Tres años de “Malas Palabras”: los mejores posts

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Como para el segundo aniversario de este blog, una lista con los posts más interesantes del tercer año de Malas Palabras. Anuncio, de paso, que voy a actualizar mucho menos y que suspendo por ahora la «Dosis semanal de Chandler» (consigan el libro que está bueno) y «La batea de los covers».

Mi remera milita por mí: catálogo de remeras «comprometidas».

Cuando conocí a Guinzburg: un reportaje adolescente a Carlos Abrevaya y Jorge Guinzburg.

¿Humo en Buenos Aires? ¿Y si cayera una bomba atómica?: ciencia ficción que especula sobre los efectos de una explosión radiactiva en la ciudad.

El regreso de Archi: sobre el agotamiento de los superlativos.

Libros para ser trola: bibliografía para introducirse al oficio más antiguo del mundo.

El primer mes de Crítica: un balance precoz del diario de Lanata.

Cuatro series sobrevaloradas. Y cuatro subvaloradas.: Abajo Californication. Arriba Entourage.

No pararemos hasta fotografiar los mocos de tu nariz: Sobre la microscópica visión de Google Street View y la privacidad.

Los 10 mejores programas argentinos de humor: de Juana Molina a Tinelli.

¿Cuántos fans tiene tu blog?: cómo separar a los lectores «accidentales» de los seguidores de un blog.

Mi no hablar bien español: aberraciones del español de EE.UU. (y una sorpresa).

Mugshots: tributo al fotógrafo desconocido: apología del fotógrafo policial.

Les presento a ؟: un signo de puntuación desconocido y rebelde.

Sea un militante del PC: cómo preocuparse por los más necesitados moviendo el dedo índice.

La revista de Tinelli fracasará: tan acertado fue el pronóstico que ni siquiera sacaron el número 1.

Lo que faltaba: el intelectual mediático: Christopher Hitchens se somente a torturas para las cámaras.

Las 50 mejores revistas argentinas: primero fueron 30 y, a pedido de público, llegaron a media centena.

Ahora que hay que cerrar los blogs, algunas ideas para el post final: sobre la (¿no tan?) alocada profecía de Wired.

Cómo enseñar matemática: merecería figurar entre los enigmas sin resolver del siglo XXI (aunque tiene un solución válida).

Los metrolectuales: perfil del Intelectual palermitano.

Dosis semanal de Chandler

"Los editores y otros deberían dejar de preocuparse por la pérdida de clientela que puede causarles la televisión. El tipo que puede soportar un trío de comerciales de desodorantes para mirar a Flasgun Casey y tragarse los elogios a cervezas o a planes usurarios de crédito para poder ver a un par de boxeadores de cuarta frotándose las narices contra las cuerdas, no es alguien que vaya a perder tiempo leyendo libros." (1946)

Dosis semanal de Chandler

No estoy interesado en complacer a los intelectuales escribiendo crítica literaria, porque la crítica literaria como arte en estos tiempos tiene un alcance demasiado estrecho y un público demasiado limitado, lo mismo que la poesía. [..] El público lector es intelectualmente adolescente en el mejor de los casos, y es obvio que lo que se llama "literatura significante" podrá vendérsele a este público por los mismos métodos que se usan para venderle pasta dental, purgantes y automóviles. Es igualmente obvio que dado que a este público se le ha enseñado a leer por fuerza bruta, querrá, en los intervalos entre los esfuerzos con los últimos bestsellers "significantes", leer libros que sean divertidos y excitantes. De modo que, como todo público a medias educado de todos los tiempos, se volverá con alivio hacia el hombre que le cuente una historia y nada más. Decir que lo que ese hombre escribe no es literatura es como decir que un libro no puede ser bueno si provoca ganas de leerlo. Cuando un libro, cualquier clase de libro, llega a cierta intensidad de realización artística, se vuelve literatura. Esta intensidad puede ser cuestión de estilo, de situación, de personajes, de tono emocional, o idea, o media docena de otras cosas.

Dosis semanal de Chandler

«Un hombre llamado Inkstead me sacó algunas fotos para Harper’s Bazaar hace un tiempo (nunca pude descubrir por qué) y una en la que yo estaba con mi secretaria sentada sobre las rodillas salió realmente muy bien. Cuando reciba la docena que pedí le enviaré una. Quizá convenga aclarar que la secretaria es una gata persa negra, de catorce años, y la llamó así porque ha estado conmigo desde que empecé a escribir, por lo general sentándose sobre el papel que quiero usar o los escritos que quiero revisar, a veces saltando sobre la máquina de escribir y a veces mirando tranquilamente por la ventana desde un rincón del escritorio, como diciendo «lo que estás haciendo es una pérdida de tiempo, compañero». Su nombre es Taki (originalmente era Take, pero nos cansamos de explicar que era una palabra japonesa que significa bambú, y debe pronunciarse en dos sílabas) , y tiene una memoria como ningún elefante puede haber intentado tenerla. Por lo general es cortésmente distante, pero de vez en cuando se pone de humor discutidor y habla durante diez minutos sin parar. Ojalá yo supiera lo que está diciendo, pero sospecho que se resume en una versión muy sarcástica de «podrías hacerlo mejor». He amado a los gatos toda mi vida (no tengo nada contra los perros salvo que necesitan mucha diversión) y nunca he podido entenderlos del todo. Takie es un animal completamente aplomado y siempre sabe a quién le gustan los gatos, nunca se acerca a alguien a quien no le gustan, y siempre va directamente hacia cualquiera, por tarde que llegue y desconocido que sea, que realmente los quiera. No pasa mucho tiempo con ellos, no obstante, se limita a un monto moderado de caricias y juegos. Tiene otro truco curioso (que puede o no ser excepcional), y es que nunca mata a ninguna presa. Las trae vivas y deja que uno las tome. En diversas ocasiones ha traído a casa presas como una paloma, un loro azul y una gran mariposa. La mariposa y el loro estaban enteramente indemnes y siguieron su vida como si nada hubiera pasado. La paloma le dio algunos problemas, pues al parecer no quería ser transportada, y tenía una pequeña macha de sangre en el pecho. Pero la llevamos a un veterinario y estuvo bien muy pronto. Sólo un poco humillada. Los ratones la aburren, pero los atrapa si ellos insisten, y después yo tengo que matarlos. Tiene una especie de cansino interés en los topos, y puede observar con cierta atención una cueva de topo, pero los topos muerden y después de todo, ¿quién quiere un topo? Así que se limita a simular que podría atrapar uno, si quisiera.

Va con nosotros a todas partes donde viajamos, recuerda todos los sitios donde ha estado antes y en general se siente a gusto en cualquier lado. Uno o dos lugares le cayeron mal, no sé por qué. Simplemente no se adaptó a ellos. No tardamos en entender las alusiones. Lo más probable es que en ese sitio haya habido algún asesinato brutal, y que estaríamos mucho mejor en otra parte. El asesino podría volver. A veces me mira con una expresión peculiar (es el único gato que conozco que lo mira a uno a los ojos) y tengo la sospecha de que lleva un diario, porque la expresión parece decir: «Hermano, en general se te ve muy satisfecho contigo mismo, ¿no? Me pregunto qué sentirías si yo decidiera publicar algo de lo que he venido anotando en mis ratos libres». En ciertos momentos tiene el gesto de levantar una pata delantera y dejarla colgando, mirándola especulativamente. Mi esposa piensa que está sugiriendo que le compremos un reloj de pulsera; no lo necesita por ningún motivo práctico (sabe la hora mejor que yo) pero después de todo las chicas necesitan tener alguna joya.

No sé por qué estoy escribiendo todo esto. Debe de ser porque no se me ocurre ninguna otra cosa o (aquí es donde se pone siniestro), ¿lo estoy escribiendo en realidad yo? Podría ser que… No, debo ser yo. Digamos que soy yo. Tengo miedo.

P.S.: Estoy trabajando en una adaptación a la pantalla de La dama del lago para la MGM. Me aburre a muerte. Es la última vez que hago un guión de un libro que yo mismo escribí. Es como revolcarse sobre huesos secos.»

Dosis semanal de Chandler

Tengo una queja para presentar, y es vieja: el frío silencio y la paralización que sobrevienen cuando aparece algo que no está bien o no es oportuno. Me lastima y me lastimará siempre. No se necesitan semanas para decirle a alguien (aun por el más lento de los correos) que su artículo está mal, cuando puede decirle en cuestión de días que está bien. Los editores no hacen enemigos por rechazar manuscritos, sino por el modo en que lo hacen, por el cambio de atmósfera, la postergación, la nota impersonal que se arrastra.

Dosis semanal de Chandler

Hollywood es la única industria en el mundo que paga a sus trabajadores los montos de dinero que en otras industrias sólo ganan los capitalistas y los grandes ejecutivos. Si bien es algo menos que el ideal, es la única industria que intenta con el idealismo; si hace un arte malo, ninguna otra hacer arte, salvo como subproducto de la ganancia. Si gana dinero con películas malas, podría hacer más dinero con películas buenas, y lo sabe y trata de hacerlas. Simplemente no hay talento suficiente en el mundo con el cual hacerlas, en esa escala. Sus películas cuestan demasiado y en consecuencia deben ser seguras y producir grandes ganancias; pero ¿por qué cuestan demasiado? Porque sabe cómo pagarle a la gente que hace el trabajo […] Hollywood me paga un gran sueldo sólo por tratar de escribir algo que quizá pueda usar. Y cuando escribo algo que da ganancias, entonces rompe mi contrato y redacta uno mejor. No puedo despreciar a una industria que hace eso.

Dosis semanal de Chandler

Cerca del comienzo del tercer año del blog y de regreso de mis vacaciones, pienso en varios cambios para Malas Palabras. Uno es el agregado de secciones semanales. Veremos cuánto duran.

Una de esas secciones semanales empieza con este post. Entre mis lecturas veraniegas encontré un viejo libro llamado "El simple arte de escribir". Aunque firmado por Raymond Chandler, es en realidad una antología de su correspondencia. Fue publicado por Emecé en 2002 y la traducción es de César Aira.

Al principio de su lectura fui marcando algunas frases que me llamaron la atención para Malas Palabras SIC, pero después terminaron siendo tantas que merecían un espacio propio.

Chandler retrata con humor elegante a los intelectuales, los editores, los productores de Hollywood, la sociedad norteamericana y a sí mismo y es notable la actualidad de la mayoría de sus diagnósticos.

Pero también da valiosos consejos literarios. Sus cartas son, a la vez, la autobiografía informal de uno de los escritores más lúcidos del siglo XX. chandler

El título original de "El simple arte de escribir" es "The Raymond Chandler Papers", que es una recopilación hecha por Tom Hiney. Que es, a su vez, una recopilación de "The selected letters of Raymond Chandler" un trabajo anterior hecho por Frank MacShane.

Por eso, para empezar esta recopilación de recopilación de recopilación, viene bien la cita que abre la introducción de Hiney, una carta a sus editores de Sheridan House:

En general el negocio de la antología me produce un completo disgusto. Gente que no le ha dado nada al mundo en términos de escritura (y nunca lo hará) presume de utilizar el trabajo de otros a precios nominales, y por Dios me refiero a precios nominales, para su propio beneficio y provecho y se justifican como compiladores o críticos o eruditos, en apoyo de lo cual escriben una vomitivas pequeñas introducciones y se quedan sentados con una sonrisa indulgente y los bolsillos bien abiertos.