo que puedas leer.
  • Fija tus normas de estilo. El autor tiene la última palabra.
  • Prescinde de todo personal. Usa el ordenador.
  • Paga bien a tus colaboradores, te saldrá más barato.
  • No te disperses: fija tu línea editorial.
  • Edita poco y pon tu esfuerzo en la promoción.
  • Busca el carácter distintivo de tus portadas y séle fiel.
  • No hagas presentaciones: no sirven para nada.
  • Cuídate de tus socios, pero vierte tu desconfianza sólo en los contratos.
  • Un best seller te dará sólo calderilla.
  • La calidad termina por prevalecer.
  • Aprende todo sobre tu oficio. Toca todos los instrumentos de la orquesta.
  • No participes en subastas. No te empecines por un libro: se escribe mucho más de lo que puedas editar.
  • Hazte amigo de tus autores. Fija con ellos, no con intermediarios, las condiciones del contrato.
  • Aprende a decir No, pero con gracia.
  • Cultiva tu imagen de editor: que no se parezca a la de ningún competidor.
  • Cuida tu independencia: es tu único capital.
  • Pon en cada día toda una vida de trabajo.
  • Usa discreción con los críticos. Ellos también están abrumados de trabajo.
  • Sitúate a la vanguardia de la técnica.
  • No des premios. Que tú edites un libro ya es un premio.
  • No respondas jamás a los críticos.
  • Sé fiel a tus autores. Si se marchan, no intentes retenerlos.
  • Y no olvides nunca que, más importante que tu editorial son los libros que editas. Son los libros, no la editorial, los que contienen y transmiten tu visión del mundo y de la vida. (Mario Muchnik)

Genealogía de la nada impresa

«Los editores suelen ser gente que vive encerrada, mirando la tele y leyendo a la competencia, gente envenada, contracturada, mal dormida, con problemas de hipertensión y tabaquismo. Se puede esperar cualquier cosa de una reunión de editores. Pero lo peor que se puede esperar es que emerja de allí una nota de fantasía, una nota inventada sin pies ni cabeza, algo que nunca vas a ver mencionado en ningún manual de periodismo. ¿Y cómo nace una nota inventada? Es una hipótesis que se le ocurre al jefe máximo –es decir, al director que suele vivir más encerrado y más envenenado que todos los demás- y tu tarea es poner a prueba ese disparate por todos los medios posibles. Normalmente, un periodista que lleva sus años en esto, tiene una agenda con fuentes de confianza a quienes apelará a la hora de certificar el disparate. ‘Pero eso es un disparate’, repetirán una y otra vez las fuentes. Y, lejos de sentirse persuadido, el trabajo de este buen periodista es tratar de que ese disparate se convierta en realidad. Pues un medio podrá decir cualquier pavada, pero jamás podrá salir en blanco.» (Cicco)

Éxodo

«En 2004 la prensa empezó a apostar por la tendencia, y la llamó justamente así: ‘La revolución de los blogs’. Pero en 2006 las cosas cambiaron un poco para bien, y entonces la palabra ya no era revolución, sino fenómeno. Se corrigió el primer error y se llamó a la cosa ‘El fenómeno de los blogs’. En ese año empecé a sentirme un poco mejor, porque entendí que el asunto había empezado, lentamente, a pasar de moda.

Muy pocos se dieron cuenta de la diferencia entre esas dos palabras. Pero yo lo noté enseguida, porque estaba esperando que ocurriese la debacle. Supe que era un muy buen síntoma que algo pasara de ser una Revolución a ser un Fenómeno. Era como si, de repente, el Che Guevara, a punto de libertar Cuba del yugo capitalista, decidiera unirse a un circo ambulante y disfrazarse de payaso. [..]

Desde hace un año, o un poco más, toda la gente que se autodenominaba bloguero, o blogger (es decir, aquellos que no habían tenido la suerte de conseguir un oficio dentro de Internet) se pasaron alegremente a las nuevas tendencias en boga.

Se está produciendo ahora mismo esa desbandada. Gracias a dios, la gente que no tiene nada para decir ahora lo dice en Twitter y en Facebook. ¡Ah, qué tranquilidad, qué descanso! Ya no son blogueros, sino twiteros o algo parecido.» (Hernán Casciari)