Cerraron dos sitios

Dos sitios web dejaron de existir: Jorgelanata.com y «Mi vida es un drama».

El sitio de Lanata no anunció su cierre, pero las secciones «Puterío» y «Hoja de Ruta» no se actualizan desde fin de año. Y anuncian un videochat para el 27 de noviembre de 2007.

Puede intuirse que esta falta de actualización se debe a su nuevo proyecto, Crítica, que también tiene una contraparte online. Pero entonces que se despida, lo cierre o ponga una gran foto suya en lugar de toda esa información vieja, imperdonable para el espacio personal de un periodista.

A diferencia de sus otros proyectos, Jorgelanata.com, su propio sitio, nunca fue bueno y no se lo va a extrañar.

En cambio «Mi vida es un drama» fue un blog como tantos otros, pero que era adictivo como pocos. Su autor, Luchio, decidió cerrarlo y desde hoy ya no puede accederse a sus posts, salvo usando el caché de Google.

Mientras esperamos que sus historias se conviertan en una sitcom, a modo de homenaje a una de sus secciones estables, enuncio mi propia «Declaración de principios»:

Entre Jorgelanata.com y «Mi vida es un drama», ya quedó claro a quién banco.
Entre Caparrós y Dorio, banco a Dorio.
Entre tener un auto y tomar taxis, a tomar taxis.
Entre viajar en auto y viajar en taxi, a viajar en auto.
Entre el café de McDonald’s y el de Burger King, al del McCafé.
Entre hacer y pensar, a pensar.
Entre un bloguer y un periodista, a un periodista con blog.
Entre postear cualquier cosa y no postear nada, a no postear nada.
Entre un nuevo rico menemista y un nuevo rico kirchnerista, a un nuevo rico menemista
Entre ser voyeur y ser exhibicionista, a ser voyeur.
Entre ir al teatro y quedarse en casa, a quedarse en casa.
Entre un excelente disco con mal sonido y el silencio, al silencio.
Entre Araceli González y Griselda Siciliani, a la Siciliani.
Entre que tu hijo te salga travesti y que te salga chorro, todavía no me decido.
Entre leer algo nuevo potencialmente pedorro y releer algo genial, a lo nuevo.
Entre Serrat-Sabina, Sabina-Páez y Spinetta-Páez, a Spinetta-Páez.
Entre chatear y mandarse emails, a mandarse emails.
Entre un artista bueno y un político eficiente, al artista.
Entre el horóscopo occidental y el chino, al occidental.
Entre el cierre definitivo de «Mi vida es un drama» y su regreso triunfal, al cierre definitivo.

Cinco vicios del cable

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En el boletín de Periodismo.com de este mes escribí «Réquiem para la tv por cable», donde opongo a la tv por cable con las nuevas tendencias televisivas que propone la web. El análisis es global, pero el cable local también da motivos para quejarse.

Las tandas encabezan la lista. Que por un servicio pago haya que tolerar segmentos publicitarios comparables a los de la tv abierta irrita. Y está prohibido. Ni que hablar de los bombardeos comerciales en los canales infantiles: ¿a nadie le preocupa esta andanada de avisos directo a la cabeza de chicos de tres años? Lo paradójico es que expuestos a la batalla por el rating, los canales de aire casi están eliminando las tandas para evitar la fuga de espectadores.

La revista con la programación es otro motivo. Multicanal/Cablevisión la cobran o sino «regalan» una guía inútil. Telecentro, en cambio, solo ofrece la guía inútil. Las películas se limitan al título, género e intérpretes, con lo que hay que ser un cinéfilo para conocer de qué hablan o acudir a la web. Las series directamente desaparecieron de la programación, con lo que solo queda ir a los sitios de los canales para enterarse a qué hora pasan determinado programa.

Y aquí llega la tercera queja: los sitios oficiales de las señales. Estas webs tienen dos estados posibles: desactualizado o innavegable. Muestran programas viejos o con husos horarios de otro país o están diseñados en Flash y hay que hacer un curso para llegar al horario que necesitamos. Mucha musiquita, mucho wallpaper, pero díganme a qué hora repiten «The Office».

Y esto nos lleva a la cuarta molestia: la falta de respeto por los horarios. Hace varios años que ternamos como bochorno del año en el Premio Don Segundo Sombra a «Los cambios de días y horas de los programas» y siempre gana o sale segundo. Este vicio de los canales de aire ahora empieza a verse en el cable. Ejemplos: Sony reemplazaba «30 Rock» y «‘Til deadth» con «Fusion A2» sin avisar o cuando Warner pasó el último capítulo de «Six Feet Under» media hora más tarde. Muchos televidentes graban sus programas favoritos y estos cambios atentan contra los que pretenden seguir una serie.

Por último, la degeneración del punto anterior: modificaciones caprichosas de los contenidos. Ya nos malacostrumbramos a que cuando en la tv abierta un programa que ya está grabado no mide, se lo cambia de horario o se lo acelera cortándolo, pero nunca había pasado algo así en el cable. Ahora pasó. Warner decidió quemar a la prestigiosa serie «Studio 60» a razón de dos capítulos por semana sin previo aviso. El problema fue que en su repetición de los domingos pasaban uno solo de esos dos capítulos, con lo que los que la grababan ese día (mi caso) ¡veían un capítulo sí y uno no! Un desaguisado que, en la tierra de nadie que es el cable, pasó como si nada.

Nexus, la radio casi perfecta

Nexus es un programa gratuito que permite escuchar online casi 7000 radios de todo el mundo, clasificadas por género. Pero además grabarlas con solo presionar un botón. Y editar lo grabado con un editor incorporado. Se baja de acá.

Las radios

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Al momento de escribir esto suman 6845 radios. Están clasificadas por género. Hay cuatro no musicales (News, Comedy, Sports y Talk) , pero el resto se divide por género musical: 70s, 80s, 90s, Alternative, Ambient, Blues, Classical, Contemporary, Country, Dance, Eclectic, Folk, Funk, Gospel, House, Industrial, Jazz, Latin, Metal, Mixed, Oldies, Pop, Punk, Rap, Reggae, RnB, Rock, Ska, Techno, Top 40, Trance, Urban y World.

A esta impresionante variedad hay que tomarla con pinzas. Es cierto que no escucharemos una polka en el canal de metal, pero en Latin (radios de América latina en su mayoría) habrá más Top 40 y Pop que salsa o merengue (hay, sí, bastante reggaeton). Los amantes del tango que ni se molesten en bajar el programa: hay una sola radio y mediocre. El género World es cualquier cosa, pero vale para conocer el pop polaco (¿poplaco?) o el Top 40 croata.

Cuando se selecciona un género se cargan las emisoras desde la base de datos del sitio web de Nexus. Esto permite sumar las nuevas estaciones y eliminar las inactivas (igual detecté varias que no funcionan).

Si nos gusta una radio de las que ofrece Nexus, podremos agregarla a nuestros favoritos dentro del programa para encontrarla más fácil. Basta hacer doble click para «sintonizarla». Si se corta la transmisión, el programa busca reanudarla.

La grabación

Cualquier radio del catálogo se puede grabar en cualquier momento desde el mismo programa con apretar el botón de Rec. También puede programarse una fecha o una hora para que grabe automáticamente.

Lo maravilloso es que cada tema que graba lo va separando en un archivo mp3 independiente y lo nombra y etiqueta con el título e intérprete de la canción.

La edición

El editor que viene con el programa también es muy práctico. Basta con cargar un archivo, seleccionar el comienzo de lo que queremos cortar (eliminar una introducción del locutor, por ejemplo) con la tecla izquierda del mouse y el final con la tecla derecha. Solo resta grabar la nueva versión.

También puede usarse para editar temas que no fueron obtenidos desde Nexus. Soporta los formatos: AAC, MP4, MP3, MP2, MP1, OGG, WAV y WMA.

Críticas

Las falencias de Nexus son muchas: el programa está solo en inglés; tiene una categorización yanquicéntrica de las emisoras, no siempre bien catalogadas; algunas radios que aparecen como válidas no andan; no esperen encontrar a las radios más conocidas; los botones de la interfaz pueden ser confusos al principio; la ayuda y la documentación es pobre y anuncian que en el futuro sumarán publicidad para financiarse. Ninguna justifica dejar de bajarlo.

Link:
Nexus Radio

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Mi música + tu música = nuestra música

Demoledor: los banners son inútiles

El gurú de la usabilidad Jakob Nielsen acaba de publicar un estudio que concluye que a los banners no los mira nadie. La investigación está basada en el seguimiento del movimiento de los ojos de los encuestados frente al monitor de la computadora (eyetracking).

Nielsen recuerda un informe suyo de hace diez años donde ya se comprobaba esta ceguera hacia la publicidad online, exitosa solo con los falsos (y poco éticos) avisos que se disfrazan de botones de Windows, clickeados por confusión.

En el nuevo trabajo, Nielsen reconoce tres patrones que no presentan dilemas éticos en banners con resultados dignos: avisos de solo texto, avisos con caras y avisos con escotes u otras «partes privadas». Contradiciendo a Nielsen, el uso ético de este último ítem solo es légitimo si lo que se está vendiendo es ropa interior o tampones, pero no para promocionar alfajores.

Hay un cuarto patrón, el más efectivo, que no es ético: cuando el aspecto de los avisos comparte la estética del sitio (colores, fuentes, bordes). Cuanto más se camufle un aviso, más deshonesto será (es contenido pagado aparentando ser contenido periodístico). Pero también más exitoso…

Estos nuevos resultados, que confirman viejos estudios sobre el tema, conspiran, según Nielsen, contra las redes publicitarias, ya que su naturaleza es enviar un mismo aviso para diseños de sitios diferenciados (aunque varias, como Adsense, permitan configurar algunos elementos).

Las conclusiones visuales se ven en estos tres ejemplos de sitios, coloreados usando el sistema de «heatmap», mapa de calor:

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El rojo indica donde la mayoría de los encuestados fijaron la vista con más atención. El amarillo, que allí hubo menos miradas. Y el azul, el contenido menos visto. Las áreas en gris no fueron vistas por los usuarios. Los recuadros en verde muestran (marcados a posteriori de la investigación) los lugares donde hay avisos.

Razzia de Canal 13 en YouTube ¿tan errada?

Canal 13 decidió volar todos los videos de sus programas subidos por usuarios a YouTube. La movida pasó inadvertida por los medios tradicionales, pero recibió la condena unánime de sitios y blogs.

Es entendible que los usuarios estén enojados, más cuando a algunos se les cerró su cuenta o se amenazó con cerrarla. Aunque tal vez habría que ver si ahí YouTube no fue más papista que el Papa.

De lo que no estoy tan convencido es de que la movida haya sido desacertada desde la óptica de Canal 13, cosa que aseguran muchos bloguers.

Los argumentos para explicarle a Canal 13 que, como empresa, lo que hizo fue un error son:

1. Los beneficios “virales” de que, a partir de YouTube, sus programas aparezcan en todas las webs de la red.

2. VXV, el sitio de videos propio en el que Canal 13 sí permite subir sus videos, es poco visitado.

3. Canal 13 reproduce en sus programas videos de YouTube sin permiso.

El último argumento es el más poderoso: desnuda la contradicción del canal. Pero en todo caso, de lo que se lo está acusando es de jugar las reglas del juego: reproduce lo que YouTube permite que se reproduzca y resguarda el copyright de su propio material. Es tan antipático como lícito, como cuando una editorial le pide a Rapidshare que borre un libro propio y a la vez reedita libros de dominio público.

Además, contradicciones va a haber siempre en decisiones como estas. Un ejemplo: uno de los perjudicados con el «operativo» fue Juan Pablo Meneses, periodista y docente de Periodismo.net. Había subido a YouTube fragmentos de «La noche del 10» para hablar de Maradona y le borraron el video… y era para su blog de Clarín.

Con respecto a los dos primeros argumentos, intuyo que la intención del 13 es, precisamente, revertir el fracaso de VXV. Es poco visitado y sus videos son poco virales «por culpa» de YouTube. Eliminado el principal competidor y con videos que no van a poder encontrarse en otro lugar (y de los que muchos blogs dependen) es de esperarse que vaya de a poco aumentando su popularidad, siempre y cuando permitan embeber los videos en otros sitios. Recordemos que YouTube tiene apenas dos años y medio de vida y es popular en Argentina desde hace uno.

Con el contenido en sus manos (aunque lo suban los usuarios), Canal 13 puede monetizarlo. En YouTube no hay ganancia. Esto lo saben todas las cadenas de EE.UU. que difunden por la Red su programación sin costo, pero con publicidad.

Entre la simpatía y los negocios, Canal 13 eligió hacer negocios. Nada loco.

La tentación de ser fundacional y terminar haciendo lo mismo de siempre

El nuevo diario digital mdzonline se presentó en algunos blogs como fundacional. Primero se dijo que era el primer diario online, cuando el primer diario argentino sin soporte de papel es de 1995, Rosarionet. Y son varios los buenos diarios digitales en todo el país.

Luego, bloguers a los que se les pagó el viaje a Mendoza destacaron lo innovador del diario y que los periodistas, como virtud, tienen dos monitores, para no solamente escribir, sino también editar audio, video y otras tareas que tradicionalmente estuvieron diferenciadas en las redacciones («Yo sería más precavido a la hora de celebrar esta cuestión. En la realidad laboral de cualquier industria se le llama ‘polivalencia’ o ‘polifuncionalidad’, uno de los pilares de la flexibilidad laboral», les retrucó un usuario).

Otra característica que se celebró es que los avisos en el diario pudieran reproducirse («embeberse») en otros lados (blogs, por ejemplo). No entiendo lo destacable de esto (ni lo novedoso), pero supongo que siempre habrá alguien que quiera hacer publicidad gratis (si hay gente que se tatuó el logo de Google…).

En general comparto los elogios al diseño y la usabilidad. También al espacio generoso dado a la participación de los lectores. Pero es inútil diagnosticar su éxito o su fracaso a priori, hay que ver los resultados sobre la marcha porque no dependen de factores controlables: si nadie pone comentarios, de poco sirve que haya lugares para hacerlo.

Pero lo que me sorprendió de todos los análisis, es el poco espacio destinado a hablar de periodismo. Al fin de cuentas, es un diario de lo que estamos hablando ¿no?

Antes de que pudiera dejar pasar varios días para ir siguiendo la evolución del contenido, juan pablo, lector de este blog, me avisó que habían calcado mi post de ayer sobre BayTSP (¡copiaron hasta el título!):

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La nota, que ya está en el puesto 12 de las más leídas no solo no me menciona ni linkea a este blog, tampoco tiene la delicadeza de incluir el link a The Wall Street Journal, la fuente original de la que obtuve la mayoría de los datos y que, por supuesto, cito.

Aprovechando que la bandera del diario es la participación de los lectores, envié un comentario, dando cuenta del afano. Hasta el momento no apareció.

Entonces me pregunto, ¿eran necesarios dos monitores para seguir refritando notas como siempre?

Forasteros en la web

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En menos de un año aparecieron en la web una serie de portales dirigidos por periodistas famosos: minutouno, de Chiche Gelblung; Jorgelanata.com, de Lanata; Hipercrítico, de Luis Majul; Puro Show, de Laura Ubfal y Primicias ya, de Jorge Rial.

¿Qué despertó, de golpe, en todos estos periodistas el deseo simultáneo de dedicarse al periodismo digital? La respuesta hay que buscarla en los espacios que están al costado del contenido. Avisos chicos y grandes, de Google y de empresas, de la Nación y de las provincias. Publicidad. A Televisión.com.ar le llevó varios años tener avisos de Canal 13 y Telefé. Puro Show lo logró desde su lanzamiento.

Este heterogéneo lote de periodistas tiene más coincidencias que las que asoman. Además de en la tele, todos tienen su programa de radio. Salvo Ubfal, todos publicaron al menos un libro. Y todos comenzaron en la gráfica, lo que los úbica en un escalón diferente de los Andino y los Facundo Pastor, nacidos en la tele. Exceptuando a Rial, todos los otros ya habían tenido experiencias en Internet. Majul, Ubfal y Gelblung como bloguers. Y Lanata con el ya lejano Data54.

Sus portales son proyectos muy distintos entre sí y con resultados también bien diferentes. Pero lo que los une es un desconocimiento de las posibilidades del medio, un aprovechamiento muy bajo de las características de la web pero que, seguramente, como les pasó cuando llegaron a la radio o a la tele, irán corrigiendo con el tiempo.

Primicias ya: este sitio de espectáculos ya existía antes de la llegada de Rial y no era muy diferente del que se puede ver ahora. Pero se hizo conocido y muy visitado a partir del desembarco del conductor de Intrusos y de su socio Luis Ventura. Su contenido hace sinergia con el resto del «multimedios del chisme» y sirve para saldar asuntos que no se pueden ventilar en radio, tv o en Paparazzi por demasiado pequeños, personales o fuertes para los otros medios. Especialmente repugnante es la columna «Las preguntas malditas».

Puro Show: Laura Ubfal transformó su blog en un sitio, cuando «un empresario» se lo compró y ella pasó a ser empleada a sueldo de su propia creación. Como cuando era un sitio personal, y al igual que Primicias ya, es muy consultado por «la farándula». Pero a nivel usabilidad perdió muchísimo. El buscador no funciona bien, las notas son difíciles de encontrar y la organización del contenido abruma (con el viejo blog se demostraba que menos era más). Tampoco se entiende qué tiene de diferente el contenido de la sección Laura TV del resto del sitio.

Minutouno: Gelblung prometía un sitio más cercano a su interesante etapa en Ámbito Financiero que a lo que suele hacer en tv: taxistas movileros, un especialista en «economía insólita» (a lo «Freakonomics») y otras innovaciones que nunca llegaron a verse. En cambio terminó pergeñando un portal que aspira a emular al español 20 minutos pero que termina asemejándose a Infobae sin agregarle nada. En pocos lados se nota la marca de Gelblung, a diferencia de sus otros emprendimientos. A pesar de tener una redacción enorme para un medio digital, no generan demasiado contenido propio y el único «logro periodístico» que tuvieron fue el «Operativo encubrimiento» de la caída de Alejandra Pradón.

Hipercrítico: Luis Majul prefirió no hacer un portal de noticias y su sitio se dedica a analizar a los medios, lo que le valdrá ser el menos visitado de este lote. Majul se rodeó de un buen staff de periodistas, pero una idea como esta no debería haber apelado a un equipo fijo. Sus opiniones sobre los medios corren el riesgo de agotarse, mientras que ir rotando las voces hubiera enriquecido el debate. Esta estructura donde cada uno escribe de lo que se le canta impide un buen seguimiento de la agenda: hoy nadie se ocupó del comienzo de C5N. Otro punto flojo es la ausencia de comentarios (tienen un incomprensible Libro de visitas). Aunque sea moderándolos, los agregados de los usuarios (colegas y consumidores de medios) sumarían mucho a las afirmaciones de los columnistas.

Jorgelanata.com: el peor del grupo. Con la historia de Lanata como creador brillante de medios y con el antecedente del interesante Data54, este sitio que lleva su nombre da pena. Sobre todo porque no parece de él. Con serios errores de usabilidad (algunos corregidos desde su lanzamiento, pero otros que permanecen) y un contenido que oscila entre chismes de políticos de cuarta línea y lecturas recomendadas de medios en inglés y francés. Ahora que se aboca al nuevo proyecto del diario (en el que además invirtió 200.000 dólares de la venta de su casa en Uruguay), es de esperar que Jorgelanata.com siga bajando en calidad o, directamente, termine abandonado.

Mi música + tu música = nuestra música

En el siglo pasado, prestar discos, cassettes o magazines (¿alguien prestó alguna vez un magazine?) implicaba que nosotros no pudiéramos escucharlo hasta recuperarlo. Eso si lo recuperábamos. ¿Y las peleas encarnizadas para dividir el patrimonio musical conjunto de las parejas que se separaban?

Pero este siglo nació digital y esos ya no son problemas. Basta una grabadora de CDs para tener una copia exacta del tema original. Y ahora con Ezmo podemos tener toda nuestra música a salvo de rupturas, prestamos y accidentes. Porque este reproductor online nos permite subir gratis nuestros archivos para poder escucharlos desde cualquier computadora del mundo.

Lo más interesante que propone Ezmo es que varios amigos suban todos sus discos a un espacio común, para así compartir las colecciones de todos. La cantidad de temas que se puede almacenar es ilimitada.

Primero hay que bajarse un programa que irá subiendo los discos a nuestra cuenta en el sitio. Una vez subida la música, podremos escucharla vía navegador:

Podemos ordenar el material por artista, álbum o por playlists que hayamos armado. Los temas, a su vez, pueden mostrarse por título, artista o álbum. Sin embargo, no hay modo de que podamos escuchar las pistas en el orden original de cada disco.

Usando la opción «Invite a friend» se nos permitirá invitar hasta a diez amigos para que podamos compartir nuestros discos, conformando esta idea de «discoteca comunitaria».

Entre las contras:

– Debería poder regularse la velocidad de subida de los temas para limitarla cuando se hacen otras tareas con la máquina.

– Si se cancela la subida, el programa retomará desde donde se cortó. Pero después ese tema aparece repetido en el listado…

– … lo que no sería un problema tan grave si se pudieran borrar los temas, cosa que no se puede. Tampoco editarlos.

– Si uno selecciona la opción Playlist y no arma ninguna lista de temas, no puede cancelar la operación y se almacena un listado en blanco.

– Lo que no es una falla, sino seguramente una restricción, es que los temas subidos no pueden bajarse.

– No hay una página de Ayuda, ni la posibilidad de salir del sistema (Logout)

– También serían bienvenidas etiquetas para clasificar la música y la posibilidad de acceder a la información técnica de cada álbum vía Freedb o alguna otra base de datos musical. Y, por qué no, una conexión a un reproductor de letras como EvilLyrics.

Y aunque todavía hay mucho por mejorar, el servicio es recomendable, sube los temas rápido y los reproduce sin retardos.

Link: Ezmo

Relacionado: Bajar música gratis no es fácil

Nadie es perfecto, pero algunos lo reconocen

De a poco los diarios digitales van llenando de iconitos el pie de cada noticia: votar, enviar a Menéame, cambiar el tamaño del texto, mandar por email, comentar, imprimir…

El diario El Mundo incorporó un ícono que habrá que ver si el resto de los diarios se atreve a imitar:rectificar. Este botón permite enviar desde cada nota rectificaciones al contenido. Conduce a un formulario que clasifica la errata en cinco categorías: error ortográfico, rectificar la información, completar el contenido, opinión y «otros motivos».

Las recticaciones son luego publicadas en una página especial ordenada por fecha. Allí se lee, por ejemplo:

22 de junio de 2007. Una información en la sección de Ciencia sobre los efectos del cambio climático en las cigüeñuelas se ilustró por error con una fotografía de cigüeñas.

o

22 de junio de 2007. En una información sobre la marcha del orgullo gay celebrada en Jerusalén se dijo que uno de los manifestantes iba cubierto con la bandera griega, cuando en realidad era de Israel.

Si vamos a esas notas, veremos que ya hay una cigüeleña en la primera y que el epígrafe ahora habla de una bandera israelí. O sea, los errores se corrigen.

Mientras tanto, en Clarín, esta nota de hace casi un mes y medio sigue con este error.

Interlink Headline News pierde una pata

La charla era a la vuelta de Sociales, cuando todavía la carrera de Comunicación estaba en Marcelo T. Era 1995 y por eso no llamaba la atención el título, «¿Qué es Internet?», aunque tal vez muchos sigamos considerando válida la pregunta. El orador era un tal Alejandro Piscitelli, a quien solo había leído en un reportaje en Página/12. Fui.

Piscitelli habló de Internet, pero no recuerdo nada de lo que dijo. En un momento mencionó un diario digital que editaba. Cuando terminó la charla, me acerqué para pedirle el modo de acceder a esa publicación. Me explicó cómo suscribirme, se enviaba por email.

Desde ese día y hasta el año pasado leí todos sus editoriales (me faltarán leer unos veintipico) en Interlink Headline News (ILHN), tal el nombre de la publicación, editada en conjunto con Raúl Drelichman. No puedo imaginarme un lector que tuviera tiempo y ganas de leer el cuerpo principal de este diario y sus dos o tres adjuntos cotidianos, pero al fin y al cabo eso pasa con cualquier diario. En todo caso, preferí seguir a Piscitelli por sus viajes físicos y mentales y aprender de lo que él iba aprendiendo.

En 2007 decidieron mudar ILHN del email a la web, en formato blog. Y ahí me perdieron como lector. Nunca me enganché con la versión 2.0, con las secciones fragmentadas en posts. Antes de que mudaran de soporte, ver mensajes no leídos en las carpetas de mi Outlook Express «Interlink 1» (para el cuerpo central) e «Interlink 2» (para los adjuntos) era casi una invitación a la lectura. El push versus el pull del que tantas veces leímos en los editoriales de ILHN.

Ayer Alejandro Piscitelli anunció que, tras doce años dirigiendo este proyecto pionero del periodismo digital argentino, se retiraba de ILHN. El actual director de Educ.ar explica que «quizás lo más llamativo de este último ciclo haya sido mi inesperado silencio en cuanto a componer editoriales y dejar plasmado cada día un estado de ánimo, una lectura interesante, algún choque afectivo, alguna sorpresa cognitiva, que fue lo propio de miles de editoriales a lo largo de este tiempo más que largo», y argumenta, «tengo no una sino varias hipótesis acerca de este taimado silencio, pero no las pondré a prueba con ustedes. Solo puedo aventurar alguna causalidad más o menos eficiente. Mis últimos meses en educ.ar han sido crecientemente complejos. La gestión de una organización como la que tenemos en este momento, con un canal de televisión que exige salir todos los días al aire ha multiplicado las variables y prácticamente ha agotado mi sesera».

Cuando Huili Raffo estaba por cerrar «Los Trabajos Prácticos» escribí un obituario anticipado donde buscaba en el kirchnerismo los motivos del fin de uno de mis blogs favoritos. Ahora de nuevo, aunque tal vez con argumentos opuestos a los de TP, Kirchner lo hizo.