Consejos para bulímicos culturales: libros

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Separar qué libros leer y cuáles no conlleva, además de un ahorro de tiempo, un ahorro de dinero. Las selección en la mesa de la librería puede ser por el autor, la tapa, el precio o referencias externas como una crítica o una recomendación. Los editores creen que las solapas son un elemento importante a la hora de concretar la compra. Pero elegir a un autor por el único pedazo de texto que no escribió no parece una decisión muy sensata.

Hay que leer al autor. ¿Pero qué parte? ¿el comienzo del libro? ¿los agradecimientos? ¿la dedicatoria? Nada de todo eso es indicativo de la calidad del texto. Está claro que tampoco vamos a leer el final. La mayoría abrirá una página al azar y se dejará llevar. Pero hay alguien que pensó seriamente en el asunto.

Marshall McLuhan propuso la regla de la página 69. Asegura que sea cual fuere el libro que elijamos, la lectura de la página 69 nos dará la pauta de si el libro vale o no la pena. ¿Por qué justo esa página? Jamás lo aclaró. Pero en la web hay varios blogs que postean páginas 69 de distintos libros para que los lectores las juzguen. El más conocido está enteramente dedicado al tema: The Page 69 Test, que ya puso la sexagésima novena página de casi 300 libros en inglés.

Pero todavía no podemos cantar victoria creyendo que tenemos la regla de oro. Ford Madox Ford tiene una teoría diferente de la de McLuhan: «Abra el libro en la página noventa y nueve y lea, y la calidad del todo le será revelada». Por supuesto, también existe un blog para los seguidores de esta teoría: The Page 99 Test, con poco más de 200 libros analizados.

¿69 0 99? Aquí se comparan ambas páginas en varios libros y se le da la razón a la regla de McLuhan.

Lo que no me gusta de estas dos reglas es que no tienen en cuenta la extensión del libro. La página 99 en un libro breve de ficción está cerca del desenlace, mientras que en un libro grande puede estar en el primer tercio. Y ni que hablar para un libro con 98 páginas.

Me animo no muy convencido a sugerir la regla de los dos quintos (2/5), más complicada, pero también más rigurosa. Es decir, se multiplica la cantidad total de páginas por 0,4 (o se la multiplica por 2 y se la divide por 5) y se abre en esa página. Así, para un libro de 300 páginas, leamos la 120 a ver qué pasa. Ya transcurrió un 40 por ciento…

Prueben las tres reglas y después me cuentan.

Consejos para bulímicos culturales: tv

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«Demasiado para consumir en tan poco tiempo». Aunque el diagnóstico ya es un lugar común de nuestros días, pocos se ocupan del tratamiento de la bulimia cultural. ¿Cómo hacer para acceder a todo lo que nos gusta de la tele, los libros, la web, la música y el cine en el lapso que dura una vida?

Como un servicio de autoayuda para bulímicos culturales, propongo explorar soluciones a este acuciante mal de nuestros días. Hoy empiezo con la televisión.

La sobreoferta televisiva es anterior a la de la música o las lecturas, hijas de la accesibilidad y gratuidad que se consigue en la web. Mucha tele hay desde los últimos ochentas y los primeros noventas, con la consagración del cable. Así que es algo con más antecedentes académicos y periodísticos. Si se revisan esos primeros trabajos, la por entonces novedosa palabra zapping es recurrente.

Las nuevas generaciones nacieron con el control remoto incorporado, pero los que pasamos los 30 y pico teníamos que pararnos y caminar hasta el televisor para girar entre los 4 o 5 canales que había.

En agosto de 1993 Oscar Landi escribía en Clarín:

En un principio parecía que todo consistía en hacer zapping para no tener que ver los avisos entre los bloques de un programa, era una especie de actitud negativa basada en evitar algo. Con el tiempo se fueron descubriendo otros tipos de zappings cuyo denominador común no era evitar algo sino agregar sensaciones e imágenes.

El zapping entonces comienza a desprenderse de su función inicial, digamos defensiva, y se muestra como algo que produce cierto placer en sí mismo, como un ejercicio que es parte de la cultura audiovisual de una persona. El ejemplo más claro de este tipo de zapping es el de las personas que siguen al mismo tiempo varios programas.

La posibilidad de estar asistiendo simultáneamente a un noticioso, un partido de fútbol, un concierto y una telenovela, se funda comunicativamente en que la persona conoce ciertas reglas de estos espectáculos y géneros de programas y entonces puede entrar y salir de los mismos manteniendo razonablemente el hilo de los sucesos y relatos de cada uno de ellos. Esta práctica supone cierta formación en cuanto a las reglas de los distintos programas, pero es activada por un goce de difícil definición y que a veces hace imposible ver junto con ciertas personas la televisión, obliga a comprar otro televisor o incluso provoca divorcios.

Las actuales pantallas que permiten ver al mismo tiempo varios canales en su superficie serían el colmo del zapping, pero me animaría a decir que por el contrario producen una especie de antizapping pues desencantan esta actividad: le quitan su placer más propio, basado en el desplazamiento y el suspenso, su componente de falso apagar, la entrada y la salida de la pantalla a cargo del propio televidente.

Además de su función obvia, Landi destaca dos aspectos marginales del zapping: el placer, no solo de ver lo deseado, sino de dejar de ver; y la construcción de un camino propio desde el receptor del mensaje. O sea: selección y personalización, dos funciones activas que operan sobre el contenido.

¡Cuántas veces escuchamos o leímos la queja del que se bajó la discografía completa de un grupo o, peor, de varios grupos! Sin criterios de selección y personalización todo es igual a nada.

En otro artículo de Clarín, pero de octubre del ’91, Eliseo Verón aporta otras conductas paralelas al zapping para depurar contenidos televisivos.

Hoy sabemos que el término genérico de zapping recubre varios fenómenos diferentes. Los investigadores norteamericanos han identificado cuatro tipos de comportamiento. El zapping propiamente dicho, acto de cambiar de canal cuando llega la tanda publicitaria que corta un programa. El zipping, que consiste en acelerar el pasaje de un programa que el individuo ha grabado en videocassette, con el fin de saltar los spots publicitarios. El flipping, que cambia de programa durante una emisión, sin que ese cambio tenga ninguna relación con la tanda publicitaria. Y por último el grazing, que es una ida y vuelta permanentemente entre dos o más programas y que traduce la voluntad de seguir emisiones simultáneamente.

Salvo en ese artículo, nunca volví a escuchar hablar del zipping, flipping y grazing, pero propongo agregar una categoría más a la lista, llamémosla pipling (por «people-ing» y «peeping»), que alterna entre lo que se ve en tv y una conversación fuera del televisor, conducta cada vez más frecuente en las mesas de los bares.

Tomás Abraham tiene nuevo blog

Aunque tengan menos difusión que la pelea de Reina Reech y Laura Ubfal, los intelectuales también tienen sus escandaletes. Hace unos días Tomás Abraham se separó de Quintín y Flavia en el blog que los unía, La Lectora Provisoria.

En su escueto post de despedida, Abraham no da razones, solo la frase «ahora decido apartarme».

Unos días antes, Quintín escribió un post, Palma me palma, que comienza diciendo:

Cada vez que Tomás nos manda una nota de Dante Palma, me enfurezco de antemano. Tengo poca estima por su prosa y sus argumentos me parecen torpes y falaces. Después de leer lo que escribe Palma siempre propongo no publicarlo, pero Tomás retruca que soy un fanático antikirchnerista y no tolero el disenso. Así que, al final, Palma se sale con la suya y escribe en LLP.

Ante la ausencia de explicaciones, Flavia y Quintín interpretan la deserción en otro post:

Su partida, sin diálogo previo y sin explicaciones, parece la de alguien enojado u ofendido. O quizás esté simplemente harto del blog o de nosotros. No lo sabemos. A lo largo de estos diez meses, las diferencias a las que alude su texto fueron fundamentalmente políticas y, por lo tanto, conjeturamos que la respuesta a la nota de Palma pudo haber sido el detonante de su abrupta decisión. Se ha roto una amistad que nunca llegó a serlo del todo y una sociedad periodística enriquecida por la diversidad de estilos y convicciones.

Tomás Abraham ya está escribiendo en un nuevo blog. Se llama Pan Rayado y está en http://tomabra.wordpress.com/. Tampoco allí se dice por ahora nada de la ruptura.

En junio de este año Piscitelli anunció (aunque después no concretó) que dejaba el ahora blog Interlink Headline News por sus obligaciones como funcionario del gobierno de Kirchner.

En octubre de 2006, el blog Los Trabajos Prácticos dejó de existir y entre las hipótesis del cierre no fue alocado entonces hablar de una brecha insalvable entre kirchneristas y antikirchneristas.

Cinco vicios del cable

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En el boletín de Periodismo.com de este mes escribí «Réquiem para la tv por cable», donde opongo a la tv por cable con las nuevas tendencias televisivas que propone la web. El análisis es global, pero el cable local también da motivos para quejarse.

Las tandas encabezan la lista. Que por un servicio pago haya que tolerar segmentos publicitarios comparables a los de la tv abierta irrita. Y está prohibido. Ni que hablar de los bombardeos comerciales en los canales infantiles: ¿a nadie le preocupa esta andanada de avisos directo a la cabeza de chicos de tres años? Lo paradójico es que expuestos a la batalla por el rating, los canales de aire casi están eliminando las tandas para evitar la fuga de espectadores.

La revista con la programación es otro motivo. Multicanal/Cablevisión la cobran o sino «regalan» una guía inútil. Telecentro, en cambio, solo ofrece la guía inútil. Las películas se limitan al título, género e intérpretes, con lo que hay que ser un cinéfilo para conocer de qué hablan o acudir a la web. Las series directamente desaparecieron de la programación, con lo que solo queda ir a los sitios de los canales para enterarse a qué hora pasan determinado programa.

Y aquí llega la tercera queja: los sitios oficiales de las señales. Estas webs tienen dos estados posibles: desactualizado o innavegable. Muestran programas viejos o con husos horarios de otro país o están diseñados en Flash y hay que hacer un curso para llegar al horario que necesitamos. Mucha musiquita, mucho wallpaper, pero díganme a qué hora repiten «The Office».

Y esto nos lleva a la cuarta molestia: la falta de respeto por los horarios. Hace varios años que ternamos como bochorno del año en el Premio Don Segundo Sombra a «Los cambios de días y horas de los programas» y siempre gana o sale segundo. Este vicio de los canales de aire ahora empieza a verse en el cable. Ejemplos: Sony reemplazaba «30 Rock» y «‘Til deadth» con «Fusion A2» sin avisar o cuando Warner pasó el último capítulo de «Six Feet Under» media hora más tarde. Muchos televidentes graban sus programas favoritos y estos cambios atentan contra los que pretenden seguir una serie.

Por último, la degeneración del punto anterior: modificaciones caprichosas de los contenidos. Ya nos malacostrumbramos a que cuando en la tv abierta un programa que ya está grabado no mide, se lo cambia de horario o se lo acelera cortándolo, pero nunca había pasado algo así en el cable. Ahora pasó. Warner decidió quemar a la prestigiosa serie «Studio 60» a razón de dos capítulos por semana sin previo aviso. El problema fue que en su repetición de los domingos pasaban uno solo de esos dos capítulos, con lo que los que la grababan ese día (mi caso) ¡veían un capítulo sí y uno no! Un desaguisado que, en la tierra de nadie que es el cable, pasó como si nada.

Cuando los geeks enfurecen

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Los foros de discusión suelen ser buenos lugares para encontrar respuestas a nuestras dudas. Allí se congregan los especialistas en el tema y por autopromoción, generosidad o simple vanidad gustan de responder las dudas de los legos.

El problema empieza en esos temas de cuarenta o cincuenta páginas, que nadie lee completos. El novato revisa las tres primeras páginas y, como no encuentra lo que busca, hace click en el botón de «publicar respuesta» y escribe su duda, ignorando que ya aparece formulada y respondida en la página 4, en la 7, en la 21, en la 45…

Al ver que nadie les responde, los más desesperados vuelven a preguntar, a las dos horas, con un agregado tipo «porfi, es de vida o muerte» o «no hay nadie que visite este foro de mierda?».

Hasta ahora, los geeks solían ignorar a estos dudosos patológicos o responderles un «usa google» o «la respuesta está en google» o «http://www.google.com». Pero esto no hacía justicia a la ira que les despertaban estas preguntas. Es por eso que alguien, consciente del espacio vacante, creó Usa el puto Google, más ajustado al estado de ánimo de un geek enfurecido, poco dado a la violencia física.

Usa el puto Google tiene una ventana de búsqueda como Google, un botón de búsqueda como Google y arroja resultados como Google. Y hasta ofrece un manual de uso. Viene en cuatro sabores: claudio, marlo, carlos I y domokun, cuatro personajes para insultar por su impericia de distintas maneras a los preguntadores.

¡Casciari, danos un respiro!

Hernán Casciari, el talentoso humorista, periodista, bloguer, guionista y novelista tiene un nuevo blog, Espoiler, que publica para el diario español «El País».

Desde junio reseña allí series de tv norteamericanas (y alguna que otra española o inglesa). Como ya hiciera en orsai, Casciari es hábil a la hora de persuadir y cuesta no terminar viendo todas sus sugerencias. ¡El problema es que cada día agrega nuevas y los programas son semanales!

Ahora se despacha con «40 series interesantes para ver por tele». Las divide entre las consagradas (The Simpsons, House M.D., C.S.I. Las Vegas, Smallville, Numb3rs, Grey’s Anatomy y Boston Legal), las revelaciones (Ugly Betty, Heroes y Shark), tres grandísimas comedias (How I Met Your Mother, The Office yanqui y My Name is Earl), las nuevas apuestas (Journeyman, Reaper, Life y Dirty Sexy Money) y «las que arrastramos del verano (boreal)» (Damages, Californication, The IT Crowd, Weeds y Curb Your Enthusiasm).

¿Conocen a alguien con tiempo para verlas todas?

Al menos de esa lista yo ya descarté a Los Simpson, My Name is Earl y CSI, porque me aburrieron y Smallville, Grey’s Anatomy y Boston Legal, porque nunca me atrajeron.

Pero sumo por otro lado: no concuerdo con su apología de Studio 60, una dramedia pretenciosa disfrazada de sagaz, pero la sigo aunque no me guste. Todavía no terminé Six feet under, que veo doblada por Warner, ni The Sopranos, por DVD.

¡Y eso que en Argentina todavía no empezó la temporada!

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Mesa de saldos V

Ideas y links que no llegaron a post

¿Cómo saber si un sitio es seguro para navegar? Scandoo es una interfaz que corre sobre Google, Yahoo o MSN (Live) y a los resultados del buscador les agrega un iconito advirtiendo sobre el nivel de seguridad de cada enlace. Los resultados se generan en tiempo real. Acá hay un ejemplo para la búsqueda de la palabra «crackz»

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Lo que significa cada advertencia se ve poniendo el mouse sobre el iconito del margen izquierdo.

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Actualizaciones:

1) Todavía no me enteré si al final Chris murió por la paz, pero su página ya no está más.

2) Al final se vendieron los lentes de Lennon que se remataban a 2 millones de dólares. Acá especulaba con la personalidad del comprador.

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Para los que piensan que al puterío no hay con qué darle, un estudio del Centro Pew difundido hoy afirma que la gente está harta de los escándalos mediáticos. Al menos en Estados Unidos, el 87% de los 1000 encuestados opina que los problemas de las celebridades tienen demasiada cobertura y solo un 2% la considera insuficiente. ¿No será este sondeo una muestra más del doble discurso frente al consumo de chatarra cultural? Porque los ratings no bajan…

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Lo barato sale caro. Pero lo caro también.

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No permitan que el fracaso les deteriore el autoestima. Cuando ganás, el mensaje de admiración es tan confuso, te estimula tanto el amor hacia uno mismo y eso deforma tanto. Y cuando perdés sucede todo lo contrario, hay una tendencia morbosa a desprestigiarte, a ofenderte, sólo porque perdiste. En cualquier tarea se puede ganar o perder, lo importante es la nobleza de los recursos utilizados, eso sí es lo importante; lo importante es el tránsito, la dignidad con que recorrí el camino en la búsqueda del objetivo. Lo otro es cuento para vendernos una realidad que no es tal.

La frase es de Marcelo Bielsa y la vi en «Mi vida es un drama», uno de mis blogs favoritos. Su autor, Luchio (Luciano Dolber, ex Infobae) logró un blog acerca de nada, tanto como Seinfeld hizo un show acerca de nada. Y sus «estúpidos lectores» contribuyen bastante a que así sea. No apto para almas sensibles.

Blogversaciones: Twitter

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En el Boletín de Periodismo.com que se envía hoy escribo sobre Twitter, el tema que parece tener en vilo a la blogosfera argentina. Este servicio para enviar al mundo mensajes de 140 caracteres de extensión no deja a nadie indiferente. Y eso se vio en los blogs estos últimos días:

Dijo Resacas: «Twitter es lindo. Es como volver a la lista de correo, pero más breve. Es bueno porque nos da la idea de ‘aquí estamos’. Acto de presencia. Nos evita la molestia de escribir un mail preguntando: -¿Qué pasa tío?; nos enteramos un poquito de logros editoriales, cambios de trabajo, amores nuevos, nacimientos, operaciones, proyectos discográficos, decepciones, deseos, aburrimientos mutuos y también de las cosas mínimas que nos pasan. Lo necesario. Sin entrar en detalle.»

Dijo Bloc de Periodista : «Estamos construyendo el primer directorio de twitteros argentinos. ¿Existe otro? Para estar en él sólo tenés que descubrir tuitiar. Agregalo a tu lista y veremos cuántos somos. No importa dónde estés. Mancini es argie, pero está en Madrid. ¿Cuántos twitteros argentinos habrá? ¿300, 1.000 ó más de 5.000? Tuitiar servirá para eso, entre otras cosas.»

Dijo eBlog: «Lo interesante de Twitter es una vez que lo usás y agregás gente y lees a todos ellos. Porque si lees sólo a un usuario (Gallo, Mancini o quien sea) es como escuchar a Los Beatles con un sólo parlante: perdés sonidos, voces, instrumentos.»

Dijo el ciprés en el patio: «Y claro, como no se van a copar todos los periodistas de la argentina con twitter, si están todo el día al pedo
es ideal para postear vía celular desde un evento con sus colegas, todos comprometidos con la realidad nacional mientras miran un nuevo televisor de LCD y comen un sandwichito de atún no es tan grave, ahora solo habrá que aguantar las notas, ‘el boom’, los directorios, las referencias, las recomendaciones, ‘la comunidad de twitteros en la argentina’, el croto que tiene cuenta twitter, el especial multimedia, la tapa del suple sí, la zzzzzzZZzz».

Dijo Minerva: «Yo me registré hoy porque la idea me pareció divertida y me agregaron no sé cuántos tipos de los cuales no tengo ni puta idea de quiénes son. Hay un par que leeré porque leo sus blogs y me divierten. El resto que se curta. Además no sé cuánto me va a durar la euforia. Y en tercer y último lugar, no sé, no quiero ser agresiva porque mi mamá me enseñó que eso es malo, pero ¿qué pomo me importa quién va a ser la tapa de la próxima Playboy?»

Dijo Resacas: «Twitter se llenó de presuntuosos, ególatras, jactanciosos, haciendo ostentación de sus palms, sus ipods, sus laptops, sus viajes, sus trabajos, sus desarrollos profesionales, sus emprendimientos acerca de causas nobles, pero, por sobre todo, haciendo alarde de una soledad alarmante y un patetismo que supera (todavía más) al de los salones de chat.»

Dijo La tuya está: «Veo que existe la tentación de crear listas tuitera que se contapongan a la de los iniciadores de la cosa lo que implica simplemente duplicar el sistema. Recuerdo un diálogo entre Foucault y un grupo de estudiantes maoistas acerca de la autoridad policial, los maoistas claro hablaban de la creación de su propio cuerpo policíaco mientras que el filósofo trataba de hacerles entender que eso sólo era un réplica de los mismos métodos de la burguesía y que lo que había que romper era esa idea de replicar un sistema con otro y acabar con la idea de autoridad. La creación de otras listas tuiteras sólo responde a una idea de emulación que me parece absurda, no es que este mal ESA lista de tuiter hay que oponerse a la idea general de que es mejor hablar con titulares que explayarse.»

Dijo deUgarte: «La visibilidad permanente y perenne genera resistencias, resistencias que no son precisamente a la postmodernidad, sino a la esencia misma de la Modernidad y sus instituciones tal y como las describía Michel Foucault. Para muchos la cruda emisión contínua del ‘yo hago’ hace que la red generada se parezca demasiado, siguiendo a Foucault, al patio del colegio, el psiquiátrico o la prisión. La visibilidad total es el control total posible. Tal vez por éso, de mi red twittera original, la mayoría de los que quedan más activos son los que han cerrado la lectura de sus mensajes a externos a la red íntima.»

Dijo Daroxiano: «Me vienen dos preguntas:
a) ¿No les da fastidio tener que contarle a cada espontáneo que carajo están haciendo? ( yo he terminado relaciones maravillosas sólo porque cada noche me llamaban para saber que había cenado)
b) ¿A que viene esta fe virtual en lo que el prójimo hace o dice?. Fe por cierto que no se verifica en el mundo real… Y, a pesar de cómo pueda sonar, me resulta más sano esto último.
No sé… supongo que estoy viejo, pero tampoco entiendo esto che. Se me antoja fatuo. ¿Será esa pasión de vivir para una cámara (cada vez menos) imaginaria?».

Dijo Wimbledon : «Personalmente, creo que Twitter podría ser algo así como el catálogo de las acciones de comienzo del siglo XXI. Una fuente a la que podrían recurrir los antropólogos esparcidos por el mundo para saber cómo vive la gente, qué hace.»

Dijo Carlos Seda: «En la medida que soy lo que enseño mi vida es una vida hueca. No hay un adentro, no hay nada que conocer en mí. Ningún secreto, ninguna motivación interna. Todo se reduce a una pura apariencia que exterioriza su propia lógica en el próximo tweet.»

Dijo Pablo Mancini: «Twitter revive los peores prejuicios que hace unos años tenían como objeto a los blogs y ahora, parece, a los chats distribuidos. Aún con sobredosis de gerundios y función fática del discurso, Twitter sobrevive y crece. ¿Por qué? Porque la potencia es el formato, la arquitectura y no el contenido. La arquitectura de la red cala más hondo que los contenidos que circulan por ella. La arquitectura de la red es su política y eso es algo que la política elitista sobre contenidos -moderna, nada posmo, verticalista e idealista- no comprende porque piensa en viejo. Twitter es un emergente minúsculo de la era de la fluidez, 140 caracteres de la desinvención de la modernidad. Cuando nos molesta -a todos nos pasó- es porque nos transforma. Relájate y goza.»

Dijo Nada Personal : «Twitter no me cierra a pesar de su potencial informático-automático y aunque el concepto de tiempo real aplicado a lo virtual sea tan interesante. El problema es que no vi que se use para eso.»

Dijo el escribiente: «No sé por qué piensan que intercambiar pelotudeces a través de los blogs, de Twitter o de lo que mierda sea tiene mayor trascendencia que intercambiar pelotudeces por teléfono, en una charla de bar o en la cola del Coto. La supuesta conveniencia de las nuevas herramientas nunca podrá apreciarse mientras los contenidos sean los de siempre: egos, puteríos, celos, alcahueterías y hasta algún business, propios de la profesión periodística.»

Dijo roedor: «Si los tuiteros les parecen absurdos, abstráiganse un rato y pregúntense por la salud mental de los millones de hombres y mujeres de cualquier edad que en el subte, el bondi, la cola del banco, el banco de plaza o hasta caminando en la calle, van con la cara estampada a la pantallita del celular escribiendo cosas trascendentes del tipo ‘estoy llegando’ o ‘tkm, cuidate’.

Qué no contar en Twitter
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