Categoría 'leyes'


¿Cuántos fans tiene tu blog?

A raíz de una nota en La Nación a cinco bloguers donde se hace hincapié en la cantidad de visitas por sobre el contenido, se generó un debate interesante donde se distingue entre visitantes “accidentales” -los que llegan por los buscadores ven lo que necesitan y jamás vuelven- de los “fans”, lectores que son seguidores del blog (las etiquetas son mías).

¿Cómo separar la paja del trigo? Con Google Analytics y Feedburner (o sus programas equivalentes).

Feedburner muestra la cantidad de suscriptores al feed de RSS. Si alguien decidió suscribirse al blog merece ser contado entre los seguidores, por más que no lo consulte todos los días:

A ese número hay que sumarle a las personas que escriben la dirección del blog en el navegador o lo tienen guardado entre sus favoritos. En Google Analytics eso se ve en la opción Direct Traffic del cuadro Traffic Sources Overview:

Este número sirve además para ver la relación entre fans y visitantes accidentales (las otras tres categorías sumadas).

La suma entre estas dos variables (suscriptores + trafico directo) da el total aproximado de seguidores de un blog. Digo aproximado porque habrá fans que acostumbren llegar desde el linkroll de otro blog (Referring Sites), pero el error es mínimo. Y es a mi criterio un mejor parámetro que las visitas totales, las posiciones en los diversos rankings o la cantidad de comentarios para comparar sitios cuantitativamente.


5 acotaron 13 de Mayo de 2008 por Diego Rottman


Consejos para bulímicos culturales: internet

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Para cerrar esta serie, nos queda sólo Internet. Dejo al cine y al teatro afuera porque la oferta no es tan abrumadora como en los otros casos. Y a la radio, porque son pocos los que hacen zapping como en la tele, el oyente es más fiel a su emisora.

Digámoslo de una vez: lograr una selección eficaz de lo mejor de internet es imposible. Medios digitales, versiones digitales de medios de papel y blogs; pero también radios online, podcasts y videítos; y además chats, emails, foros, grupos y listas de discusión. ¿Quién puede lidiar con todo?

Paso conectado muchas horas al día y después de varios años tengo algunos trucos y herramientas para filtrar contenido. Por eso cada vez proceso más material en menos tiempo, pero aún así paso cada vez más tiempo revisando cosas que valen la pena.

Habiendo aclarado que se trata de un problema sin solución, sugiero diez ideas que me sirven para no caer en la infoxicación:

1- Desenchufarse: la primera regla sería reducir al máximo posible el Coeficiente de Vida Virtual. Cuanto menos tiempo tengamos para estar conectados, lo administraremos de modo más inteligente. En mi caso no tengo notebook, handheld (ni siquiera una miserable calculadora científica) para navegar “en tránsito”, pero tampoco una PC en mi casa.

2- Organizar los emails: en mi caso los emails comen un tiempo enorme. Un buen filtro antispam y desuscribirse de todas las listas que jamas leeremos son dos medidas sanitarias indispensables. Otro truco es setear la bajada de emails cada 30 minutos: así no estaremos cortando lo que estamos haciendo a cada rato para ver qué email nuevo recibimos. Por último, armar reglas de mensajes para que los emails se vayan almacenando en distintas carpetas según su urgencia de lectura, de modo que queden solo en la Bandeja de Entrada aquellos que exigen una atención inmediata.

3- Buscadores: no solo recibimos contenido, también a menudo tenemos que ir a buscarlo. Aprovechar los buscadores al máximo puede ahorrar mucho tiempo de navegación inútil.

4- Alertas: un modo de recibir exclusivamente información sobre un tema específico es setear alertas. Google, Yahoo, sitios como GoogleAlert y medios como La Nación ofrecen este servicio gratuito que envía a nuestra casilla de email todo el contenido que responda a una palabra clave.

5- Bookmarks de rutina: hay unos veinte sitios que sí o sí tengo que visitar cada día. Forman parte de una carpeta de favoritos que tengo en la barra de marcadores de Firefox. Los días que tengo poco tiempo, despliego esa carpeta y selecciono la opción “abrir en pestañas”. Así, gracias al Tab Mix Plus, puedo limitarme a recorrer sólo esa veintena de páginas en apenas unos minutos.

6- Patear la pelota: postergar la lectura de ese post tan largo como interesante (como éste por ejemplo) es un clásico del bulímico cultural. Instapaper y Furl son dos herramientas para archivar estas lecturas para “cuando tengamos tiempo” (es decir, nunca).

7- Gatekeepers: encontrar un filtro humano que coincida con nuestros gustos de consumo cultural puede ser una bendición para ahorrar tiempo. Consultar blogs que nos indiquen lecturas interesantes o videos que valgan la pena es un atajo para la navegación cotidiana. Si no fuera yo el que las selecciona (junto con mi hermano Esteban), visitaría a diario las Notas al Margen de Periodismo.com. Los bookmarks sociales como Digg, Meneame o copada, el flamante clon argentino, en mi caso terminan significando más una pérdida que un ahorro de tiempo.

8- Lector de blogs: hace un tiempo deje de usar Netvibes como lector de blogs y me pasé a FeedDemon, un programa gratuito para Windows. Es muy útil y tiene muchas prestaciones que no tienen los lectores online, como marcarnos los blogs que leemos más y los que leemos menos, los temas más populares de los blogs a los que estamos suscriptos, los blogs que no se actualizan por un período determinado, creación de alertas y archivado de recortes. Además tiene un buen buscador interno.

9- Perder tiempo para ganar tiempo: a veces leer artículos sobre como administrar mejor el tiempo puede ser una inversión más que un gasto de tiempo. Acá hay un buen ejemplo (en inglés).

10- Resetear: finalmente, cuando estemos demasiado abrumados por lo que nos queda por leer, podemos acudir a otra función útil de FeedDemon, el “Panic button”:

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Dice: Usted tiene 749 ítem sin leer - Esto no es el email - Usted no tiene que leer todo. A lo mejor es tiempo de apretar el botón de pánico y dejar que FeedDemon marque por usted los ítem como leídos”. Porque a veces tener mucho para leer es igual a no poder leer nada, presiono este botón más veces de las que quisiera. Pero es útil para empezar de cero.

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9 acotaron 27 de Febrero de 2008 por Diego Rottman


Consejos para bulímicos culturales: música

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Al final se vendió la mayor colección de música del mundo. El comprador terminó pagando 3.002.150 dólares, apenas 2.150 dólares más que lo que pedía Paul Mawhinney, su vendedor, por estas seis millones de canciones distribuidas entre tres millones de discos de vinilo y 300.000 discos compactos. Y aunque parece que el ganador es fraudulento, hay otros cinco ofertantes en carrera.

Quien finalmente adquiera este material tiene, a tres minutos promedio por tema, 300.000 horas, o sea 12.500 días, o sea 34 años ininterrumpidos para escuchar canciones sin repetir ninguna ni una sola vez.

El resto de nosotros, deberemos encontrar estrategias para poner escuchar toda la música que querramos invirtiendo menos tiempo. Y menos dinero.

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Tom Schnabel es el conductor del excelente programa de radio Cafe LA. En esta audición semanal puede escucharse desde Boris Vian cantando “el primer rock francés” hasta Kevin Johansen pasando por las últimas novedades del indie yanqui.

Schnabel recibe entre 20 y 40 discos cada semana, que debe escuchar para su trabajo. ¿Cómo hace para seleccionarlos?. Primero mira el arte de tapa en busca de signos que justifiquen abrirlo. Si pasa esta primera barrera, suele escuchar los primeros 30 a 60 segundos de los primeros cinco o seis temas. Los preseleccionados se dividen en dos pilas: aquellos CDs de los que ama al sello, al artista, etc. se los lleva a su casa y los escucha más en detalle en su equipo particular. Al resto los deja en su oficina y los escucha con fast forward.

Así Schnabel llega a los finalistas, que formarán parte del Cafe LA de cada domingo. ¿El resultado? Júzguenlo ustedes mismos:


5 acotaron 25 de Febrero de 2008 por Diego Rottman


Consejos para bulímicos culturales: libros

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Separar qué libros leer y cuáles no conlleva, además de un ahorro de tiempo, un ahorro de dinero. Las selección en la mesa de la librería puede ser por el autor, la tapa, el precio o referencias externas como una crítica o una recomendación. Los editores creen que las solapas son un elemento importante a la hora de concretar la compra. Pero elegir a un autor por el único pedazo de texto que no escribió no parece una decisión muy sensata.

Hay que leer al autor. ¿Pero qué parte? ¿el comienzo del libro? ¿los agradecimientos? ¿la dedicatoria? Nada de todo eso es indicativo de la calidad del texto. Está claro que tampoco vamos a leer el final. La mayoría abrirá una página al azar y se dejará llevar. Pero hay alguien que pensó seriamente en el asunto.

Marshall McLuhan propuso la regla de la página 69. Asegura que sea cual fuere el libro que elijamos, la lectura de la página 69 nos dará la pauta de si el libro vale o no la pena. ¿Por qué justo esa página? Jamás lo aclaró. Pero en la web hay varios blogs que postean páginas 69 de distintos libros para que los lectores las juzguen. El más conocido está enteramente dedicado al tema: The Page 69 Test, que ya puso la sexagésima novena página de casi 300 libros en inglés.

Pero todavía no podemos cantar victoria creyendo que tenemos la regla de oro. Ford Madox Ford tiene una teoría diferente de la de McLuhan: “Abra el libro en la página noventa y nueve y lea, y la calidad del todo le será revelada”. Por supuesto, también existe un blog para los seguidores de esta teoría: The Page 99 Test, con poco más de 200 libros analizados.

¿69 0 99? Aquí se comparan ambas páginas en varios libros y se le da la razón a la regla de McLuhan.

Lo que no me gusta de estas dos reglas es que no tienen en cuenta la extensión del libro. La página 99 en un libro breve de ficción está cerca del desenlace, mientras que en un libro grande puede estar en el primer tercio. Y ni que hablar para un libro con 98 páginas.

Me animo no muy convencido a sugerir la regla de los dos quintos (2/5), más complicada, pero también más rigurosa. Es decir, se multiplica la cantidad total de páginas por 0,4 (o se la multiplica por 2 y se la divide por 5) y se abre en esa página. Así, para un libro de 300 páginas, leamos la 120 a ver qué pasa. Ya transcurrió un 40 por ciento…

Prueben las tres reglas y después me cuentan.


7 acotaron 21 de Febrero de 2008 por Diego Rottman


Consejos para bulímicos culturales: tv

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“Demasiado para consumir en tan poco tiempo”. Aunque el diagnóstico ya es un lugar común de nuestros días, pocos se ocupan del tratamiento de la bulimia cultural. ¿Cómo hacer para acceder a todo lo que nos gusta de la tele, los libros, la web, la música y el cine en el lapso que dura una vida?

Como un servicio de autoayuda para bulímicos culturales, propongo explorar soluciones a este acuciante mal de nuestros días. Hoy empiezo con la televisión.

La sobreoferta televisiva es anterior a la de la música o las lecturas, hijas de la accesibilidad y gratuidad que se consigue en la web. Mucha tele hay desde los últimos ochentas y los primeros noventas, con la consagración del cable. Así que es algo con más antecedentes académicos y periodísticos. Si se revisan esos primeros trabajos, la por entonces novedosa palabra zapping es recurrente.

Las nuevas generaciones nacieron con el control remoto incorporado, pero los que pasamos los 30 y pico teníamos que pararnos y caminar hasta el televisor para girar entre los 4 o 5 canales que había.

En agosto de 1993 Oscar Landi escribía en Clarín:

En un principio parecía que todo consistía en hacer zapping para no tener que ver los avisos entre los bloques de un programa, era una especie de actitud negativa basada en evitar algo. Con el tiempo se fueron descubriendo otros tipos de zappings cuyo denominador común no era evitar algo sino agregar sensaciones e imágenes.

El zapping entonces comienza a desprenderse de su función inicial, digamos defensiva, y se muestra como algo que produce cierto placer en sí mismo, como un ejercicio que es parte de la cultura audiovisual de una persona. El ejemplo más claro de este tipo de zapping es el de las personas que siguen al mismo tiempo varios programas.

La posibilidad de estar asistiendo simultáneamente a un noticioso, un partido de fútbol, un concierto y una telenovela, se funda comunicativamente en que la persona conoce ciertas reglas de estos espectáculos y géneros de programas y entonces puede entrar y salir de los mismos manteniendo razonablemente el hilo de los sucesos y relatos de cada uno de ellos. Esta práctica supone cierta formación en cuanto a las reglas de los distintos programas, pero es activada por un goce de difícil definición y que a veces hace imposible ver junto con ciertas personas la televisión, obliga a comprar otro televisor o incluso provoca divorcios.

Las actuales pantallas que permiten ver al mismo tiempo varios canales en su superficie serían el colmo del zapping, pero me animaría a decir que por el contrario producen una especie de antizapping pues desencantan esta actividad: le quitan su placer más propio, basado en el desplazamiento y el suspenso, su componente de falso apagar, la entrada y la salida de la pantalla a cargo del propio televidente.

Además de su función obvia, Landi destaca dos aspectos marginales del zapping: el placer, no solo de ver lo deseado, sino de dejar de ver; y la construcción de un camino propio desde el receptor del mensaje. O sea: selección y personalización, dos funciones activas que operan sobre el contenido.

¡Cuántas veces escuchamos o leímos la queja del que se bajó la discografía completa de un grupo o, peor, de varios grupos! Sin criterios de selección y personalización todo es igual a nada.

En otro artículo de Clarín, pero de octubre del ‘91, Eliseo Verón aporta otras conductas paralelas al zapping para depurar contenidos televisivos.

Hoy sabemos que el término genérico de zapping recubre varios fenómenos diferentes. Los investigadores norteamericanos han identificado cuatro tipos de comportamiento. El zapping propiamente dicho, acto de cambiar de canal cuando llega la tanda publicitaria que corta un programa. El zipping, que consiste en acelerar el pasaje de un programa que el individuo ha grabado en videocassette, con el fin de saltar los spots publicitarios. El flipping, que cambia de programa durante una emisión, sin que ese cambio tenga ninguna relación con la tanda publicitaria. Y por último el grazing, que es una ida y vuelta permanentemente entre dos o más programas y que traduce la voluntad de seguir emisiones simultáneamente.

Salvo en ese artículo, nunca volví a escuchar hablar del zipping, flipping y grazing, pero propongo agregar una categoría más a la lista, llamémosla pipling (por “people-ing” y “peeping”), que alterna entre lo que se ve en tv y una conversación fuera del televisor, conducta cada vez más frecuente en las mesas de los bares.


7 acotaron 19 de Febrero de 2008 por Diego Rottman


Nunca, en toda la historia de la humanidad, hubo tantos escritores como ahora

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6 acotaron 28 de Enero de 2008 por Diego Rottman


Tomás Abraham tiene nuevo blog

Aunque tengan menos difusión que la pelea de Reina Reech y Laura Ubfal, los intelectuales también tienen sus escandaletes. Hace unos días Tomás Abraham se separó de Quintín y Flavia en el blog que los unía, La Lectora Provisoria.

En su escueto post de despedida, Abraham no da razones, solo la frase “ahora decido apartarme”.

Unos días antes, Quintín escribió un post, Palma me palma, que comienza diciendo:

Cada vez que Tomás nos manda una nota de Dante Palma, me enfurezco de antemano. Tengo poca estima por su prosa y sus argumentos me parecen torpes y falaces. Después de leer lo que escribe Palma siempre propongo no publicarlo, pero Tomás retruca que soy un fanático antikirchnerista y no tolero el disenso. Así que, al final, Palma se sale con la suya y escribe en LLP.

Ante la ausencia de explicaciones, Flavia y Quintín interpretan la deserción en otro post:

Su partida, sin diálogo previo y sin explicaciones, parece la de alguien enojado u ofendido. O quizás esté simplemente harto del blog o de nosotros. No lo sabemos. A lo largo de estos diez meses, las diferencias a las que alude su texto fueron fundamentalmente políticas y, por lo tanto, conjeturamos que la respuesta a la nota de Palma pudo haber sido el detonante de su abrupta decisión. Se ha roto una amistad que nunca llegó a serlo del todo y una sociedad periodística enriquecida por la diversidad de estilos y convicciones.

Tomás Abraham ya está escribiendo en un nuevo blog. Se llama Pan Rayado y está en http://tomabra.wordpress.com/. Tampoco allí se dice por ahora nada de la ruptura.

En junio de este año Piscitelli anunció (aunque después no concretó) que dejaba el ahora blog Interlink Headline News por sus obligaciones como funcionario del gobierno de Kirchner.

En octubre de 2006, el blog Los Trabajos Prácticos dejó de existir y entre las hipótesis del cierre no fue alocado entonces hablar de una brecha insalvable entre kirchneristas y antikirchneristas.


Nadie acotó 6 de Diciembre de 2007 por Diego Rottman


Cinco vicios del cable

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En el boletín de Periodismo.com de este mes escribí “Réquiem para la tv por cable”, donde opongo a la tv por cable con las nuevas tendencias televisivas que propone la web. El análisis es global, pero el cable local también da motivos para quejarse.

Las tandas encabezan la lista. Que por un servicio pago haya que tolerar segmentos publicitarios comparables a los de la tv abierta irrita. Y está prohibido. Ni que hablar de los bombardeos comerciales en los canales infantiles: ¿a nadie le preocupa esta andanada de avisos directo a la cabeza de chicos de tres años? Lo paradójico es que expuestos a la batalla por el rating, los canales de aire casi están eliminando las tandas para evitar la fuga de espectadores.

La revista con la programación es otro motivo. Multicanal/Cablevisión la cobran o sino “regalan” una guía inútil. Telecentro, en cambio, solo ofrece la guía inútil. Las películas se limitan al título, género e intérpretes, con lo que hay que ser un cinéfilo para conocer de qué hablan o acudir a la web. Las series directamente desaparecieron de la programación, con lo que solo queda ir a los sitios de los canales para enterarse a qué hora pasan determinado programa.

Y aquí llega la tercera queja: los sitios oficiales de las señales. Estas webs tienen dos estados posibles: desactualizado o innavegable. Muestran programas viejos o con husos horarios de otro país o están diseñados en Flash y hay que hacer un curso para llegar al horario que necesitamos. Mucha musiquita, mucho wallpaper, pero díganme a qué hora repiten “The Office”.

Y esto nos lleva a la cuarta molestia: la falta de respeto por los horarios. Hace varios años que ternamos como bochorno del año en el Premio Don Segundo Sombra a “Los cambios de días y horas de los programas” y siempre gana o sale segundo. Este vicio de los canales de aire ahora empieza a verse en el cable. Ejemplos: Sony reemplazaba “30 Rock” y “‘Til deadth” con “Fusion A2″ sin avisar o cuando Warner pasó el último capítulo de “Six Feet Under” media hora más tarde. Muchos televidentes graban sus programas favoritos y estos cambios atentan contra los que pretenden seguir una serie.

Por último, la degeneración del punto anterior: modificaciones caprichosas de los contenidos. Ya nos malacostrumbramos a que cuando en la tv abierta un programa que ya está grabado no mide, se lo cambia de horario o se lo acelera cortándolo, pero nunca había pasado algo así en el cable. Ahora pasó. Warner decidió quemar a la prestigiosa serie “Studio 60″ a razón de dos capítulos por semana sin previo aviso. El problema fue que en su repetición de los domingos pasaban uno solo de esos dos capítulos, con lo que los que la grababan ese día (mi caso) ¡veían un capítulo sí y uno no! Un desaguisado que, en la tierra de nadie que es el cable, pasó como si nada.


10 acotaron 5 de Noviembre de 2007 por Diego Rottman


Cuando los geeks enfurecen

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Los foros de discusión suelen ser buenos lugares para encontrar respuestas a nuestras dudas. Allí se congregan los especialistas en el tema y por autopromoción, generosidad o simple vanidad gustan de responder las dudas de los legos.

El problema empieza en esos temas de cuarenta o cincuenta páginas, que nadie lee completos. El novato revisa las tres primeras páginas y, como no encuentra lo que busca, hace click en el botón de “publicar respuesta” y escribe su duda, ignorando que ya aparece formulada y respondida en la página 4, en la 7, en la 21, en la 45…

Al ver que nadie les responde, los más desesperados vuelven a preguntar, a las dos horas, con un agregado tipo “porfi, es de vida o muerte” o “no hay nadie que visite este foro de mierda?”.

Hasta ahora, los geeks solían ignorar a estos dudosos patológicos o responderles un “usa google” o “la respuesta está en google” o “http://www.google.com”. Pero esto no hacía justicia a la ira que les despertaban estas preguntas. Es por eso que alguien, consciente del espacio vacante, creó Usa el puto Google, más ajustado al estado de ánimo de un geek enfurecido, poco dado a la violencia física.

Usa el puto Google tiene una ventana de búsqueda como Google, un botón de búsqueda como Google y arroja resultados como Google. Y hasta ofrece un manual de uso. Viene en cuatro sabores: claudio, marlo, carlos I y domokun, cuatro personajes para insultar por su impericia de distintas maneras a los preguntadores.


6 acotaron 26 de Setiembre de 2007 por Diego Rottman


¡Casciari, danos un respiro!

Hernán Casciari, el talentoso humorista, periodista, bloguer, guionista y novelista tiene un nuevo blog, Espoiler, que publica para el diario español “El País”.

Desde junio reseña allí series de tv norteamericanas (y alguna que otra española o inglesa). Como ya hiciera en orsai, Casciari es hábil a la hora de persuadir y cuesta no terminar viendo todas sus sugerencias. ¡El problema es que cada día agrega nuevas y los programas son semanales!

Ahora se despacha con “40 series interesantes para ver por tele”. Las divide entre las consagradas (The Simpsons, House M.D., C.S.I. Las Vegas, Smallville, Numb3rs, Grey’s Anatomy y Boston Legal), las revelaciones (Ugly Betty, Heroes y Shark), tres grandísimas comedias (How I Met Your Mother, The Office yanqui y My Name is Earl), las nuevas apuestas (Journeyman, Reaper, Life y Dirty Sexy Money) y “las que arrastramos del verano (boreal)” (Damages, Californication, The IT Crowd, Weeds y Curb Your Enthusiasm).

¿Conocen a alguien con tiempo para verlas todas?

Al menos de esa lista yo ya descarté a Los Simpson, My Name is Earl y CSI, porque me aburrieron y Smallville, Grey’s Anatomy y Boston Legal, porque nunca me atrajeron.

Pero sumo por otro lado: no concuerdo con su apología de Studio 60, una dramedia pretenciosa disfrazada de sagaz, pero la sigo aunque no me guste. Todavía no terminé Six feet under, que veo doblada por Warner, ni The Sopranos, por DVD.

¡Y eso que en Argentina todavía no empezó la temporada!

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Alguien acotó 24 de Setiembre de 2007 por Diego Rottman

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