La propuesta me recordó a la llegada de la videocasetera a los hogares, que mudaba al entorno doméstico el ritual público y compartido de ver cine. Con “Pantalla Chica” videos pensados para ver en privado, en solitario y frente a un monitor se trasladaban de nuevo al ámbito del cine.
Y no fue lo mismo. Para empezar, el espacio compartido: las carcajadas y aplausos le dan otra fuerza al material, se ve de otra manera. Para seguir, videos que con el stop al alcance del dedo índice hubieran durado unos segundos en nuestras computadoras acá había que verlos completos sí o sí. Y valió la pena ser menos impaciente. Y por último, la elección del video no la hizo el propio espectador, como siempre pasa en YouTube, sino otra persona y eso nos llevaba a descubrir mundos ajenos y no seguir en nuestro propio universo.
El curador de una muestra de pintura debe elegir una decena de cuadros entre a lo sumo una centena. En este caso había que seleccionar tres videos entre, literalmente, millones.
Para eso inventé un criterio, arbitrario como todos, que es el de definir tres tipos de videos que pueden verse en YouTube.
El primer tipo o YouTube 1.0 es el de “todos somos espectadores”, videos pensados para otro soporte y trasladados a YouTube: fragmentos de programas de tv o películas, clips musicales, publicidades, etc. Para ilustrar esta categoría elegí un clásico de este blog, Dalí como invitado al programa de entretenimientos “What’s my line” el 20 de enero de 1952. La mecánica del juego es similar a “La visita” de “Justo a tiempo”, solo que en lugar de Julián Weich está John Daly y en lugar de Fierita, el fundador de Random House. Pero nombres más, nombres menos, sirve para confirmar que en más de medio siglo la tele abierta no cambió demasiado:
En el tipo YouTube 2.0 “todos somos -o podemos- ser creadores y espectadores”. Con una PC, una cámara y un software de edición, cualquiera con algo de empeño puede lograr un material de calidad profesional hecho especialmente para el portal de videos y ganarse una audiencia de varios millones de personas a nivel mundial. Para este grupo mostré un trailer de 2006 de una secuela apócrifa de Titanic, “Titanic II: Saliendo a la superficie”. Fue realizado a los 25 años por Robert Blankenheim bajo el seudónimo de Derek Johnson combinando fragmentos de distintas películas de Leonardo di Caprio:
Existe un making-of de este trailer donde se muestra lo fácil y barato que es hacerlo. Acá lo pongo, a modo de bonus track:
El último tipo es el de “todos somos creadores”. Un universo ¿futuro? donde abunden los emisores de mensajes, pero ya no haya nadie interesado en recibirlos. Esto no es novedoso –recordar las diapositivas del viaje a Europa que nos mostraban los familiares- pero es cada vez más una tendencia desde que florecieron las camaritas en los celulares.
El video es un fragmento animado del programa “This American Life”. Jeff Potter cuenta su historia al conductor Ira Glass. La animación fue realizada por John Kuramoto en base a dibujos de Chris Ware. El programa original fue emitido por la cadena Showtime el 12 de abril de 2007.
Mientras esperamos el próximo festival Pantalla Chica, pueden ver más videos en mi canal en YouTube.
A punto de tomarme unas merecidas vacaciones, este blog no va a actualizarse, al menos, hasta marzo, cuando cumpla sus primeros cuatro años de vida.
Para que no se aburran durante todo ese tiempo, acá va un listado de otros sitios, blogs y espacios en redes sociales que tienen que ver conmigo.
Malas Palabras: empezando por acá, mi blog personal tiene casi mil entradas para leer. Acá, acá y acá hay una selección de los mejores posts. Recomiendo también el “Manual de Zonceras Digitales”, una especie de manifiesto contra los lugares comunes de los medios online. Este es su índice:
Malas Palabras II:La caída del bulo de Merlín fue un post para recordar a una de las primeras radios truchas argentinas. Allí lamentábamos que no hubiera material online para recordarla. La magia de Internet hizo que llegaran hasta acá fans de la emisora y tres de sus integrantes: Pablo Avelluto, Fernando Collazo y Santiago Salgado. Santiago subió, además, varios momentos para escuchar que reproducimos acá. ¡Misión cumplida!
Redes Sociales: también estoy en Twitter, Facebook, Linkedin y YouTube. De estos cuatro, recomiendo Twitter, donde tengo publicados 1543 tuits y varios favoritos de otros usuarios.
Otros sitios que tienen que ver conmigo. Van a seguir actualizándose en estos días (no por mí) Periodismo.com, Noticias Locas y Weblog.com.ar. También pueden leer Vida de Averchenko, la primera novela argentina publicada en Internet. O hacer un curso de periodismo a distancia en Periodismo.net: las clases empiezan este lunes.
(Tercera entrega del “Manual de zonceras digitales”, publicada en el boletín 129 de Periodismo.com de abril de 2009)
Cada 1º de abril los anglosajones festejan April Fools’ Day. En esos países, como el 28 de diciembre en los de habla hispana, es un día consagrado a gastar bromas. Cada vez son más los medios de comunicación que se suman al ritual e incluyen en su agenda informativa, alguna noticia inventada. En su entrada sobre el tema, Wikipedia resume algunos de los casos más notorios de bromas de la prensa en ese día.
El problema es cuando los medios digitales, acostumbrados al copy & paste, refritan o fusilan estas noticias como si fueran verdaderas. Así, este año, el diario británico The Guardian anunció que, tras 188 años de editarse en papel, a partir de ahora iba a publicarse exclusivamente en Twitter, la aplicación de moda del momento. Era una broma, pero varios medios, entre los que estaban el ABC de España, se hicieron eco de la noticia dándola por verdadera.
Pero las equivocaciones no son privativas de estas dos fechas. Cada día aparecen en los diarios online noticias de dudosa autenticidad que nadie se ocupa de rectificar. En un extremo están las noticias falsas, aunque la gama es más amplia. Errores de traducción, títulos que malinterpretan el contenido, conclusiones erradas a partir de estadísticas (como releva desde hace años Malaprensa) y hasta supuestas novedades que pasaron hace varios años.
En este último grupo, hace algunos días se cometió una gigante. Varios portales de actualidad, entre ellos Infobae y Ámbito anunciaron que Winona Rider "hizo alarde de su costado más hot en una sesión para la revista ‘The Face’ en la que se la animó a quitarse el sostén". Pero lo que se presentaba como una noticia, había sucedido hace ¡quince años!. No la semana pasada o el mes pasado, ¡era una "novedad" del siglo pasado! A tal punto que la aludida revista The Face dejó de editarse en el año 2004.
Los medios digitales se manejan con una impunidad que los impresos no tienen. El error en un papel impreso es contundente. En la web pasa a ser una página más entre miles de millones. Y nadie debe quejarse: al fin y al cabo es gratis. Estas zonceras alumbran espacios informativos sin correctores, sin una jerarquía que permee la calidad de la información, sin balances sobre el contenido publicado y sin una reflexión ética sobre el material periodístico que se da a conocer.
Pocos medios online incluyen al final de cada noticia la posiblidad de que sus lectores reporten algún error. De los que lo permiten, no todos terminan corrigiéndolo. Ante una errata, un medio digital debe mantener la noticia y dar cuenta de la equivocación, de un modo destacado y en la parte superior de la página. Algunos lo corrigen en silencio. Otros optan por esconder la suciedad bajo la alfombra y eliminan el archivo. Reacciones cuestionables, pero al menos son reacciones. Lo que no debe hacerse nunca es mantener el yerro. Como Clarín.com, uno de los medios más leídos de habla hispana, que mantiene con tozudez cada equivocación que comete en su sitio web. En un soporte que permite corregir al instante cualquier error, no rectificarse es el peor error.
A pesar de que el mundo estuvo pendiente en las últimas horas del funeral de Michael Jackson, en Argentina también tenemos exequias relocas y no hacemos tanta alharaca.
Si a usted le interesa ser el centro de atención, aun después de haber estirado la pata, el sitio Trendhunter ofrece “20 innovaciones para funerales”. Algunas acá:
1) Funeral editorial Para homenajear a Yves Saint Laurent, la revista Vogue de Italia encargó a Steven Meisel una producción de fotos realizadas en un cementerio por modelos como Linda Evangelista y Karen Elson. La producción completa vale la pena.
2) Funerales de parado
Ángel Pantoja Medina era un tipo inquieto y no quiso que lo velaran acostado, sino de pie. De este modo, todos pudieron sacarse una última foto con él antes de que lo pusieran seis pies bajo tierra (¿también parado?). El problema es cuando la gente decía “lo siento…” y la madre tenía que repetirles “no, dejalo parado” (chiste viejo aggiornado).
3) Funerales divertidos
Despedir a alguien no tiene por qué ser una tragedia, sobre todo para algunos herederos. La emprendedora Lynn Isenberg organiza funerales personalizados que pueden incluir porristas, payasos o hasta un carrito de helados.
Vean los otros diecisiete funerales originales en Trendhunter.
Como el año pasado seguimos haciendo felices a las parejas sin ingenio dándoles ideas para sorprenderse mutuamente con algo poco convencional.
Osito de peluche
Si ellas insisten en regalarles a sus hombres un afeminado osito de peluche con inscripciones melosas, mejor que sea este osito de peluche:
En el compartimento secreto ofrece 1) spray para el aliento, 2) linterna, 3) preservativos, 4) “El cazador oculto”, 5) miscelánea, 6) vodka, 7) cigarrillos, 8) encendedor y 9) una cuerda.
Portarrollos parlante
¿Cansado de que su pareja se olvide de cambiar el papel higiénico cuando se acaba? Qué mejor que aprovechar San Valentín para recordárselo permanentemente a través de este portarrollos parlante.
Por menos de 10 dólares este artefacto permite no solo sostener un rollo de papel higiénico sino también grabar y regrabar mensajes tipo “acordate de bajar el agua” o “lavate las manos, roñoso”. Se activa cada vez que alguien toma un pedazo de papel.
No hay muchos hombres de menos de 40 que tengan la costumbre de peinarse. Por eso, una verdadera muestra de amor de sus mujeres es, en lugar de conminarlos a que domestiquen sus cabellos, aceptar el pelo enmarañado. Estas chicas comprensivas serán las que regalen el Uncomb o Des-peine.
Un objeto inútil, a menos que uno ya esté peinado.
Flores de elefante
Las flores son un clásico de los 14 de febrero. Pero son demasiado efímeras. Para que sea algo más durable, ¿por que no obsequiar estos ramos hechos de bosta de elefante reciclada?
Totalmente ecológicas y a un precio que arranca desde los 15 dólares, se puede quedar bien con el medio ambiente y con la media naranja. Eso sí, por las dudas, que no las huela.
Mini me
Esas mujeres que están convencidas de que sus parejas no pueden estar sin ellas ni un segundo deberían pensar en gastarse 2215 dólares y regalarles a sus hombres esto el sábado próximo:
La empresa Little Island ofrece estas muñecas robotizadas, hechas a imagen y semejanza de sus dueñas. Además, les permite grabar frases que se repiten una y otra y otra vez, con lo que terminan transformándose en un clon perfecto.
Veámoslo en acción en este patético video:
En el fondo, nada muy distinto que los viejos Chassman y Chirolita. Eso sí, 2.0.
Spotify puede ser desde la moda del mes en la web hasta la única manera en la que consumiremos música en el futuro. En su evolución está la clave de si estará más cerca de uno u otro escenario.
Por ahora bajarlo para los que residen fuera de unos pocos países es un dolor de huevos. Acá escribí una guía para conseguirlo (con esfuerzo).
Como digo en ese post, “Spotify es un programa para Windows y Mac para escuchar música gratis y en forma legal. Funciona como una radio online (las canciones se transmiten), pero con la diferencia de que el usuario puede elegir qué temas o discos escuchar”.
No es el primer programa en su tipo, pero es el que tiene más contenido y es rápido y fácil de usar. Se pone el nombre de un disco, un tema o un intérprete y el buscador devuelve los resultados. Haciendo doble click, escuchamos la canción como si la tuviéramos en nuestro disco rígido.
Según este modelo, ya no sería necesario bajar música o atiborrar nuestras computadoras de mp3s. Cada vez que quisiéramos escuchar un tema, lo buscamos en Spotify y lo reproducimos.
La versión básica del servicio es gratuita, financiada con publicidad, aunque yo todavía no escuché ningún aviso. Supongo que porque el producto está en beta.
Como Webjay, el abuelo de este programa, se pueden crear listas de reproducción y ejecutarlas desde la web. Por ejemplo, quienes tengan Spotify instalado, podrían escuchar un compilado de reggae de Suecia haciendo click en este link.
Spotify sirve, además, como una especie de diccionario de la música. Si uno quiere saber la definición de un término, va a Wikipedia. Si quiere ver un video, va a YouTube. Pero no había un equivalente musical.
Por ejemplo, en este reportaje al creador de “Guitar Hero”, menciona sus canciones favoritas para el juego: “Funk #49″ y “Pretty Noose”. Bastó una búsqueda en Spotify para estar escuchando los dos temas en segundos. En un futuro los medios digitales podrían incluir estos links directamente en las notas, como quien incluye un link a Wikipedia.
No está todo lo que uno quisiera. De esta lista de “canciones con silbidos” encontré apenas la mitad en Spotify. Y es pobre la cantidad de música en español, aunque hay mainstream y rarezas.
A diferencia de otros emprendimientos anteriores, Spotify cuenta con el visto bueno de las discográficas, lo que es un buen augurio. Pero acaban de anunciar que desde febrero van a reducir el contenido de su catálogo y restringir el acceso a ciertas canciones en algunos países, lo que es un mal augurio.
Por eso, Spotify puede ser desde la moda del mes en la web hasta la única manera en la que consumiremos música en el futuro. En su evolución está la clave de si estará más cerca de uno u otro escenario.
Un fantasma recorre Palermo Soho: es el fantasma de los metrolectuales.
Esta creciente tribu, una de las que menos se ha ocupado la prensa tradicional, está compuesta por intelectuales con costumbres metrosexuales.
Hijos de Kirchner, como los "jóvenes emprendedores" fueron hijos de Menem y los psicobolches de Alfonsín, no necesariamente comulgan con la doctrina de Néstor y Cristina, aunque son muchos los que adhieren a su causa. El metrolectual es, a la vez, la síntesis de aquellos yuppies y psicobolches.
Lejos del estereotipo del intelectual encerrado leyendo, los metrolectuales tienen una vida social activa en la que las bibliotecas no están incluidas. Como mucho, hojean libros en algún bar-librería cercano a la placita de Serrano.
Contra el pálido y asmático intelectual de otrora, los metrolectuales levantan la bandera de la vida sana, la dieta equilibrada y la actividad física. Van al gimnasio, practican natación, tenis y hasta body pump.
Las viejas tertulias de los intelectuales del siglo pasado son reemplazadas por tertulias 2.0 a través de Skype, Messenger o sus blogs. Todo metrolectual que se precie tiene su perfil en Facebook.
Saben de vinos, de notebooks, de fútbol, de restaurants y de Bailando por un sueño. Porque los metrolectuales no abjuran de la tele sino de lo aburrido.
La política les produce indiferencia. Antes no, pero ya sí. Igual, pueden emocionarse con el triunfo de Obama, una causa infinitamente más glamorosa que las internas de los barones del conurbano.