(Sexta entrega del “Manual de zonceras digitales”, publicada en el boletín 132 de Periodismo.com de julio de 2009)
Junio fue el mes de las noticias en tiempo real. El símbolo: Twitter en la tapa de Time. La nota principal se titula “Cómo Twitter cambiará nuestra forma de vida”. Y se sumaron a la movida las notas que contaron cómo los usuarios de esta cada vez más popular red social se enteraron antes de la muerte de Michael Jackson o del escándalo del gobernador Mark Sanford y siguieron paso a paso la revuelta en Irán, lo que llevó a algunos a arriesgar si es Twitter el medio noticioso del siglo XXI. ¿Profecía o zoncera?
Mientras que en los diarios de papel el tiempo mínimo de una noticia sigue siendo un día (el tiempo entre una edición y otra), los diarios online reducen ese espacio a horas. Con Facebook y Twitter, donde no es necesario redactar un texto de varios párrafos, esos tiempos se pueden acotar a segundos. Como con la radio o la televisión, llegó a Internet el tiempo real para las noticias.
Esta bulimia informativa que hace que una historia reemplace pronto a la otra se corresponde con las nuevas demandas de los lectores, especialmente de las nuevas generaciones. Google Trends, que mide las tendencias de búsqueda, da cuenta del fugaz interés por la muerte de Michael Jackson, demostrando que los medios insistían con el tema cuando al público ya había dejado de interesarle.
La lucha por ser el primero y ofrecer en forma destacada las noticias de último momento es la marca distintiva de los medios digitales, que sacrifican su edición impresa -donde está el material de más calidad- a una segunda solapa y destacan lo que acaba de pasar, generalmente con estilo pobre y refritando cables de agencia. Esta movida por llegar antes termina homogeneizando a todos los medios, a diferencia de lo que sucede con la edición impresa, donde la personalidad de cada periódico es determinante. En la portada digital da lo mismo leer a uno que a otro. El fetiche por el minuto a minuto no parece ser una elección astuta.
Con el episodio de Sanford se demostró que tener primicias no necesariamente sirve para algo. A los pocos segundos su competencia las habrá reproducido. Los picos de audiencia son efímeros. Nada garantiza la fidelidad de los lectores a futuro. A veces demandan gastos extraordinarios. Y ni siquiera generan una mayor rentabilidad.
Tampoco que el sitio TMZ tuviera la primicia de la muerte de Michael Jackson cambió la ecología del consumo de noticias. Los usuarios norteamericanos prefirieron seguir la historia en medios tradicionales como LA Times o CNN, aunque demoraran más en confirmar el fallecimiento del cantante. Interpretando estos datos, Los Angeles Times afirma en su blog “a veces es más importante confirmar un hecho que ser el primero en reportarlo”, una reformulación de la máxima de García Márquez: “La mejor noticia no es siempre la que se da primero sino muchas veces la que se da mejor”.
Y aquí es donde Twitter todavía no compite con los medios establecidos. Los periodistas profesionales seleccionan, filtran, jerarquizan y, sobre todo, chequean. Es cierto que los usuarios de Twitter fueron los primeros en informar la muerte de Michael Jackson y Farrah Fawcett. Pero también anunciaron los decesos de Jeff Goldblum, Natalie Portman y George Clooney que, al momento de escribir estas líneas, gozaban de buena salud. En palabras de Jeff Jarvis: “en esas coberturas de y por la gente estamos experimentando serios fallos de depuración. Sólo hace falta ver los cientos de tweets que surgen cada minuto y el sobreuso del la palabra ‘confirmado’ en ellos, lo que carece de sentido si no se sabe quién está haciendo esa confirmación. No hay modo de saber quién es quién, quién está ahí, quién está diciendo la verdad, quién no la está diciendo”.
La prensa debe responder a las demandas de una información más veloz y efímera. Pero no debería abandonar las características por las que los lectores la elige a diario: la calidad de sus fuentes y sus periodistas, la profundidad de análisis y la cautela a la hora de informar. No pasa nada si se llega un poco después que la competencia en pos de un mejor periodismo. Festina lente, oxímoron de Augusto que se traduce como apresúrate despacio : “Id lentamente si queréis llegar antes a un trabajo bien hecho”.
Diego Rottman
3 acotaron20 de noviembre de 2009por Diego Rottman
Tapada por el debate sobre la Ley de Medios, Víctor Hugo Morales deslizó en una entrevista una interesante opinión sobre sus oyentes:
Todas las radios tenemos sectores de oyentes de los cuales quisiéramos despojarnos, por lo menos yo. A mí no me gusta el oyente que es partidario de la pena de muerte, que no te permite plantear con naturalidad el tema de la despenalización del aborto, no me interesa el oyente que cuando matan a alguien sale a pedir que los menores de doce años tienen que ir presos a Siberia. Entonces, si a esa gente que en algún momento le caía bien porque criticaba al Gobierno por el tema del campo o como estoy contra el Gobierno en los casos de corrupción, ahora me ve mal porque siendo el mismo tipo y sin ninguna fuerza exterior en pugna estoy a favor de una medida, esa gente no me importa. Los oyentes que yo perdí por la Ley de Medios, estoy contento de haberlos perdido. A mí no me importa ese riesgo.
Todos los medios, pero en especial la radio, se caracterizan con un servilismo hacia su público. No importa la estupidez que diga el llamador consuetudinario, hay que "cuidarlo". Pergolini en sus comienzos, Baby Etchecopar o "el Loco de la Colina" son de los pocos que se animaron a contradecir al soberano radioescucha. En sus shows de stand up comedian Larry David tras examinar al público podía abandonarlo porque, afirmaba, no iban a entender su monólogo.
Pero los medios lucran con la audiencia y espantarla en malón como se propuso Víctor Hugo estos días no lo puede hacer cualquiera. En otro reportaje explica:
A mí, y a los que creemos en la ley, el Gobierno quiere hacernos un regalo: hacer saltar por el aire a un grupo de mafiosos escudados detrás de la libertad de prensa. La persona que no me escuche porque digo esto es cómplice de ese grupo de mafiosos. Ese oyente a mí no me interesa. Si ese oyente son muchos y pierdo audiencia y por eso la radio en la que trabajo no prolonga mi contrato, es un riesgo que asumo.
¿Cuántos pueden tomar ese riesgo? Es más, ¿hubiera tomado ese riesgo Víctor Hugo cuando empezaba su carrera?
En los comienzos, la prensa política apuntaba a los afines, pero también a persuadir a los ajenos. Cuantos más fueran los convencidos, mejor. Con la llegada de la prensa comercial, la máxima masividad también fue una meta a conseguir: más lectores, más avisos.
Con los medios digitales, las nanoaudiencias no suenan, por primera vez, descabelladas. Es más, hasta un blog unipersonal bien segmentado puede ser más rentable que un diario online con una redacción sobredimensionada. Y quien emite el mensaje tiene las herramientas para filtrar la IP de los lectores indeseables, cerrar los comentarios o borrar las acotaciones de los trolls.
Pero como con los diarios y los medios audiovisuales, no hay forma de controlar con exactitud quiénes son nuestros lectores. El diario ojeado en el bar, el programa de tv visto desde la bicicleta fija del gimnasio, el post de un blog leído por el que llegó desde Google buscando una combinación alocada de palabras. Audiencia casual, de segunda. Yo, por ejemplo, jamás imaginé que entre mis lectores tendría tal cantidad de fans de Luisana Lopilato o de candidatos a policía.
Existe un espacio que contempla la posibilidad de emitir un mensaje a una audiencia avalada totalmente por el emisor: Facebook. Ahí quien comunica algo no solo sabe exactamente a cuántas personas se lo dice, sino que también conoce -como mínimo- todos sus nombres y apellidos. Puede admitir a quien quiera y rechazar a quien quiera. Puede ir a buscar a un receptor específico para incorporarlo. Y hasta puede segmentar su mensaje en subgrupos. Y sin audiencia de segunda.
Asi que Víctor Hugo, ya sabe. Si lo echan de Continental, ábrase una página en Facebook.
Varios diarios hicieron alusión a los dichos, aunque Crónica fue el único que no se anduvo con vueltas en su portada:
Página/12 y Crítica volvieron a hacer tapas casi calcadas (debe ser la sexta o séptima coincidencia):
Pero las principales reacciones, como era de esperarse, surgieron de la Red. Desde el voto “no positivo” de Cobos, cada vez que hay un episodio resonante de actualidad, a las pocas horas aparecen las remeras con las frases destacadas para comprar online. Esta vez no fue la excepción:
Ya existe un sitio Quelachupen.com “para que entre todos nos vayamos sacando de encima a los carcamanes que no nos dejan disfrutar del futbol…” y Quelasiganchupando.com, que hasta ahora solo tiene la página “parkeada”. En NIC Argentina, una tal Christian Gastrell logró registrar Quelachupen.com.ar y Quelasiganchupando.com.ar tiene 9 solicitudes pendientes:
(Cuarta entrega del “Manual de zonceras digitales”, publicada en el boletín 130 de Periodismo.com de mayo de 2009)
¿Quién hubiera pensado hace unos años que un tímido buscador iba a provocar la ira de los principales medios de comunicación del mundo? Este mes Google fue protagonista de un debate en muchos frentes con los mayores productores de información. La agencia AP se propuso -y los periódicos norteamericanos la siguieron- como policía de sus contenidos. En el ojo de la tormenta está el principal buscador del mundo, acusado de intermediario entre la prensa digital y los lectores. En la medida en que Google tiene casi el monopolio de las búsquedas para decidir a qué medios privilegia y a cuáles condena.
Lejos de amedrentarse, Google redobló la apuesta, anunciando un nuevo sistema, superador de Google News, donde los usuarios accederían a links informativos de su interés sin siquiera tener que buscarlos. Google no les dará a los diarios nada del dinero que obtenga por esas búsquedas, según confirmó Eric Schmidt, el CEO de Google, lo que augura nuevas iras de estos generadores de contenido.
Los medios tienen buena parte de razón en sus enojos: producir buen contenido periodístico original sigue siendo caro. Muchísimo más barato que hace unos años, pero no está al alcance de cualquiera. Hace falta un periodista formado y competente, viajar al lugar de los hechos o tener una red de corresponsales y si el soporte de transmisión es video, poseer el servidor y ancho de banda apropiados. Linkear es gratis.
Pero también es cierto que un titular es una pequeña porción de una noticia. Al verdadero contenido se accede siguiendo el link, que irá al medio que produjo la información con sus correspondientes avisos. El dinero que hace Google mandando visitantes a un sitio no le impide al sitio ganar dinero, sino todo lo contrario. Un usuario puede llegar a la noticia desde Google, pero si el contenido es bueno, volverá sin necesidad del supuesto intermediario. Y ningún medio está obligado a figurar en Google (hay procedimientos muy sencillos para excluirse). Pero, por el contrario, los grandes medios manejan un doble discurso donde por un lado se quejan pero por el otro optimizan sus sitios siguiendo las directivas de Google para figurar en los primeros puestos de los resultados de búsqueda. Google no controla las noticias, las expone.
Los diarios digitales, que se jactan de tener los últimos chiches para mostrar las noticias se niegan a recibir links. Pero también a darlos: son poquísimos los sitios de noticias que enlazan a fuentes externas, como si linkear a un competidor implicara regalarle usuarios. Todo lo contrario: enlazar a buen contenido hace que el lector vuelva en busca de más contenido interesante. En el "Mundo Real" probablemente el lector de un diario no lea otro. Pero la web no funciona así, donde lejos de excluirse, los medios coopiten (híbrido de competencia y cooperación).
En la maraña de noticias de la web, donde todos dicen más o menos lo mismo, recibir un link debería ser una distinción. Y está demostrado que linkear hacia afuera aumenta la credibilidad. La web es, ante todo, links: un enlace que conecta con otro que conecta con otro. Así se "navega". Sin links, estaríamos "anclados".
Diego Rottman
Nadie acotó30 de septiembre de 2009por Diego Rottman
(Tercera entrega del “Manual de zonceras digitales”, publicada en el boletín 129 de Periodismo.com de abril de 2009)
Cada 1º de abril los anglosajones festejan April Fools’ Day. En esos países, como el 28 de diciembre en los de habla hispana, es un día consagrado a gastar bromas. Cada vez son más los medios de comunicación que se suman al ritual e incluyen en su agenda informativa, alguna noticia inventada. En su entrada sobre el tema, Wikipedia resume algunos de los casos más notorios de bromas de la prensa en ese día.
El problema es cuando los medios digitales, acostumbrados al copy & paste, refritan o fusilan estas noticias como si fueran verdaderas. Así, este año, el diario británico The Guardian anunció que, tras 188 años de editarse en papel, a partir de ahora iba a publicarse exclusivamente en Twitter, la aplicación de moda del momento. Era una broma, pero varios medios, entre los que estaban el ABC de España, se hicieron eco de la noticia dándola por verdadera.
Pero las equivocaciones no son privativas de estas dos fechas. Cada día aparecen en los diarios online noticias de dudosa autenticidad que nadie se ocupa de rectificar. En un extremo están las noticias falsas, aunque la gama es más amplia. Errores de traducción, títulos que malinterpretan el contenido, conclusiones erradas a partir de estadísticas (como releva desde hace años Malaprensa) y hasta supuestas novedades que pasaron hace varios años.
En este último grupo, hace algunos días se cometió una gigante. Varios portales de actualidad, entre ellos Infobae y Ámbito anunciaron que Winona Rider "hizo alarde de su costado más hot en una sesión para la revista ‘The Face’ en la que se la animó a quitarse el sostén". Pero lo que se presentaba como una noticia, había sucedido hace ¡quince años!. No la semana pasada o el mes pasado, ¡era una "novedad" del siglo pasado! A tal punto que la aludida revista The Face dejó de editarse en el año 2004.
Los medios digitales se manejan con una impunidad que los impresos no tienen. El error en un papel impreso es contundente. En la web pasa a ser una página más entre miles de millones. Y nadie debe quejarse: al fin y al cabo es gratis. Estas zonceras alumbran espacios informativos sin correctores, sin una jerarquía que permee la calidad de la información, sin balances sobre el contenido publicado y sin una reflexión ética sobre el material periodístico que se da a conocer.
Pocos medios online incluyen al final de cada noticia la posiblidad de que sus lectores reporten algún error. De los que lo permiten, no todos terminan corrigiéndolo. Ante una errata, un medio digital debe mantener la noticia y dar cuenta de la equivocación, de un modo destacado y en la parte superior de la página. Algunos lo corrigen en silencio. Otros optan por esconder la suciedad bajo la alfombra y eliminan el archivo. Reacciones cuestionables, pero al menos son reacciones. Lo que no debe hacerse nunca es mantener el yerro. Como Clarín.com, uno de los medios más leídos de habla hispana, que mantiene con tozudez cada equivocación que comete en su sitio web. En un soporte que permite corregir al instante cualquier error, no rectificarse es el peor error.
Comienza una nueva temporada de Mad Men, una de las mejores series de los últimos años. El mundo de una agencia de publicidad en los años ’60 es la excusa para hablar de la condición humana con una madurez y un talento poco frecuentes hasta en el cable, sobre todo con el ocaso de HBO y el ascenso de Showtime, mucho más inmadura y efectista en sus propuestas (Californication, United States of Tara, Weeds).
El cerebro detrás de Mad Men es Matthew Weiner, productor ejecutivo de la última etapa de Los Soprano y responsable de la idea, el guión, la dirección y cada detalle de lo que se ve en pantalla. Para conocer mejor el entramado de la serie, recomiendo leer dos entrevistas que le hacen en The New York Times y Variety.
Y aunque Mad Men sucede en un tiempo sin Internet ni web 2.0 (¡por suerte!), paradójicamente son numerosas las iniciativas promocionales que se pueden ver online, muchas oficiales, pero otras creadas por fans. Acá, algunos links:MADBLOG: Mi enlace favorito sobre la serie. Mantenido por "Dorothy Parker", desde la temporada 2, analiza el capítulo de cada semana desde una mirada única, que realza todavía más al show. Y los sabrosos comentarios, generalmente de personas que vivieron esa época desde adentro de las agencias, lo hacen de lectura obligada para todo fan.
The Footnotes Of Mad Men: Notas al pie a la serie. Un catálogo cultural de avisos, pinturas, lugares y noticias que aparecen en Mad Men. Un poco escueto, pero es de esperarse que vaya creciendo con el correr de esta temporada.
The Real Life Mad Men: una producción de Fast Company con los equivalentes del mundo real y actuales de los personajes de Mad Men. También existe una variante medio tontolona que los compara con los personajes de los Muppets.
Meshugene Men: la versión judía de Mad Men, donde adaptaron hasta la cortina del programa. También existe una versión Simpson.
Es curioso que en Twitter, una herramienta originalmente concebida para contar lo que se está haciendo en tiempo real, uno de los temas recurrentes sean los sueños, actividad incompatible (por ahora) con el tuiteo.
En las 50 páginas más recientes del buscador de Twitter la palabra soñé, restringida al idioma español, abarca solamente mensajes de los últimos cuatro días. La gente sueña mucho.
Decidir seguir a una persona a partir de una fabricación de su inconsciente puede ser un mejor método que elegirlo por lo que cuenta en la vigilia.
Entre las trivialidades más pasmosas y las fantasías oníricas con los Jonas Brothers aparecen, en esa media centena de páginas, algunos sueños que sobresalen:
ricardogreene: Soñé que Julio César me hablaba de las estrellas y yo sólo quería clavarle el puñal.
pum4: El lunes me di cuenta que mi adicción a Twitter ya es enfermiza, soñé que ahora podíamos ver quién visitaba nuestro perfil.
metamorfosis_r: Soñé que era un delincuente, que me detenía la autoridad, que vivía una balacera, que nunca iba acabar. Lo bueno que aun no salgo de prisión.
AraVilches: Soñé que iba a la casa de Horacio Guarani y todos decíamos “Vote for Miley”.
elgaita: Soñé que sonaba el despertador, me desperté y acto seguido sonó el despertador… ¿Tendré poderes?
paolamurias: Anoche soñé que los Simonkeys eran vietnamitas reducidos y disecados. Así empezamos el martes…buen día!
reiben: Soñé que mi dealer me acariciaba la pierna derecha y decía: “si te mueres déjame quedarme esto de recuerdo, y lo colgaré en mi baño.”
Domitilita: Soñé que tenía un affaire con Alan Pauls. Nuestros encuentros eran en una panaderia propiedad de Messi
ChowKaiDeng: Siesta. Soñé que tenía un negocio casero y multimillonario de falsificación de osos polares de peluche. Al final me pescaba la policía
idseven: Soñé con una frase para este tweet pero ya se me olvidó
(Segunda entrega del “Manual de zonceras digitales”, publicada en el boletín 128 de Periodismo.com de marzo de 2009)
El listado de las zonceras que caracterizan al medio digital debería empezar por las personas. Sí, detrás de todos esos diarios digitales y portales hay seres humanos. Salvo en Google News, que se jacta de seleccionar y publicar artículos periodísticos “automáticamente mediante un programa informático”. Hablamos de los llamados “periodistas digitales”. Pero esta sería la primera zoncera.
Porque ¿qué es un periodista digital? En teoría podríamos decir que todo periodista es digital, en la medida en que usa buscadores, envía y recibe emails y consulta medios online de todo el mundo para su tarea cotidiana. Pero también podríamos afirmar que ningún periodista es digital, ya que no hace otra cosa que utilizar sus competencias como periodista (a secas) en medios digitales. Trabajar en un medio virtual (cargar noticias en un gestor de contenidos) no convierte a alguien en periodista digital. El soporte no define las competencias de un periodista (periodista radial, periodista televisivo), a lo sumo puede hacerlo su especialización (periodista científico, periodista político).
Si quisiéramos limitarnos a retratar a los trabajadores de los medios digitales podríamos caer en el estereotipo, No todos ellos son iguales. Pero que compartan su vocación, sean más o menos de la misma edad y realicen rutinas similares autoriza a caer en algunas generalizaciones, aunque siempre habrá excepciones.
Los mal llamados periodistas digitales niegan el pasado, se obsesionan con el presente y endiosan el futuro.
Para ellos no hay Historia. Lo que es anterior a sus vidas ya pasó, no es novedoso ni noticiable (salvo para los aniversarios redondos), por lo que no entienden por qué habría de importarles. También les produce indiferencia la historia del periodismo. Suponen que trabajar en medios digitales los coloca en un lugar diferente (¿superior?). Desprecian a los referentes de generaciones anteriores, incapaces de usar un Blackberry. Pero tampoco las experiencias pasadas de medios digitales parecen afectarlos. Eligen volver a fundar todo el tiempo sus rutinas y las de los destinatarios de sus mensajes, pese a que en la mayoría de los casos son reformulaciones de algo que ya se probó.
Este presente revolucionario y crispado se vive en los permanentes rediseños de los sitios, en la relevancia que se le da a la sección de último momento y en la sobresaturación de contenidos. Ellos pasan una decena de horas diarias frente a sus monitores, pero el visitante promedio se ve abrumado por esta compulsión a la exuberancia noticiosa.
Cada nueva moda es adoptada por el mediopelo digital con entusiasmo tilingo y pretenden que sus lectores sean de la partida y aprendan a bajar plugins, dediquen tiempo a disfrutar sus producciones especiales en Flash, renueven sus monitores para ver en más definición o reciban alertas en el teléfono celular. “¡Les estamos ofreciendo el futuro hoy y ustedes, lectores ingratos, nos dan la espalda! Así no se puede ser gurú”, se lamentarán. Por suerte hay premios y Congresos de Periodimo Digital. Algo es algo.
Comparado con Facebook, Twitter es un fracaso. La prensa reparte por partes iguales la cobertura de ambos, pero lo cierto es que Twitter por ahora está muy lejos del fenómeno que es Facebook.
Tal vez uno de los principales problemas de la lenta adopción de Twitter –y sobre todo de la altísima deserción- sea lo difícil que es entender su dinámica. Facebook no es un dechado de usabilidad, pero resulta más sencillo de aprender para los novatos.
A esto no ayuda que el sitio sea un catálogo de problemas de usabilidad. No es casual que apenas el 20% del tráfico venga desde twitter.com y el resto provenga de terceros sitios o clientes como Twhirl.
Listo a continuación una docena de errores del sitio web de Twitter que a mi criterio deberían revisarse. Muchos están resueltos en los programas externos o en sitios complementarios que se valen de la API para mejorar las características que faltan o se desaprovechan en el sitio original.
1) Idioma
A diferencia de Facebook, Twitter.com solo puede verse en inglés o japonés. No hay demasiado para traducir y fácilmente podría tener versiones en una treintena de idiomas en poco tiempo, lo que promovería el ingreso de usuarios que no manejan estas dos lenguas.
2) Ayuda
Enlazado con el punto anterior, no parece haber un verdadero interés en ayudar a los usuarios, que solo pueden saber cómo funciona Twitter consultando la ayuda en inglés. Que además es escueta, sobre todo si se la compara con el recién aparecido “Twitter for dummies”, que tiene 288 páginas.
3) Cronología
El timeline aparece en orden cronológico inverso. Arriba los últimos mensajes y abajo los primeros. Pero, ¿qué pasa si alguien quiere seguir un episodio, digamos, la muerte de Michael Jackson, o un diálogo de comienzo a fin? El sitio debería poder permitirle al usuario una vista en orden cronológico. Con el sistema actual basado en ajax de “página infinita” no es posible, pero sí en un sistema como el de los resultados de búsqueda (que, por cierto, tampoco permite el orden cronológico normal).
4) Mensajes leídos
Complemento del punto anterior. Saber hasta que tuit leímos como en el email. Sumado al orden cronológico, podríamos así no perdernos ningún mensaje del timeline y retomarlo desde el punto en el que lo dejamos.
5) Texto rico
Por la forma en la que fue pensado Twitter en un comienzo, no tenía sentido incorporar marcas de estilo en el texto como negritas o itálicas. Pero ahora esas limitaciones ya no son imprescindibles y este pequeño agregado serviría para presentar de un modo más efectivo los textos.
6) Conversaciones
Si el sentido de comunidad en Twitter se da a través de las conversaciones, ¿por qué no agruparlas al estilo Gmail? Ya lo hacen algunos clientes de Twitter, por lo que no habría limitaciones técnicas.
7) Alertas
Siguiendo con las conversaciones, ¿por qué no recibir alertas por email o una señal visual o sonora en la Home cuando alguien responde? Ya sé que existen servicios y clientes que lo permiten, pero estamos hablando del sitio twitter.com.
8) Buscar entre amigos
La búsqueda avanzada de Twitter es mediocre, sobre todo para idiomas distintos del inglés. Pero la principal limitación es la de impedirnos buscar entre nuestros amigos. No repetir recomendaciones, rastrear una frase de hace un tiempo que no sabemos quién dijo, ver todo lo que dijeron nuestros amigos sobre un tema… los usos serían muchísimos.
9) Ignorar los updates de un usuario
Similar a la funcionalidad de Facebook. Quiero tener a alguien como amigo pero no quiero que aparezca temporal o definitivamente en el timeline, sin tener que borrarlo. ¿Cómo hago? No es posible desde Twitter.com.
10) Edición y borrado
Twitter no permite editar los tuiteos. Una vez que se publicaron ya está, así quedan. Errores de ortografía o puntuación, pero también frases que pueden malentenderse no son pasibles de ser corregidas. Borrarlas es la única solución, pero permanecen en el timeline del que ya lo cargó y en los resultados de búsqueda por un tiempo.
11) Sexo
Es increíble pero en los usuarios no tienen la opción de seleccionar el sexo en los Settings. En algunos casos este dato no es imprescindible porque se deduce por el avatar, el nombre o lo que escriben, pero con algunas personas que sigo todavía no sé si son hombres o mujeres.
12) Following/Followers
Todo novato se confunde con estas dos categorías. Algunos creen que son recíprocas. Otros no entienden qué significa cada una. Aparte, no hay un modo rápido de saber que determinada persona me está siguiendo o no, salvo que se tenga un lista muy chica de followers.
Bonus
Desde hace unos días, cada vez que entro a twitter.com me aparece un mensaje diciéndome que actualice el Firefox cuando, como se muestra en esta captura, estoy usando la última versión del navegador.
¿Querés ser un moderno de la gran flauta? Comprate el teléfono BlackBerry Storm que te ofrece Personal.
Con este artefacto podrás ver maravillosos conciertos de guitarra criolla como el de la foto de arriba, pero también acceder a lo último de lo último de la tecnología:
Cine en cinta o ICQ, dos adelantos que no podés dejar de probar. Con el cine en cinta parece que lograron filmar a unos obreros saliendo de una fábrica y a un tren llegando a una estación. ¡va a ser revolucionario! Y el ICQ dicen que sirve para contactarte con tus amigos, pero en lugar de hablando, ¡escribiendo! Es como una carta, pero en tiempo real.